Muerte en la montaña: un año después hay más oscuridad que luz en la muerte del joven Bocanegra.

Un año después de la tragedia, la versión oficial de la muerte de Kevin Hernando Bocanegra, un abogado de 25 años, sigue envuelta en testimonios contradictorios y huecos inexplicables. El 31 de diciembre de 2024, durante una ascensión al Nevado del Tolima organizada por la agencia no autorizada Transpáramo Viva Vivir Vivo, Bocanegra colapsó supuestamente por un edema pulmonar agravado por la hipoxia a más de 5.000 metros. Pero el relato de su pareja, Jois Ramírez, en el programa Los Informantes, genera más preguntas que respuestas, cuestionando su credibilidad y dejando un panorama de negligencia sin rendir cuentas.

Desde el inicio, Ramírez describe una expedición caótica: sin guía centralizado, con solo un litro de agua por persona, sin estufa ni pastillas purificadoras, y un “guía” presionando al grupo con frases como “no seas flojo” pese a los síntomas de Bocanegra —gripa inicial el 29 de diciembre, fatiga extrema al día siguiente—. Sin embargo, ¿por qué Ramírez y su madre, Camila Moncayo, insistieron en continuar hacia la cumbre esa madrugada del 31, dejando a un Kevin visiblemente deteriorado solo en la carpa? Ella lo justifica como un “acto de amor” mutuo, pero esta narrativa romántica choca con la realidad: abandonaron a un compañero en crisis, priorizando el ascenso personal sobre la seguridad colectiva. ¿Fue negligencia compartida o una reconstrucción idealizada para mitigar culpas?

Al regresar, encuentran a Bocanegra “mejorado”, pidiendo abrazos y rechazando fotos —un detalle vívido, pero ¿verificado por testigos independientes? —. Minutos después, ante la orden de desmontar campamento, colapsa con líquido amarillo en la nariz, diagnosticado por un médico de otro grupo como “mal de altura y posible edema cerebral”. Aquí surgen fisuras: ¿dónde está ese médico para corroborar? ¿Por qué no se activó de inmediato el supuesto seguro con rescate en helicóptero que la familia creía tener? Ramírez relata frustración con el “guía”, pero evade detalles sobre decisiones propias, como descender a pie en vez de buscar ayuda inmediata.

La imagen final es cruda: Bocanegra “envuelto en lonas y amarrado a un caballo”, muriendo en el trayecto. ¿Autopsia? ¿Informe forense oficial? Nada se menciona. Meses después, Moncayo alucina con Kevin en el Cotopaxi ecuatoriano —atribuyéndolo a hipoxia—, pero con guías profesionales que la bajan a salvo. Este contraste resalta la ineptitud en Tolima, pero también plantea dudas: ¿son estos relatos un duelo genuino o una narrativa construida para presionar investigaciones pendientes contra la agencia ilegal?

Lo que falta por saber es abrumador: ¿registros médicos previos de Bocanegra? ¿Comunicaciones con la agencia? ¿Testimonios del “guía” o el médico? ¿Por qué Parques Nacionales no ha sancionado públicamente a Transpáramo? Sin investigaciones transparentes, los testimonios de Ramírez y Moncayo —emocionales, subjetivos y sin corrobación— parecen más un lamento personal que una verdad probada. La muerte de Kevin no es solo una fatalidad de montañista; es un enigma que exige respuestas, no consuelos tatuados.

El usuario “Il__Saggiatore”, presunto testigo local, cuestiona la narrativa de negligencia total en la muerte de Kevin Bocanegra, alegando que desde el 30 de diciembre se sabía de un deportista enfermo en el sector, con recomendaciones explícitas de bajar inmediatamente. “¿Por qué alguien mal se queda dos días más?”, plantea, subrayando que “la montaña no es un gimnasio” y exige experiencia o guías calificados —un reproche directo a la decisión de Ramírez y Moncayo de persistir pese a los síntomas evidentes.

Sin embargo, este relato choca con la versión de la pareja: ¿por qué no mencionan esas “recomendaciones” ni la aparente empatía local? Il__Saggiatore detalla ayuda concreta en la finca La Primavera —bebidas calientes, refugio del frío—, afirmando que, sin ello, el socorro tardaría 12-15 horas, potencialmente multiplicando víctimas. Acusa falsedad al decir “no hubo asistencia”, mostrando consuelo genuino a la chica y su madre.

Dudas críticas sobre ambos bandos: ¿Es este testigo imparcial o defensor encubierto de la agencia ilegal? ¿Por qué no hay corroboración oficial de la finca? Mientras Ramírez pinta abandono total, esta voz local sugiere decisiones imprudentes del grupo como factor clave —ignorando avisos por dos días—. Ambas perspectivas carecen de pruebas forenses; urge la Fiscalía esclarecer: ¿hubo ayuda real omitida en entrevistas televisivas, o es minimización de negligencia? La verdad yace en hechos, no en duelos selectivos

La comunidad y los allegados a la víctima exigen resultados inmediatos de la Fiscalía y de Parques Nacionales. ¡No más montañas de impunidad —familia Bocanegra, Ramírez y sociedad merecen verdad, no solo duelo tatuado!

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