Rifas en campaña electoral: otra forma sutil de constreñir a los electores.

La reciente rifa impulsada por simpatizantes de Revolución Ciudadana para reunir fondos destinados al pago de multas electorales volvió a encender el debate sobre los mecanismos de control del financiamiento político en Ecuador. Más allá de la polémica alrededor del correísmo, el caso reabre cuestionamientos sobre la capacidad real de las autoridades para vigilar el origen de los recursos que circulan en este tipo de actividades.

Aunque la legislación ecuatoriana contempla normas para supervisar los ingresos de organizaciones políticas, especialistas advierten que el principal desafío sigue siendo operativo: rastrear de forma efectiva la procedencia del dinero y verificar cómo se financian estos eventos.

El analista político Alfredo Espinosa señaló que las rifas y actividades similares han sido utilizadas históricamente en espacios políticos, especialmente durante campañas electorales. Sin embargo, advirtió que muchas veces no existe claridad sobre quién financia los premios o de dónde provienen los recursos empleados.

Según explicó, el sistema ecuatoriano actúa principalmente con controles posteriores, cuando el dinero ya fue recaudado y utilizado. “No existe una figura preventiva que permita verificar en tiempo real la procedencia de esos fondos”, indicó. Espinosa considera que entidades como el Consejo Nacional Electoral (CNE) y la Unidad de Análisis Financiero y Económico (UAFE) deberían fortalecer los mecanismos de fiscalización para garantizar la trazabilidad de los recursos. Entre las tareas pendientes menciona la necesidad de identificar quién entrega los premios, cuánto dinero se recauda y bajo qué mecanismos ingresan esos aportes.

Para el analista, además del componente económico, estas actividades también cumplen una función política. En el caso de Revolución Ciudadana, sostiene que la rifa busca reforzar el discurso de respaldo a Luisa González y movilizar simpatizantes alrededor de una causa común.

La normativa ecuatoriana sí contempla controles sobre actividades susceptibles de ser utilizadas para lavado de activos. La ley incluye a los organizadores de rifas entre los actores obligados a reportar información financiera a la UAFE y establece que las operaciones que no puedan justificarse adecuadamente pueden ser consideradas sospechosas.

El abogado constitucionalista Edison Guarango explicó que cualquier ingreso económico vinculado a organizaciones políticas debe ser supervisado por el CNE. No obstante, reconoció que el problema aparece cuando resulta difícil identificar quién financia los premios o cuando los aportes se realizan mediante pequeñas contribuciones en efectivo.

“Es complicado rastrear cientos o miles de aportes mínimos de cinco o diez dólares. Ahí la capacidad operativa del Estado se ve limitada”, afirmó. El debate no se limita a este caso puntual. Una revisión de publicaciones en redes sociales muestra que actividades similares también han sido promovidas por actores vinculados a la política local en distintas provincias del país, mediante rifas, bingos y eventos comunitarios masivos.

Especialistas coinciden en que este tipo de mecanismos representan uno de los principales retos para las autoridades de control, debido a la dificultad de supervisar aportes pequeños, donaciones informales y movimientos de dinero en efectivo fuera de campañas oficiales.

La discusión, en el fondo, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta clave: si las instituciones ecuatorianas cuentan realmente con las herramientas necesarias para garantizar transparencia en el financiamiento político y evitar el ingreso de recursos de origen dudoso.

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