El crecimiento económico de China muestra señales de debilidad. El Gobierno de Pekín reportó recientemente uno de sus trimestres más flojos en años, en medio de un consumo a la baja y un sector inmobiliario debilitado. Aun así, el tamaño y el potencial del mercado chino continúan atrayendo a las empresas alemanas, que aumentaron de forma notable sus inversiones en el país asiático durante el último año.
De acuerdo con cálculos del Instituto Económico Alemán (IW) de Colonia, en 2025 se registraron más de 7.000 millones de euros en inversiones directas adicionales de empresas alemanas en China. Se trata del nivel más alto desde 2021, una cifra cercana a la mitad del volumen estimado para 2024 y claramente superior al promedio de largo plazo, que ronda los 6.000 millones de euros anuales entre 2010 y 2024.
“En términos generales, las empresas alemanas están ampliando aún más su compromiso con China, y lo están haciendo a un ritmo creciente”, explicó Jürgen Matthes, jefe del área de Política Económica Internacional del IW.
El panorama contrasta con la evolución de las inversiones alemanas en Estados Unidos. Según otro estudio del instituto, durante el primer año del segundo mandato del presidente Donald Trump, entre febrero y noviembre de 2025, la inversión directa alemana en ese país cayó un 45 %, hasta situarse en torno a los 10.200 millones de euros.
El análisis del IW también pone el foco en la financiación de las inversiones alemanas en China. La mayor parte de los recursos no proviene de capital fresco enviado desde Alemania, sino de beneficios generados por filiales en territorio chino que son reinvertidos localmente. En total, esos beneficios reinvertidos ascienden a unos 12.000 millones de euros, una cifra muy superior a las nuevas inversiones netas, estimadas en unos 7.000 millones.
Para Matthes, esta diferencia sugiere que, como en años anteriores, algunas compañías han retirado capital del país, aunque otras —especialmente grandes grupos industriales— mantienen su apuesta por China. Muchas de ellas, señala el economista, ceden a la presión de las autoridades chinas para trasladar cada vez más segmentos de su cadena de valor a la República Popular.
Cada vez más empresas adoptan estrategias conocidas como “China para China” o incluso “China para el mundo”, lo que implica una mayor dependencia de proveedores locales y una menor vinculación con suministros procedentes de Alemania. Esta reorientación les permite protegerse frente a posibles aranceles o restricciones a la exportación y, al mismo tiempo, desarrollar productos directamente en China. En algunos casos, incluso actividades de investigación avanzada se están trasladando al país asiático.
Un ejemplo es el grupo EBM-Papst, considerado líder mundial en tecnología de ventiladores, que ha invertido 30 millones de euros en la ampliación de su planta en Xi’an. Según un portavoz de la compañía, la decisión responde a la necesidad de desarrollar y producir cerca de sus clientes, con equipos locales que abarcan desde la ingeniería hasta la adaptación de los productos a las necesidades regionales. Esto, asegura la empresa, les permite ser más ágiles y menos vulnerables a las disrupciones globales.
Sin embargo, el IW advierte que esta tendencia podría tener consecuencias negativas para las exportaciones alemanas a China, que ya se ven afectadas por lo que el instituto describe como distorsiones competitivas. Matthes subraya que Pekín recurre en mayor medida que otros países a subsidios estatales y que el yuan se mantiene claramente infravalorado frente al euro, lo que abarata artificialmente la producción y las exportaciones chinas.
La situación se vuelve aún más delicada cuando empresas alemanas radicadas en China se benefician de ayudas locales o trasladan operaciones desde Alemania, y los productos fabricados con financiación estatal china terminan compitiendo en el mercado europeo. “En ese caso, empleos chinos subvencionados compiten de forma desleal con puestos de trabajo en Alemania”, advirtió Matthes.
Los cálculos del IW sobre inversión directa se basan en datos del Bundesbank correspondientes al periodo comprendido entre enero y noviembre de 2025, que posteriormente fueron extrapolados para estimar el conjunto del año.





