Antes de que los “documentales true crime” saturaran nuestras plataformas, una película de terror ya había explotado una de las premisas más inquietantes imaginables. En 2009, el director Jaume Collet-Serra llevaba a la gran pantalla La Huérfana, un thriller que se basaba en la escalofriante historia de una mujer con enanismo (displasia espondiloepifasia congénita) que se hacía pasar por una niña huérfana para ser adoptada por una familia desprevenida. Pero, ¿y si la realidad fuera aún más compleja y turbia que la ficción? Este es el interrogante que revive con fuerza el estreno en Disney+ de Una Buena Familia Americana, una miniserie que traslada al presente el debate en torno al caso real que inspiró la película: el de Natalia Grace.
El caso de Natalia Grace es un laberinto de contradicciones que cautivó a la opinión pública estadounidense. Una niña ucraniana adoptada por la familia Barnett, que alegó que Natalia no era una menor, sino una adulta con intenciones siniestras que simulaba ser una niña. Un juez llegó a modificar su año de nacimiento, de 2003 a 1989, un fallo sin precedentes. Sin embargo, pruebas de ADN posteriores sugirieron que, en el momento de la adopción, tendría alrededor de 11 años, desmontando la teoría de la adulta, pero dejando un reguero de dudas sobre su edad real y su pasado.
Lejos de ofrecer una respuesta definitiva, Una Buena Familia Americana —creada por Katie Robinson— adopta un enfoque moderno y poliédrico. La serie, disponible en Disney+ bajo el sello de Hulu, se desprende de la linealidad cronológica para explorar las distintas versiones de los hechos. A través de la perspectiva de la familia adoptante, los Burnett (encarnados por Ellen Pompeo, en un alejamiento de su icónico papel en Anatomía de Grey, y Mark Duplass), y de la propia Natalia, la narrativa se fragmenta.
La pregunta central ya no es solo ¿quién es Natalia Grace?”, sino “¿a quién elegimos creer?”. En una era donde las “fake news” y los puntos de vista subjetivos dominan el discurso, la serie reflexiona sobre cómo una misma historia puede transformarse radicalmente dependiendo del narrador. ¿Fue Natalia una víctima de un sistema y una familia que no supo entenderla, o una manipuladora que desintegró desde dentro a una “familia perfecta”?
El resurgimiento de esta historia —con la película original como precedente y ahora esta serie— demuestra nuestra fascinación por los casos que desafían la lógica y nuestra capacidad para discernir la verdad. “Una Buena Familia Americana” no es simplemente otra docuserie dramática; es un espejo de nuestra época, donde la versión de los hechos es tan importante como los hechos mismos, y donde la línea entre víctima y villano a menudo depende del cristal con que se mire.





