En un significativo giro de la estrategia militar, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han reconocido oficialmente que desarmar por completo a la milicia chiíta Hezbolá resulta un objetivo “poco realista” en el escenario actual del conflicto. Según informes de inteligencia militar israelíes obtenidos por diversos medios internacionales, las autoridades castrenses admiten que lograr el desarme total de la facción requeriría una invasión a gran escala y la ocupación de todo el territorio libanés, una opción que el gobierno israelí no está dispuesto a asumir en este momento.
Esta admisión marca un cambio en la retórica oficial, pasando del objetivo explícito de “desmantelar la capacidad militar” de Hezbolá a un enfoque más limitado de “degradación de capacidades” y creación de una zona de seguridad en la frontera. Funcionarios del establishment de seguridad israelí señalaron que desarmar completamente al partido-milicia implicaría “avanzar de aldea en aldea y de pueblo en pueblo” por todo el Líbano, lo que ha sido descartado por inviable debido a los costos políticos, humanos y logísticos.
“Se requiere modestia respecto a la posibilidad de desarmar a Hezbolá”, declararon fuentes militares a los medios israelíes. “Ni el gobierno ni el ejército libanés tienen capacidad para hacerlo, y aunque teóricamente solo el ejército israelí podría lograrlo, las condiciones actuales no lo permiten”.
En lugar de la eliminación total del arsenal de Hezbolá —que incluye cohetes de precisión, misiles balísticos y una vasta red de túneles—, las FDI han redefinido sus metas operativas. Los esfuerzos actuales se centran en establecer una “profunda zona de amortiguamiento de seguridad” en el sur del Líbano, destruyendo infraestructura y empujando a las fuerzas de élite de la milicia, como la unidad Radwan, hacia el norte del río Litani.
El portavoz militar confirmó que las divisiones 91, 146, 36 y 162 lideran actualmente una ofensiva terrestre concentrada en el sur. En el último mes, las FDI afirman haber atacado más de 3.500 objetivos, incluyendo almacenes de armas, lanzaderas y centros de comando, así como la eliminación de aproximadamente 1.000 combatientes de Hezbolá . Sin embargo, el ejército es consciente de que la milicia mantiene grandes arsenales dispersos al norte del Litani, particularmente cohetes autopropulsados de difícil localización sin una invasión masiva.
Desde el lado libanés, fuentes cercanas a Hezbolá indicaron que la milicia se prepara para un conflicto que podría extenderse “entre cuatro y seis meses”, rechazando las versiones israelíes sobre su debilitamiento. Los combatientes chiítas aseguran haber recuperado la iniciativa táctica mediante el uso de unidades móviles pequeñas, misiles guiados antitanque (como los Kornet) y emboscadas planeadas para desgastar a las tropas invasoras.
“La estrategia de Hezbolá es arrastrar a Israel a una guerra de desgaste prolongada, lo que contrasta con la dependencia tradicional israelí de golpes rápidos y decisivos”, señalaron analistas de seguridad citados por el medio *The New Arab*. La milicia también habría levantado las restricciones previas sobre el uso de misiles más avanzados, incluyendo el lanzamiento reciente de proyectiles Scud de largo alcance hacia las ciudades de Ashdod y Ascalón.
El reconocimiento de las limitaciones israelíes se produce en medio de una intensa presión diplomática para desactivar el conflicto. Quince países europeos, encabezados por Italia y España, instaron a Israel a respetar la soberanía libanesa y cesar los ataques, al tiempo que apoyaron los esfuerzos del gobierno libanés para poner todas las armas bajo control estatal.
El gobierno libanés, en un movimiento histórico, ha encargado a su ejército la elaboración de un plan para desarmar a Hezbolá a finales de año, aunque la milicia ha reiterado su negativa a entregar sus arsenales mientras persista lo que considera “ocupación israelí” . Estados Unidos, a través de su enviado Tom Barrack, ha instado a Israel a cumplir con el alto el fuego y retirar sus tropas de cinco puntos estratégicos en el sur, condicionando su retirada a pasos concretos del Líbano.
Mientras las FDI avanzan hacia el río Litani y consolidan una nueva zona de ocupación de entre dos y cuatro kilómetros dentro del Líbano, la realidad sobre el terreno refleja un escenario de estancamiento. El objetivo de desarmar a Hezbolá, enunciado con fuerza al inicio de la escalada bélica, ha quedado relegado a un horizonte lejano que ningún actor —ni Beirut ni Jerusalén— parece capaz de alcanzar en el corto plazo .





