La desaparición de la estudiante de medicina Tatiana Hernández continúa siendo uno de los casos que más interrogantes ha generado en Cartagena durante el último año. La joven, que realizaba sus prácticas profesionales en el Hospital Naval de la ciudad, fue vista por última vez el 13 de abril del año pasado, cuando salió de ese centro asistencial. Desde entonces, su paradero sigue siendo desconocido, pese a que familiares, amigos y autoridades han desplegado durante meses intensos operativos de búsqueda por distintos puntos de la capital de Bolívar y sus alrededores.
Tatiana había llegado a Cartagena en noviembre de 2024 con el propósito de adelantar su etapa de prácticas clínicas, un requisito indispensable para culminar su formación universitaria en medicina. Como ocurre con muchos estudiantes del área de la salud, su estadía en la ciudad estaba ligada al proceso formativo dentro del hospital, donde compartía con otros practicantes y profesionales de la institución. Su desaparición, ocurrida cuando estaba a punto de avanzar en la fase final de su carrera, generó una profunda conmoción tanto entre sus compañeros como en el entorno académico y médico que la conocía.
Tras conocerse el caso, las autoridades iniciaron una investigación que incluyó la revisión de cámaras de seguridad, la recolección de testimonios y operativos de búsqueda en diferentes zonas de Cartagena, incluidos sectores cercanos al hospital y áreas costeras. Con el paso de los meses, los familiares han insistido en que la investigación avance con mayor rapidez y claridad, pues a medida que se aproxima el primer aniversario de la desaparición, el caso continúa sin pistas concluyentes que permitan establecer qué ocurrió con la joven.
En medio de las diligencias investigativas, uno de los elementos que generó expectativas fue el análisis de los dispositivos electrónicos de la estudiante, particularmente su computador personal. Según relataron recientemente sus familiares en el pódcast “Voz de fondo”, la Fiscalía tuvo en su poder ese equipo durante cerca de tres meses después de la desaparición, con el objetivo de examinar la información almacenada en él y determinar si existían datos relevantes que ayudaran a reconstruir las horas previas a su desaparición o a identificar posibles contactos o situaciones que pudieran resultar clave para el caso.
Lucy Díaz y Carlos Hernández, familiares de la joven, explicaron en ese espacio que el computador fue incautado inicialmente en la habitación donde Tatiana residía dentro del Hospital Naval, un día después de que se reportara su desaparición. Durante ese tiempo, el dispositivo permaneció bajo custodia de los investigadores, junto con otros equipos de la estudiante, como su teléfono celular y una tablet.
Sin embargo, según lo expuesto por la madre de la joven en el mencionado pódcast, el computador fue devuelto posteriormente a la familia sin que se les informara que no había sido posible analizar su contenido. Durante ese periodo, relató, las autoridades señalaron que habían recopilado información proveniente de los distintos dispositivos de Tatiana, lo que llevó a los familiares a creer que el análisis digital había sido realizado con normalidad.
Con el paso del tiempo, al intentar conocer los resultados concretos de esa revisión, surgieron dudas dentro de la familia sobre el alcance real de las diligencias realizadas. De acuerdo con el testimonio de Díaz, fue entonces cuando comenzaron a sospechar que el computador no había sido examinado adecuadamente, presuntamente porque los investigadores no contaban con la clave de acceso necesaria para ingresar al sistema. Según afirmó la madre de la estudiante, tampoco se les habría consultado a los familiares si podían aportar información que permitiera desbloquear el dispositivo o facilitar su análisis.
Ante esa situación y preocupados por el curso de la investigación, los familiares decidieron contratar investigadores privados para intentar obtener información adicional a partir de los dispositivos de la joven. Según relató Díaz, esos especialistas sí habrían logrado realizar un análisis del computador y revisar parte de la información almacenada en él.
Posteriormente, una vez conocidos los resultados preliminares de esa revisión independiente, la Fiscalía volvió a solicitar el equipo para someterlo nuevamente a análisis dentro del proceso oficial. Según el relato de la familia, las autoridades pidieron que el computador fuera entregado nuevamente y, si era posible, que se compartiera también un resumen de los hallazgos obtenidos por los investigadores privados.
De acuerdo con lo informado por los familiares, el dispositivo fue entregado nuevamente a las autoridades a finales del mes pasado para continuar con las diligencias técnicas. Sin embargo, la situación ha generado un profundo sentimiento de frustración e impotencia entre los allegados de la estudiante, quienes aseguran que durante estos meses han tenido que enfrentar numerosas dificultades para obtener información clara sobre el avance de la investigación.
En el pódcast citado, la madre de Tatiana expresó que uno de los aspectos que más les duele es la falta de transparencia en la comunicación con las autoridades. Según manifestó, la familia hubiera preferido que se les informara con claridad si existían limitaciones técnicas o dificultades en el análisis de los dispositivos, en lugar de enterarse posteriormente de que algunas diligencias no se habían realizado como se esperaba.
Mientras se desarrolla esta nueva etapa de análisis del computador, el caso de Tatiana Hernández continúa abierto y sin una explicación definitiva. A medida que se acercan once meses desde su desaparición, la familia mantiene la esperanza de que alguna pista, ya sea proveniente de los dispositivos electrónicos, de nuevos testimonios o de otras líneas investigativas, permita finalmente esclarecer qué ocurrió con la joven estudiante de medicina y conocer su paradero.





