Antes de su debut en el Mundial de 2026, Colombia vuelve a pisar territorio norteamericano con un objetivo muy distinto al de hace 32 años: dejar atrás los recuerdos más dolorosos de su historia mundialista y construir una nueva página en el escenario más importante del fútbol.
La selección dirigida por Néstor Lorenzo iniciará su participación este 17 de junio frente a Uzbekistán en Ciudad de México. Luego se medirá ante República Democrática del Congo en Guadalajara y cerrará la fase de grupos en Miami frente a Portugal, el rival más exigente del Grupo K.
El regreso a Estados Unidos inevitablemente despierta recuerdos de la Copa del Mundo de 1994. Aquella selección colombiana llegó como una de las grandes favoritas tras su histórica victoria 5-0 sobre Argentina en Buenos Aires y con una generación brillante encabezada por Carlos Valderrama, Faustino Asprilla, Freddy Rincón y Andrés Escobar.
Sin embargo, las expectativas se derrumbaron rápidamente. Colombia fue eliminada en la fase de grupos tras caer ante Rumanía y Estados Unidos. Días después ocurrió la tragedia que marcó para siempre al fútbol colombiano: el asesinato de Andrés Escobar en Medellín, un episodio que trascendió lo deportivo y se convirtió en una herida nacional.
Tres décadas después, el panorama es completamente distinto. La mayoría de los integrantes de la actual selección apenas eran niños o ni siquiera habían nacido cuando ocurrió aquel episodio. Para ellos, la historia de 1994 pertenece a los libros, documentales y relatos familiares, no a una experiencia propia.
Además, Colombia ha disputado múltiples torneos en suelo estadounidense durante los últimos años, especialmente Copas América, por lo que el país anfitrión ya no representa un recuerdo traumático sino un escenario habitual dentro del fútbol internacional.
Uno de los grandes protagonistas de esta nueva aventura será James Rodríguez. El capitán colombiano regresa a una Copa del Mundo en lo que podría ser su última participación en el torneo.
Su relación con los Mundiales ha estado marcada por contrastes. En Brasil 2014 alcanzó la cima de su carrera, lideró a Colombia hasta los cuartos de final, conquistó la Bota de Oro con seis anotaciones y dejó para la historia su inolvidable gol ante Uruguay en el Maracaná, posteriormente reconocido con el Premio Puskás.
Cuatro años después, en Rusia 2018, las lesiones limitaron su rendimiento y la selección fue eliminada en octavos de final frente a Inglaterra. Más tarde llegó la frustración de Catar 2022, torneo al que Colombia ni siquiera logró clasificarse.
Cuando parecía que el protagonismo de James comenzaba a apagarse, Néstor Lorenzo decidió apostar nuevamente por él. El técnico argentino, conocedor del entorno de la selección tras su paso como asistente de José Pékerman, le devolvió confianza y liderazgo dentro del equipo.
La decisión terminó siendo acertada. James recuperó influencia en el juego colombiano y volvió a sentirse importante, al punto de convertirse en una de las figuras de la Copa América 2024, donde fue elegido como el mejor jugador del certamen.
Mientras James representa la experiencia, Luis Díaz simboliza el presente y el futuro de la selección. El extremo guajiro llega al Mundial consolidado como la principal figura colombiana en el fútbol europeo y como uno de los jugadores más desequilibrantes del continente.
Su crecimiento ha sido constante desde sus inicios en Barrancas hasta convertirse en referente internacional. Velocidad, capacidad de desborde y liderazgo ofensivo hacen de Díaz una de las principales armas de Colombia para competir en el torneo.
El trabajo de Lorenzo también ha sido determinante en la evolución del equipo. El entrenador mantuvo la esencia futbolística heredada de la era Pékerman, pero añadió mayor intensidad, renovación generacional y una estructura más agresiva en ataque.
Sobre el papel, Colombia parte como favorita para su estreno ante Uzbekistán, una selección que disputará el primer Mundial de su historia. Sin embargo, el combinado cafetero sabe que los excesos de confianza pueden ser peligrosos, una lección aprendida precisamente en 1994.
Con jugadores experimentados como David Ospina y Camilo Vargas, la solidez defensiva de Daniel Muñoz, el despliegue de Richard Ríos, la creatividad de James y el desequilibrio de Luis Díaz, Colombia llega con argumentos para ilusionarse.
La selección inicia una nueva aventura mundialista sin el peso de generaciones anteriores. Una escuadra que respeta su historia, pero que mira hacia adelante. El recorrido comienza ante Uzbekistán en México, aunque la verdadera prueba de fuego llegará más adelante frente a Portugal en Miami, donde se medirán las aspiraciones reales de un equipo que busca volver a competir entre los mejores del mundo.





