Colombia Humana desiste de apelar la millonaria multa del CNE, ¿reconoce las irregularidades en la campaña Petro?

Mientras el presidente Gustavo Petro insiste en su relato de persecución política, su propio movimiento político acaba de firmar, sin aspavientos ni ruedas de prensa, un cheque simbólico por 1.200 millones de pesos. El mensaje es claro: mejor pagar que explicar.

Este martes, la Colombia Humana desistió del recurso de reposición contra la millonaria sanción impuesta por el Consejo Nacional Electoral por las irregularidades en la financiación de la campaña que llevó a Petro al poder. En un lacónico memorial, el apoderado Ulises Durán informó a los magistrados que el partido simplemente… se rinde. Sin comunicado oficial. Sin la habitual denuncia de “golpe blando”. Sin el histrionismo al que nos tiene acostumbrados el petrismo cuando los reflectores apuntan hacia otro lado.

La jugada es tan pragmática como reveladora: la cúpula del movimiento prefiere desembolsar una fortuna que enfrentar el escrutinio público sobre el origen de esos dineros mal reportados en 2022. ¿Dónde quedó la promesa de transparencia radical? ¿Dónde esa ética revolucionaria que tanto pregonaban en las plazas públicas?

Pero hay más. Detrás del desistimiento no habría arrepentimiento, sino una operación de maquillaje electoral. La ley exige que los partidos estén al día en sus sanciones para fusionarse, y la Colombia Humana necesita limpiar su hoja de vida para concretar su unión con el Pacto Histórico. Se trata, entonces, de pagar para poder seguir existiendo. De pagar para que no sigan removiendo el pasado. De pagar para que no se caigan más listas al Congreso, como ya ocurrió en Bogotá.

Porque mientras el CNE tumbaba la inscripción de la lista del Pacto en la capital por exceder los topes legales de coalición, el Gobierno guardaba silencio. Mientras se anulaban candidaturas de congresistas petristas que buscaban la reelección, ninguna vocera salió a poner el grito en el cielo. Y ahora, mientras se giran 1.200 millones desde las arcas del partido de gobierno —dinero que bien podría ser público, destinado al funcionamiento—, la consigna es bajar la cabeza y pagar.

Lo que el desistimiento no borra es la evidencia: hubo plata sin reportar, hubo cuentas opacas, hubo irregularidades. Y hoy, el petrismo opta por el silencio administrativo antes que por la rendición de cuentas. Pagan, sí. Pero no explican.

Y ese silencio, esa renuncia a la confrontación cuando les duele en el bolsillo, dice más que cualquier discurso en la Plaza de Bolívar.

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