62ª Conferencia de Seguridad de Múnich: un año donde toda la alianza trasatlántica de desbarajustó.

La 61ª Conferencia de Seguridad de Múnich, celebrada del 14 al 16 de febrero de 2025 en Alemania, reunió a la élite diplomática y militar occidental para debatir Ucrania, China y la OTAN, en un momento de tensiones por la nueva administración Trump. El vicepresidente J.D. Vance, ausente Trump, irrumpió con un discurso de 18 minutos ante líderes como Olaf Scholz y Boris Pistorius, marcando un quiebre transatlántico.

​Vance argumentó que la mayor amenaza para Europa no es Rusia o China, sino un “enemigo interno”: la permisividad con “millones de inmigrantes no verificados”, supresión de la libertad de expresión y abandono de valores democráticos occidentales. Pidió alianzas basadas en “valores compartidos”, no conveniencia, criticando subsidios estadounidenses a la defensa europea (como Alemania) y elogia a Trump como nuevo “sheriff” global. Enfocó en fronteras débiles y censura contra la extrema derecha, equiparándola a autoritarismos.

​Pistorius calificó las palabras “inaceptables”, defendiendo la democracia contra extremismos sin exclusiones; Scholz y Steinmeier vieron en ellas un ataque a la UE por elites empresariales trumpistas. Líderes como Macron criticaron aranceles impulsivos de EE.UU. como “inaceptables”, mientras el discurso, días antes de elecciones alemanas, avivó debates sobre AfD. Europa lo vio como bofetada ideológica, rompiendo el “orden liberal” tradicional.

En febrero 2026, el discurso aceleró el “colapso transatlántico”: Trump redujo apoyo a Ucrania, priorizó aislacionismo y aranceles, forzando a Europa a asumir más defensa (gasto OTAN al 2%) y diversificar alianzas. Aumentaron tensiones comerciales (UE vs. EE.UU. en acero/digital), y Múnich 2026 aún evoca su “fantasma”, con Europa fortaleciendo soberanía estratégica ante un aliado impredecible. Simbolizó el fin de la era post-1945, impulsando realineamientos como UE-China en clima.

Así, las relaciones transatlánticas entran en 2026 con una dinámica de “desacople selectivo”, donde Europa acelera su autonomía estratégica mientras EE.UU. prioriza agendas internas bajo Trump. La OTAN enfrenta su mayor prueba: con presupuestos europeos al 2% del PIB (Alemania al 2,1%, Francia al 2,3%), se discute una “cláusula de desconexión” para escenarios sin apoyo yankee, y el gasto conjunto en defensa UE supera los 400.000 millones de euros anuales.

La cumbre OTAN de junio 2026 en La Haya será pivotal: Europa impulsará un mando unificado para Ucrania (sin EE.UU.), mientras Vance —reelecto vicepresidente— reiterará demandas de “reciprocidad” en comercio y migración. Aranceles trumpianos al acero europeo (25%) y digitales (GAFA tax retaliación) han reducido exportaciones UE-EE.UU. un 12%, fomentando pactos alternos como UE-Mercosur ratificado y diálogos con India.

En el flanco este, Rusia avanza en Donbás con menos ayuda occidental; Europa duplica envíos de armas a Kiev (Leopard 3, drones), pero sin consenso sobre tropas terrestres. China emerge como factor: Berlín y París firman deals energéticos, diluyendo sanciones tech pese a presiones de Washington. Internamente, AfD en Alemania (28% en sondeos) y Le Pen en Francia capitalizan el “anti-Vance”, polarizando debates sobre soberanía vs. atlantismo.

A medio plazo, expertos prevén un G2 euroasiático (UE-China) en clima y comercio, con Múnich 2026 como foro para un “nuevo Yalta”: Europa reclama asiento permanente ONU, y Trump amenaza salida OTAN si no hay “pago extra”. El discurso de 2025 no fue ruptura total, sino catalizador de un orden multipolar donde el Viejo Continente madura como potencia media, menos dependiente pero más expuesta.

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