168 años de la Virgen de Lourdes ¿por qué es la advocación más milagrosa para millones de católicos?

En febrero de 1858, Lourdes era una pequeña y humilde localidad francesa al pie de los Pirineos, con alrededor de cuatro mil habitantes. La mayoría de sus pobladores vivía de trabajos sencillos y en condiciones económicas limitadas. Entre ellos se encontraba Marie-Bernarde Soubirous, conocida como Bernadette, la hija mayor de una familia sumida en la pobreza.

Criada en un entorno precario, Bernadette pasó parte de su infancia al cuidado de una tía debido a las dificultades económicas de sus padres. No recibió educación formal suficiente y nunca aprendió a leer ni a escribir con fluidez. Su salud también era frágil: padecía asma y otras dolencias que marcaron su niñez.

El 11 de febrero de 1858, mientras recogía leña cerca de la gruta de Massabielle, en las afueras del pueblo, la joven afirmó haber visto a una “Señora” vestida de blanco. Aquella experiencia fue la primera de dieciocho apariciones que diría haber presenciado entre febrero y julio de ese año. En un comienzo, su relato generó sorpresa y desconfianza, incluso entre miembros del clero local. Sin embargo, a medida que Bernadette regresaba a la gruta y repetía su testimonio con firmeza, la curiosidad popular creció.

Uno de los episodios más recordados ocurrió el 25 de febrero de 1858. Según su relato, la Señora le indicó que bebiera agua de una fuente escondida bajo la roca. Al no ver ningún manantial, Bernadette comenzó a cavar en la tierra húmeda hasta que brotó agua. Días después, el pequeño hilo se transformó en un manantial constante.

Con el paso del tiempo, el agua adquirió fama de poseer propiedades curativas. Peregrinos comenzaron a beberla y a bañarse en ella. Actualmente, el manantial de Lourdes fluye aproximadamente 32.000 galones por día y continúa siendo uno de los principales focos de devoción en el santuario.

Durante febrero y marzo, la joven afirmó que la Señora pidió que se informara al clero para construir una capilla y organizar procesiones. La noticia trascendió rápidamente las fronteras del pueblo y fue recogida por la prensa de la época. Multitudes comenzaron a congregarse en la gruta, lo que obligó a las autoridades a intervenir para mantener el orden. En ciertos momentos, incluso se cerró temporalmente el acceso al lugar por razones de control y salubridad.

El 25 de marzo de 1858, día de la fiesta de la Anunciación, la Señora se identificó ante Bernadette con una frase en dialecto local: “Soy la Inmaculada Concepción”. La expresión tuvo un profundo impacto, pues el dogma de la Inmaculada Concepción había sido proclamado oficialmente por la Iglesia católica apenas cuatro años antes, en 1854. Para muchos creyentes, esta coincidencia reforzó la credibilidad del testimonio.

La última aparición que Bernadette aseguró haber visto ocurrió el 16 de julio de 1858, festividad de Nuestra Señora del Carmen. A partir de entonces, el fenómeno quedó bajo estudio de las autoridades eclesiásticas. En 1862, tras una investigación canónica, una comisión designada por la Iglesia declaró auténticas las apariciones y el obispo de Tarbes autorizó el culto a Nuestra Señora de Lourdes. Ese mismo año comenzó la construcción de una iglesia en el lugar, que con el tiempo se convertiría en el actual complejo del santuario.

Bernadette, por su parte, optó por una vida religiosa discreta. Ingresó en la congregación de las Hijas de la Caridad en Nevers, donde vivió con sencillez y lejos del protagonismo público. Falleció en 1879, a los 35 años, tras una prolongada enfermedad.

El crecimiento de Lourdes como centro de peregrinación fue notable. En 1876, durante la consagración de la basílica, unas 100.000 personas acudieron al santuario. Un siglo después, en 1958, con motivo del centenario de las apariciones, la cifra de visitantes alcanzó los seis millones. En la actualidad, se estima que alrededor de cinco millones de peregrinos llegan cada año.

Desde 1858 se han reportado numerosos casos de curaciones atribuidas al agua de Lourdes. En 1861, de cien presuntas curaciones analizadas, quince fueron consideradas milagrosas. Con el tiempo, la Iglesia estableció criterios médicos rigurosos para evaluar estos casos.

El cuerpo de Bernadette fue exhumado en 1909 y descrito como “incorrupto”. Fue examinado nuevamente en 1919 y 1925. Ese último año fue beatificada y, finalmente, canonizada en 1933 por la Iglesia católica.

Así, lo que comenzó como el relato de una adolescente humilde en una pequeña aldea pirenaica terminó convirtiéndose en uno de los fenómenos religiosos más influyentes del siglo XIX y en uno de los principales destinos de peregrinación del mundo.

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