El mundo ya habla del “Milagro de Mogadiscio”: ¡55 personas se salvaron increíblemente! Video.

El vuelo Mogadiscio-Galkayo sufrió una falla técnica a los quince minutos de partir. El piloto intentó un retorno desesperado al Aeropuerto Internacional Aden Adde, pero la aeronave se salió de la pista, perdió un ala y quedó varada sobre la arena, a escasos metros del agua. Los equipos de rescate evacuaron a pasajeros y tripulación sin ninguna víctima mortal. Las autoridades investigan las causas del siniestro mientras la aviación somalí suma un nuevo episodio a su accidentada historia reciente.

Eran alrededor de las 13:15 horas cuando el Fokker 50, matrícula aún no confirmada, de la aerolínea privada somalí StarSky Aviation, inició la carrera de despegue en la pista del Aeropuerto Internacional Aden Adde de Mogadiscio. A bordo, 49 pasajeros —entre ellos varias mujeres y al menos un menor de edad— y seis tripulantes, según confirmaron fuentes aeroportuarias.

El destino era Galkayo, ciudad estratégica situada a unos 600 kilómetros al norte de la capital, en la región de Mudug, un territorio de frágil equilibrio entre los estados federados de Puntlandia y Galmudug. El vuelo, de carácter regular, transportaba principalmente a somalíes que regresaban a sus lugares de origen tras gestiones administrativas o visitas familiares en Mogadiscio. Nadie imaginaba que quince minutos después, ese mismo avión estaría luchando por no precipitarse sobre las azoteas de la Zona Verde.

Los primeros indicios del fallo comenzaron cuando la aeronave, aún en fase de ascenso, empezó a perder potencia en uno de sus motores turbohélice. Testigos presenciales en tierra describieron haber escuchado “detonaciones secas” seguidas de una vibración anómala. El piloto, cuya identidad no ha sido revelada por las autoridades, activó inmediatamente los protocolos de emergencia y comunicó a la torre de control su intención de retornar a la pista.

“El comandante informó de dificultades técnicas y solicitó permiso para un aterrizaje inmediato. La torre despejó la pista y preparó los equipos de emergencia”, explicó un controlador aéreo que prefirió mantener el anonimato.

Sin embargo, la aproximación resultó crítica. El Fokker 50, con su configuración asimétrica de potencia, se aproximó a la cabecera de pista a una velocidad superior a la recomendada. Al tocar tierra, el tren de aterrizaje no logró absorber la energía del impacto de manera uniforme. La aeronave comenzó a desviarse hacia el flanco derecho, superó los límites del pavimento y se adentró en la franja de seguridad de la Zona Verde. Acto seguido, el aparato atravesó un vallado perimetral, cruzó una vía de servicio y se precipitó hacia la playa de Jasiira, una franja costera situada al oeste del aeropuerto, donde finalmente quedó varado a escasos metros del Océano Índico.

Las imágenes que comenzaron a circular en redes sociales pasada la una y media de la tarde mostraban una estampa que, por insólita, resultaba casi cinematográfica: el fuselaje del Fokker 50, inclinado ligeramente hacia babor, reposaba sobre la arena húmeda de la playa. El ala derecha yacía desprendida a varios metros de distancia, parcialmente sumergida en el agua. El motor de estribor mostraba signos evidentes de destrucción. Y, sin embargo, no había llamas. No había humo negro. No había cuerpos inertes sobre la arena.

Lo que sí había eran decenas de personas caminando aturdidas por la orilla, alejándose del aparato. Algunos lo hacían con paso firme, otros tambaleándose, sostenidos por auxiliares. Una mujer era conducida en brazos por dos tripulantes. Un hombre de edad avanzada permanecía sentado sobre la arena, mirando fijamente el horizonte, como si necesitara confirmar que seguía vivo.

“Fue un milagro. El impacto fue brutal, sentí que el avión se partía en dos. Pero de repente todo se detuvo y vimos la luz del día entrando por la cabina. Salimos por nuestras piernas. Nadie gritaba. Creo que estábamos en estado de shock”, relató un pasajero a los periodistas locales.

La Autoridad de Aviación Civil de Somalia (SCAA), encabezada por Ahmed Moalim Hassan, confirmó en rueda de prensa vespertina que los 55 ocupantes fueron evacuados con vida. “No se ha registrado ninguna víctima mortal. Algunos pasajeros han sido trasladados a centros hospitalarios para evaluación médica por contusiones leves y crisis de ansiedad, pero todos se encuentran fuera de peligro”, declaró el funcionario.

La rapidez del operativo de rescate fue determinante. Dada la proximidad del accidente a la Zona Verde —el perímetro fuertemente custodiado donde confluyen las sedes de Naciones Unidas, embajadas extranjeras y organismos internacionales—, los equipos de emergencia del complejo de la ONU se desplegaron en cuestión de minutos. A ellos se sumaron bomberos aeroportuarios, fuerzas de seguridad somalíes y personal sanitario de la Misión de Apoyo y Estabilización de la Unión Africana en Somalia (AUSSOM) .

“La prioridad inmediata fue enfriar los motores y contener cualquier posible fuga de combustible para evitar un incendio. La superficie arenosa y la presencia de agua facilitaron las tareas”, explicó un portavoz de los servicios de emergencia.

El aparato siniestrado es un Fokker 50, un turbohélice bimotor de fabricación neerlandesa diseñado para vuelos regionales de corto y medio radio. El modelo, que realizó su primer vuelo en 1985 y cesó su producción en 1997, sigue siendo ampliamente utilizado por aerolíneas de África, Asia y América Latina debido a su robustez y facilidad de mantenimiento. No obstante, su antigüedad —la flota media de estos aparatos supera los treinta años— ha sido objeto de preocupación recurrente en materia de seguridad aérea.

StarSky Aviation, fundada en 2008, es una de las aerolíneas privadas más activas en el mercado doméstico somalí. Opera principalmente con Fokker 50 y, en menor medida, con aviones de la familia Airbus A320 para rutas internacionales. La compañía no ha emitido hasta el momento un comunicado oficial sobre el accidente, aunque fuentes internas citadas por AIRLIVE.net indican que el aparato involucrado había superado su última revisión de mantenimiento programada el pasado mes de diciembre sin observaciones significativas.

La flota de StarSky ha experimentado incidentes previos. En 2020, uno de sus Fokker 50 sufrió un colapso del tren de aterrizaje al aterrizar en el aeropuerto de Baidoa, sin víctimas mortales. En 2022, otro aparato de la misma compañía fue alcanzado por fuego de mortero durante un ataque insurgente contra el aeropuerto de Mogadiscio, lo que obligó a su retirada de servicio.

El Aeropuerto Internacional Aden Adde, principal puerta de entrada aérea a Somalia, no es ajeno a la tragedia. Bautizado así en honor al primer presidente de Somalia, el recinto ha sido escenario de múltiples incidentes aéreos en las últimas décadas, muchos de ellos vinculados no solo a fallos mecánicos sino también al conflicto armado que asola el país desde 1991.

El antecedente más inmediato y doloroso se remonta apenas a ocho meses atrás. En julio de 2025, un helicóptero de la Misión de Apoyo y Estabilización de la Unión Africana en Somalia (AUSSOM) se estrelló en la misma terminal aérea durante una maniobra de aproximación. El siniestro costó la vida de cinco efectivos ugandeses y dejó heridos a otros tres miembros de la tripulación. Las investigaciones apuntaron entonces a una combinación de malas condiciones meteorológicas y un posible fallo mecánico.

Pero la lista es más larga. En 2019, un avión de carga Antonov An-12 se salió de la pista durante el aterrizaje y colisionó contra una valla perimetral, causando daños materiales pero ninguna víctima mortal. En 2016, un Airbus A321 de Daallo Airlines sufrió un atentado con explosivos a bordo poco después del despegue desde Mogadiscio; el artefacto, oculto en un ordenador portátil, provocó un boquete en el fuselaje y la muerte del terrorista, aunque el avión logró regresar a tierra sin más víctimas.

La Zona Verde que rodea el aeropuerto es, paradójicamente, uno de los espacios más vigilados de la capital somalí. Alberga dependencias de Naciones Unidas, la embajada de Estados Unidos, la delegación de la Unión Europea y otras misiones diplomáticas. Que un avión comercial se estrelle literalmente en el umbral de ese perímetro constituye un hecho excepcional que ha generado una revisión inmediata de los protocolos de seguridad perimetral.

El director de la SCAA, Ahmed Moalim Hassan, anunció la apertura formal de una investigación técnica para esclarecer las causas del accidente. El proceso estará liderado por peritos de la autoridad aeronáutica somalí, con la posible colaboración de especialistas internacionales si así se determina en los próximos días.

Los investigadores trabajan sobre tres hipótesis principales. La primera, y de momento la más sólida, apunta a un fallo en el motor derecho durante la fase de ascenso. Testigos en tierra afirman haber observado llamas intermitentes en la góndola del motor de estribor, lo que sugeriría una combustión anómala, posiblemente debida a la ingestión de un objeto, una rotura de palas de la turbina o una fuga de combustible. La segunda hipótesis contempla un error humano en la gestión de la emergencia, aunque fuentes próximas a la investigación descartan por ahora esta posibilidad dados los años de experiencia del comandante. La tercera, no necesariamente excluyente, apunta a un deficiente mantenimiento de la aeronave, extremo que StarSky Aviation rechaza de plano.

Un elemento crucial será el análisis de los registradores de vuelo —las llamadas cajas negras—, que han sido recuperados y enviados a los laboratorios de la SCAA. La información contenida en ellos permitirá reconstruir con precisión los parámetros de vuelo, las comunicaciones de cabina y las alertas acústicas que pudieron activarse en los instantes previos al impacto.

También se examinará el estado de la pista del aeropuerto Aden Adde. Aunque en apariencia no presentaba irregularidades, algunas fuentes consultadas por medios locales sugieren que la superficie podría haber sufrido un sobrecalentamiento debido a las altas temperaturas diurnas, lo que reduciría la fricción necesaria para un frenado de emergencia efectivo. La SCAA no ha confirmado ni desmentido esta posibilidad.

La noticia del accidente y la posterior confirmación de que no había víctimas mortales fue recibida con alivio en los círculos gubernamentales somalíes y en la comunidad internacional presente en Mogadiscio.

El presidente de Somalia, Hassan Sheikh Mohamud, aún no se ha pronunciado públicamente sobre el suceso, aunque fuentes de la presidencia citadas por la Agencia Nacional de Noticias de Somalia (SONNA) indican que ha sido informado puntualmente y que sigue de cerca la evolución de la investigación.

La Embajada de Estados Unidos en Mogadiscio, situada a escasos metros del lugar del accidente, emitió un breve comunicado expresando su “solidaridad con las víctimas y sus familias” y ofreciendo asistencia técnica a las autoridades somalíes en caso de ser requerida. El tono mesurado del mensaje contrasta con la crudeza de las imágenes y con la proximidad del suceso a su propio perímetro de seguridad.

La aerolínea StarSky Aviation, por su parte, ha optado hasta ahora por un silencio casi absoluto. Su cuenta oficial en la red social X permanece inactiva desde el día anterior al accidente. Su página web no ha sido actualizada. Solo un breve mensaje interno dirigido a sus empleados, filtrado a medios locales, reconoce “un incidente grave con uno de nuestros Fokker 50” y asegura que “se están tomando todas las medidas necesarias para apoyar a los pasajeros afectados y colaborar plenamente con las autoridades”.

Este mutismo corporativo ha generado cierto malestar entre las asociaciones de consumidores somalíes. “Han tenido tiempo de retirar publicaciones promocionales programadas, pero no de emitir un comunicado oficial. Eso dice mucho de sus prioridades”, declaró a Radio Mogadiscio un portavoz de la Unión Somalí de Consumidores.

El accidente del Fokker 50 de StarSky Aviation reabre el debate sobre la seguridad de la aviación comercial en Somalia, un país donde volar sigue siendo una odisea para millones de ciudadanos.

Somalia carece de una red ferroviaria y su red de carreteras es precaria, especialmente en las regiones del centro y sur, donde la presencia de grupos insurgentes como Al-Shabaab convierte cualquier desplazamiento por tierra en una ruleta rusa. Para viajar entre Mogadiscio y ciudades como Galkayo, Baidoa o Kismayo, el avión no es una opción: es la única opción.

Sin embargo, la supervisión estatal de la aviación civil es frágil. La SCAA, aunque formalmente operativa y reconocida por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), carece de recursos humanos y técnicos para realizar inspecciones periódicas exhaustivas. Su dependencia de financiación externa y la presión de las aerolíneas locales para agilizar procesos han generado en el pasado críticas sobre la laxitud de los controles.

“No digo que haya corrupción, pero sí que hay una gran diferencia entre lo que está escrito en los manuales y lo que ocurre realmente en los hangares”, confiesa un antiguo inspector de la SCAA, que prefiere mantener el anonimato. “Muchas aerolíneas traen piezas de segunda mano de Dubái o Nairobi sin la certificación adecuada. Si el avión vuela, ya es bastante”.

El accidente de este martes, afortunadamente sin víctimas, puede ser un punto de inflexión. La presión internacional, sumada al impacto visual de un avión comercial varado a pocos metros de las sedes diplomáticas, podría forzar una revisión en profundidad de los estándares de mantenimiento y operación en el país.

Cuando los equipos de rescate terminaron la evacuación y el perímetro quedó asegurado, los técnicos comenzaron a evaluar los daños. El ala derecha, desprendida, yacía sobre la arena. El tren de aterrizaje había colapsado parcialmente. El fuselaje presentaba múltiples abolladuras. Y, sin embargo, el habitáculo de pasajeros había permanecido prácticamente intacto.

Los expertos consultados coinciden en que la supervivencia de todos los ocupantes se debió a una conjunción de factores difícilmente repetible: la pericia del piloto para mantener el control direccional incluso después de la pérdida del ala; la naturaleza absorbente del terreno arenoso, que amortiguó el impacto final; la ausencia de incendio inmediato, que permitió una evacuación ordenada; y la rapidez de los equipos de rescate, que llegaron antes de que cualquier conato de fuego pudiera propagarse.

“No todos los días se ve un accidente aéreo del que todos salen caminando”, declaró a AIRLIVE.net un controlador aéreo presente en la torre durante la emergencia. “Hoy Dios ha mirado a Somalia”.

A última hora de la tarde, con el sol ya oculto tras el horizonte, los pasajeros supervivientes comenzaron a abandonar los centros médicos donde habían sido evaluados. Algunos fueron recogidos por familiares. Otros optaron por regresar por sus propios medios a sus hogares en Mogadiscio, a la espera de que la aerolínea reprograme el cancelado vuelo a Galkayo.

Entre ellos se encontraba Ahmed Nur, un comerciante de 52 años que viajaba con su hija de ocho años para visitar a la abuela enferma. “Le había prometido a mi madre que llegaría hoy. Ahora tendré que llamarla para decirle que llegaremos mañana”, explicó con una media sonrisa, visiblemente afectado. “Pero se lo diré después. Primero tengo que explicarle que estamos vivos”.

Cuando anocheció sobre la playa de Jasiira, el Fokker 50 de StarSky Aviation continuaba varado en la arena, iluminado tenuemente por reflectores portátiles instalados por los equipos de seguridad. La marea, que había subido ligeramente durante la tarde, comenzaba a retirarse, dejando a su paso un reguero de espuma alrededor del fuselaje.

Durante horas, decenas de curiosos se agolparon tras las vallas desplegadas por las fuerzas de seguridad. Algunos fotografiaban la escena con sus teléfonos móviles. Otros permanecían en silencio, observando aquella mole de metal y cables que horas antes surcaba los cielos y ahora yacía varada, como una ballena herida, a orillas del Índico.

Mañana, los peritos comenzarán el desguace del aparato para su traslado a dependencias de la SCAA. El ala desprendida será examinada palmo a palmo. Los motores, desmontados. Los registradores de vuelo, analizados. Y poco a poco, con la parsimonia de la ciencia forense, se irá escribiendo el relato oficial de lo que ocurrió.

Pero esta noche, el milagro aún está fresco. Esta noche, 55 personas duermen en sus camas, o en las de un hospital, o en las de sus familiares. 55 personas que esta mañana subieron a un avión sin saber si volverían a pisar tierra firme. Y la tierra firme, finalmente, estuvo ahí para recibirlos.

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