¡Infame! La pedofilia se pasea por los salones del gobierno británico.

El número 10 de Downing Street vive sus horas más bajas. Lo que comenzó como una tormenta política por el nombramiento de Peter Mandelson como embajador de Gran Bretaña en EE.UU. —y sus vínculos con el financiero pedófilo Jeffrey Epstein— ha derivado en un segundo escándalo que, según la oposición, revela un “patrón de conducta” en el corazón del gobierno laborista. El primer ministro Keir Starmer admitió esta semana que su exdirector de comunicación, Matthew Doyle, recibió un puesto vitalicio en la Cámara de los Lores a pesar de que el propio Doyle había realizado campaña activa a favor de un concejal condenado por delitos sexuales contra menores.

Matthew Doyle, quien hasta marzo de 2025 se desempeñó como jefe de comunicación de Starmer en Downing Street, tomó asiento en la Cámara de los Lores el pasado mes de enero. Apenas unas semanas después, el domingo 27 de diciembre, The Sunday Times destapó que Doyle había respaldado entusiastamente la candidatura de Sean Morton, un concejal laborista escocés, después de que este hubiera sido imputado por posesión de imágenes indecentes de menores.

Los hechos se remontan a 2017. Morton, que entonces era concejal en Moray, Escocia, fue suspendido por el Partido Laborista tras ser acusado formalmente. Lejos de distanciarse, Doyle viajó a Escocia para hacer campaña a su favor cuando Morton se presentó como candidato independiente. Las imágenes de aquella jornada muestran a Doyle vistiendo una camiseta con el lema: “Reelija a Sean Morton” . En noviembre de ese mismo año, Morton se declaró culpable. Además, reincidió posteriormente: en 2025 fue condenado a dieciséis meses de prisión por poseer más material de abuso sexual infantil.

El pasado martes, el Partido Laborista retiró el látigo —la disciplina de voto— a Lord Doyle, quien emitió un comunicado en el que pedía disculpas: “Quiero disculparme por mi asociación pasada con Sean Morton. Sus delitos fueron viles y condeno completamente las acciones por las que fue correctamente condenado. Mis pensamientos están con las víctimas”.

En la sesión de Preguntas al Primer Ministro del miércoles, Starmer compareció ante una Cámara de los Comunes incendiaria. Visiblemente incómodo, el primer ministro declaró: “Matthew Doyle no dio una versión completa de sus actos. Prometí a mi partido y a mi país que habría cambios, y ayer retiré el látigo a Matthew Doyle”.

La pregunta que sobrevuela Westminster es: ¿cuándo supo exactamente Starmer lo que Doyle había hecho? Según la ministra de Educación, Georgia Gould, “el número 10 no sabía antes de tomar la decisión de concederle el título nobiliario”. Gould precisó que el anuncio del peerazgo se realizó el 10 de diciembre, mientras que la información publicada por The Sunday Times apareció a finales de ese mes. Sin embargo, fuentes de la oposición señalan que la candidatura de Doyle ya había sido cuestionada por el Partido Nacional Escocés (SNP) en diciembre precisamente por su vínculo con Morton, lo que contradice la versión de que Downing Street actuó con total desconocimiento.

La líder conservadora, Kemi Badenoch, irrumpió en la Cámara con una contundencia inusitada. Sin titubeos, acusó a Starmer de “llenar el gobierno de hipócritas y apologista de pedófilos”. La frase —”paedophile apologists”— retumbó en los escaños y marcó el tono de una sesión que muchos califican como la más agresiva que ha enfrentado el primer ministro desde su llegada a Downing Street.

Badenoch fue más allá: “El episodio Mandelson no fue un incidente aislado. Hace unas semanas anunció un título nobiliario para Matthew Doyle, su exdirector de comunicación. Inmediatamente después, The Sunday Times publicó en portada que Doyle hizo campaña por un hombre acusado de delitos sexuales contra menores. Sin embargo, a pesar de que el primer ministro lo sabía, le concedió un puesto vitalicio en la Cámara de los Lores de todos modos. ¿Por qué?”. Y remató: “¿Es que el primer ministro se mira alguna vez al espejo y se pregunta si el verdadero problema es el que le devuelve la mirada?”.

El líder liberal demócrata, Ed Davey, empleó una metáfora clásica con efectos devastadores: “Nombrar a un apologista de pedófilos puede excusarse como una desgracia. Nombrar a dos demuestra una catastrófica falta de criterio”.

Por su parte, el líder del SNP en Westminster, Stephen Flynn, apuntó directamente a la trayectoria profesional de Starmer: “Básicamente ha repetido el mismo guion con Matthew Doyle que con Peter Mandelson: que ellos no fueron claros con él. Aparece como el exdirector de la Fiscalía más crédulo de la historia”.

Aunque el caso Doyle acapara ahora los titulares, la sombra de Peter Mandelson sigue muy presente. Starmer compareció el jueves pasado para ofrecer unas disculpas públicas: afirmó que lamentaba “haber creído las mentiras” de Mandelson sobre su relación con Epstein y que “ninguno de nosotros conocía la profundidad de la oscuridad” cuando lo nombró embajador en Washington. Sin embargo, los documentos desclasificados por el Departamento de Justicia de EE.UU. han revelado que Mandelson celebró la liberación de Epstein como “el día de la liberación” y que pudo haber compartido información confidencial con el financiero cuando era ministro de Comercio en 2009.

La combinación de ambos escándalos ha disparado las especulaciones sobre el futuro de Starmer. El Daily Mail informó de que la exviceprimera ministra Angela Rayner —quien abandonó el gobierno tras un escándalo menor por el pago de impuestos— habría confesado a allegados que está “preparada” para lanzar una campaña de liderazgo, extremo que su portavoz desmintió categóricamente.

La presidenta del Partido Laborista, Anna Turley, ha manifestado su opinión personal de que Lord Doyle debería ser desposeído de su título nobiliario, una medida extraordinaria que requeriría una reforma legal o la colaboración voluntaria del propio Doyle. Por su parte, Badenoch ha exigido por escrito la publicación completa de los informes de debido diligenciamiento y asesoramiento jurídico que recibió Starmer antes de conceder el peerazgo. Downing Street se limita a señalar que “las preguntas sobre el pasado de Matthew Doyle fueron investigadas a fondo”.

Mientras tanto, en Escocia, el terremoto también alcanza al laborismo autonómico. La portavoz de Educación del Partido Laborista escocés, Pam Duncan-Glancy, fue suspendida y ha anunciado que no se presentará a la reelección en Holyrood tras revelarse que mantuvo una estrecha amistad con Morton incluso después de su condena y que ambos socializaron juntos tras la salida de prisión del pedófilo el año pasado.

Starmer intentó contraatacar en los Comunes recordando los años de austeridad bajo gobiernos conservadores y liberales demócratas, así como las deserciones de diputados tories hacia Reform UK. Pero la estrategia defensiva no logró desviar la atención. La pregunta que flota en el aire, formulada por la propia Badenoch, resuena con especial crudeza: “¿Nunca se le ha pasado por la cabeza que quizá el problema es usted?” .

A la espera de que el Comité de Inteligencia y Seguridad del Parlamento determine qué documentos adicionales sobre el caso Mandelson pueden hacerse públicos —la Policía Metropolitana ha solicitado que se retengan aquellos que puedan comprometer una investigación en curso—, el primer ministro afronta la semana más crítica de su mandato. Su propio partido, que hace apenas meses celebraba una mayoría aplastante, contiene ahora la respiración.

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