Con la cercanía de las fiestas de fin de año, caracterizadas por celebraciones, cenas de empresa y reuniones familiares, el consumo de alcohol suele incrementarse. Sin embargo, más allá de la percepción social de diversión y desinhibición, es fundamental comprender los efectos reales y actualizados que las bebidas alcohólicas tienen en el cuerpo y la mente, con el fin de fomentar un consumo responsable o una abstinencia informada.
La conocida “resaca” (dolor de cabeza, náuseas, fatiga) es solo la consecuencia más superficial. Los efectos agudos del alcohol incluyen:
* Alteración del Juicio y Toma de Decisiones: Disminuye la función cognitiva, aumentando el riesgo de accidentes de tráfico, peleas y prácticas sexuales de riesgo. Según la OMS, el alcohol está implicado en aproximadamente el 30% de todas las lesiones traumáticas a nivel global.
* Desinhibición y Cambios de Humor: Puede llevar a comportamientos impulsivos o violentos, así como a exacerbación de trastornos de salud mental subyacentes, como la ansiedad o la depresión.
* Intoxicación Etílica Aguda: En altas dosis en un corto periodo, el alcohol deprime el sistema nervioso central hasta el punto de causar pérdida del conocimiento, coma o incluso la muerte por paro respiratorio.
* Afectación Motriz: Provoca falta de coordinación, reflejos lentos y visión borrosa, siendo un factor determinante en siniestros viales.
El consumo crónico o en altas cantidades, incluso si es episódico (como en fiestas), tiene efectos acumulativos devastadores. La OMS afirma que el alcohol es un factor causal en más de 200 enfermedades y condiciones de salud.
1. Cáncer: El alcohol es un carcinógeno del Grupo 1, según la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC). Está directamente relacionado con cánceres de boca, faringe, laringe, esófago, hígado, colon, recto y mama. Para este último, el riesgo aumenta incluso con consumos bajos y moderados.
2. Enfermedades Hepáticas: Es la causa más común de hepatitis alcohólica, cirrosis y carcinoma hepatocelular. El hígado, al metabolizar el alcohol, genera sustancias tóxicas que inflaman y destruyen sus células.
3. Problemas Cardiovasculares: Contrario al mito del “beneficio cardíaco” del vino tinto (evidencia reciente lo cuestiona severamente), el consumo de alcohol aumenta la presión arterial, puede provocar miocardiopatía alcohólica (enfermedad del músculo cardíaco) y eleva el riesgo de arritmias y accidentes cerebrovasculares.
4. Daño Cerebral y Deterioro Cognitivo: El alcohol puede dañar áreas del cerebro relacionadas con la memoria, la capacidad de juicio y el aprendizaje, acelerando la aparición de demencias.
5. Sistema Inmunológico: Suprime el sistema inmunitario, haciendo al cuerpo más vulnerable a infecciones como la neumonía y la tuberculosis.
Los organismos de salud son cada vez más contundentes. El lema “menos es más” gana terreno. El último informe global de la OMS sobre alcohol y salud indica que **no existe un nivel de consumo de alcohol que sea seguro para la salud**. Cualquier beneficio potencial queda anulado por los riesgos oncológicos y de otras enfermedades.
En esta temporada, las autoridades sanitarias recomiendan:
* Establecer límites claros antes de comenzar a celebrar.
* Alternar cada bebida alcohólica con un vaso de agua.
* Comer antes y durante el consumo de alcohol.
* Designar un conductor sobrio** o utilizar transporte público o por aplicación.
* Considerar las deliciosas opciones de cocteles sin alcohol** disponibles en el mercado, que permiten participar de la celebración sin los riesgos asociados.
Las fiestas de fin de año son un momento para la convivencia y la alegría. Entender los efectos reales del alcohol permite tomar decisiones conscientes que prioricen el bienestar a corto y largo plazo. La verdadera celebración puede prescindir de una sustancia que, según la evidencia científica más actualizada, compromete seriamente la salud.





