El niño que ha pasado de fenómeno a espécimen mortífero

El fenómeno de El Niño ya no es una amenaza lejana ni una probabilidad estadística. Se ha consolidado, se está intensificando y, según el último boletín de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), está en camino de convertirse en un evento de intensidad “muy fuerte” antes de alcanzar su punto máximo a finales de este año. Pero lo más inquietante no es su magnitud actual, sino su persistencia: los modelos climáticos coinciden en que sus efectos se prolongarán hasta bien entrado 2027, con una probabilidad de continuidad casi del 100% hasta febrero de ese año.

Por primera vez en sus cinco décadas de historia, la OMM ha emitido un boletín El Niño/La Niña con un nivel de certeza tan rotundo. La red de expertos de los Centros Mundiales de Producción de la OMM ha alcanzado un consenso prácticamente unánime, un hecho que subraya la excepcionalidad de lo que está ocurriendo en el Pacífico tropical. Las temperaturas oceánicas no solo son anormalmente altas; están batiendo récords históricos, alimentando un ciclo de retroalimentación que convierte a este episodio en uno de los más potentes jamás registrados.

Celeste Saulo, secretaria general de la OMM, ha sido clara al advertir que “pese a su nombre aparentemente inofensivo, El Niño tiene el potencial de asestar un duro golpe a comunidades y economías de todo el mundo”. La advertencia no es retórica: ya estamos viendo las primeras manifestaciones de su poder en forma de sequías devastadoras en el sudeste asiático, inundaciones récord en el Cuerno de África y temperaturas extremas en el sur de Europa y Norteamérica.

El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, ha elevado el tono de la alerta al nivel de emergencia global. “El fenómeno de El Niño está adquiriendo enormes proporciones ante nuestros ojos. La ciencia no deja lugar a dudas: el planeta se adentra en aguas desconocidas, aguas que se están calentando”, afirmó. Guterres introdujo una metáfora que resume la urgencia del momento: “Estamos ahora en una carrera contrarreloj entre los riesgos crecientes y nuestro compromiso de emprender acciones para hacer frente al clima y proteger a las personas. Y es una carrera que no podemos perder”.

Sus palabras reflejan una realidad incómoda: El Niño no opera en el vacío. Se superpone a un contexto de calentamiento global acelerado, donde cada fracción de grado adicional amplifica sus efectos. La temperatura de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial ya supera los umbrales que en el pasado definieron eventos catastróficos como los de 1982-1983, 1997-1998 o 2015-2016. Este episodio, advierten los climatólogos, podría superarlos a todos.

El Niño es, en esencia, un desestabilizador de los patrones climáticos planetarios. Sus efectos se distribuyen de manera asimétrica pero brutal:

– América Latina: el fenómeno traerá lluvias torrenciales a la costa oeste de Sudamérica, con riesgo de inundaciones y deslizamientos en países como Ecuador, Perú y el norte de Chile. En contraste, el Caribe y Centroamérica enfrentarán condiciones de sequía que amenazan la seguridad alimentaria y los recursos hídricos. Brasil, por su parte, podría experimentar un patrón mixto: lluvias abundantes en el sur y escasez en el norte, afectando la producción de soja y otros cultivos clave.

– Asia y el Pacífico: Indonesia, Filipinas y el norte de Australia se preparan para sequías prolongadas que ya están afectando la producción de arroz y los niveles de embalses. India, que depende de los monzones, podría ver precipitaciones por debajo de lo normal, con repercusiones directas para la agricultura que alimenta a más de 1.400 millones de personas.

– África: el Cuerno de África, que acaba de salir de una sequía histórica de cinco años, enfrenta ahora el riesgo opuesto: inundaciones que podrían desplazar a cientos de miles de personas y propagar enfermedades transmitidas por el agua. El sur del continente, incluidos países como Sudáfrica y Zimbabue, podría sufrir una combinación letal de sequía y olas de calor.

– Europa y Norteamérica: los inviernos serán más cálidos y húmedos en el sur de Estados Unidos y el norte de México, mientras que el noroeste del Pacífico y el oeste de Canadá podrían experimentar sequías invernales. Europa, por su parte, se enfrenta a una mayor probabilidad de olas de calor extremo durante el verano, un fenómeno que ya ha cobrado decenas de miles de vidas en los últimos años.

El impacto de este episodio excepcional de El Niño en Colombia será profundo y multifacético, afectando desde la matriz energética hasta la producción de alimentos, pasando por la estabilidad de ecosistemas estratégicos como la Amazonía. El país sudamericano, que ya ha vivido episodios severos en el pasado, se enfrenta ahora a una tormenta perfecta: un evento climático extremo que llega en el momento de mayor fragilidad estructural de su sistema energético y productivo.

El sector eléctrico colombiano, que depende en un 61% de la energía hidráulica, se encuentra en una “zona de equilibrio frágil”, según un informe de la Dirección de Investigaciones Económicas de Grupo Cibest . Los embalses de las tres regiones que concentran el 92,3% del volumen útil de agua —Antioquia, Centro y Oriente— ya operan por debajo de la senda de referencia fijada por la CREG, y en Antioquia, la de mayor peso, se tocaron mínimos históricos en julio y agosto.

La situación es particularmente alarmante porque la demanda eléctrica crece un 5,8% en lo corrido de 2026, muy por encima del promedio histórico del 3,8%. Al mismo tiempo, el parque generador solo está recibiendo 19 de cada 100 megavatios que se esperaban, debido a cuellos de botella en el licenciamiento ambiental y las consultas previas.

El Índice Oceánico Relativo (RONI) proyecta que la anomalía de temperatura en el Pacífico alcanzará su pico cerca de 2,7°C por encima del promedio histórico en diciembre, con una probabilidad superior al 90% de que El Niño se consolide como “muy fuerte” entre octubre y diciembre. Esto significa que Colombia se adentra en los meses más críticos justo cuando el sistema energético muestra sus mayores grietas.

El respaldo recae sobre la generación térmica, que depende en más del 45% de gas importado —casi dos veces más caro que el nacional— debido a que la producción local cayó un 27% en el último año y medio. Sin la entrada oportuna de nuevos proyectos de regasificación, el sistema podría enfrentar un faltante promedio de 110 GBTUD entre marzo de 2027 y febrero de 2028, con un pico de 192 GBTUD en el último mes de ese periodo .

El impacto de un racionamiento eléctrico, como el vivido en 1992-1993 cuando el crecimiento económico se redujo 1,5 puntos, podría hoy ser amplificado por la mayor dependencia digital y la electrificación del transporte. Además, un episodio severo de El Niño podría añadir entre 0,7 y 1,9 puntos porcentuales a la inflación anual.

El Ideam ya reporta para este jueves 3 de septiembre temperaturas máximas superiores a los valores habituales en diferentes sectores del país, con alerta roja por calor extremo en departamentos como La Guajira, Cesar, Magdalena, Bolívar, Norte de Santander, Tolima y Huila, entre otros. Barranquilla podría alcanzar los 35°C, Cali 34°C, Cartagena 33°C y Medellín 32°C .

El meteorólogo Max Henríquez advierte que este escenario es el preludio de meses críticos que se avecinan: “Todos los centros internacionales que monitorean el Pacífico y El Niño indican que a partir de septiembre se incrementarán significativamente las temperaturas superficiales del océano y, con ello, sus impactos en el clima de muchos sitios del mundo, incluida Colombia. Esto es que se inician meses con déficits de lluvias y sequías, y olas de calor, afectando la producción hidroenergética, agropecuaria, el suministro de agua a la población y los incendios forestales”.

Los efectos de El Niño ya son tangibles en el sector agropecuario. Fedegán reportó que en el Huila, uno de los departamentos más afectados, se han registrado 365 bovinos muertos, 1.037 animales desplazados y 243.055 hectáreas afectadas en los 37 municipios de la región. A nivel nacional, las pérdidas en el sector ganadero ascienden a 70.833 millones de pesos, considerando el valor de más de 15.000 animales muertos, la reducción de la producción de carne y leche, y los costos de desplazamiento de cientos de miles de bovinos.

Los incendios forestales se han convertido en un multiplicador de la tragedia: las llamas ya han consumido más de 32.000 hectáreas y otras 222.561 permanecen en riesgo, mientras el Ideam mantiene vigilancia sobre 165 municipios por riesgo de incendios de cobertura vegetal.

El sector cafetero tampoco se salva. La Federación Nacional de Cafeteros advierte que la producción de café caerá a 12,5 millones de sacos en 2026, un 8% menos que en 2025, atribuyendo esta disminución precisamente al impacto de El Niño . El fenómeno afecta tanto por las fuertes lluvias registradas en los primeros meses del año como por la sequía que comienza a sentirse ahora.

Una de las preocupaciones más profundas de los expertos es el impacto sobre la Amazonía colombiana. Max Henríquez advierte que “la selva del Amazonas se verá afectada por esa sequía, disminuyendo los caudales del río Amazonas y sus afluentes, generándose graves incendios forestales y temperaturas altas (olas de calor)”. La combinación de sequía prolongada y temperaturas elevadas podría convertir a uno de los ecosistemas más importantes del planeta en un emisor neto de carbono, acelerando el cambio climático en lugar de mitigarlo.

Paradójicamente, mientras el país se prepara para la sequía, algunas regiones aún enfrentan lluvias intensas. El Ideam pronostica para hoy precipitaciones moderadas a fuertes en sectores de Córdoba, Bolívar, Magdalena, Cesar, Sucre y La Guajira, así como en Antioquia, Santander, Norte de Santander, Boyacá, Cundinamarca, Tolima, el Eje Cafetero y Huila. En Guayabetal, las lluvias han provocado el colapso de un puente y mantienen en alerta a la comunidad, recordando la tragedia de Quebradablanca, donde deslizamientos causaron múltiples víctimas.

Henríquez advierte que esta etapa lluviosa en la Orinoquia y el piedemonte llanero, típica de los meses de mitad de año, será reemplazada por meses críticos de poca lluvia: “Ya he dicho que en los llanos llueve en los meses de mitad de año, porque es su invierno normal, pero con evento de El Niño un poco más. Esta etapa lluviosa va a ser reemplazada por meses críticos de poca lluvia en la Orinoquia y Amazonia, causando sequías”.

Ante la magnitud de la amenaza, la OMM ha activado un nivel de respuesta que nunca antes había desplegado en sus 50 años de existencia. La organización está coordinando con los Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales (SMHN) de todo el mundo para mejorar la capacidad de pronóstico, emitir alertas tempranas y diseñar planes de contingencia sectoriales.

“Este episodio excepcional de El Niño exige medidas de preparación y respuesta excepcionales”, subrayó Saulo. La estrategia incluye no solo el monitoreo climático, sino también la colaboración con agencias humanitarias de la ONU y gobiernos nacionales para proteger a las poblaciones más vulnerables: agricultores, comunidades costeras, personas desplazadas por desastres y sectores enteros de la economía que dependen de la estabilidad climática.

El trabajo conjunto abarcará sectores sensibles como la agricultura (donde las cosechas están en riesgo), la salud (con el aumento de enfermedades vectoriales y golpes de calor), la energía (con la presión sobre los sistemas hidroeléctricos) y los recursos hídricos (con la escasez de agua potable en regiones ya estresadas).

Consciente de la magnitud de la amenaza, el Gobierno colombiano ha presentado una estrategia de prevención que contempla 50 acciones estratégicas enfocadas en fortalecer la confiabilidad del sistema eléctrico y el abastecimiento de gas natural. El Ministerio de Minas y Energía, a través de la Comisión Asesora de Coordinación y Seguimiento de la Situación Energética, ha implementado un tablero de control administrado por la UPME y ha establecido coordinación técnica semanal entre las entidades del sector.

La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) ya había emitido en abril lineamientos de preparación y alistamiento, estructurados en tres ejes: conocimiento del riesgo, reducción del riesgo y manejo de desastres. Las recomendaciones incluyen la identificación de escenarios de riesgo por desabastecimiento hídrico e incendios forestales, la promoción del uso eficiente del agua, el fortalecimiento de mecanismos de protección financiera como los seguros agropecuarios, y el alistamiento de capacidades institucionales para la respuesta .

El Ministerio de Ambiente ha hecho un llamado a reforzar las acciones de ahorro y uso eficiente del agua y la energía, evitar las quemas abiertas y fortalecer las medidas de prevención frente a posibles emergencias. Los científicos llevan años advirtiendo que el cambio climático no está creando El Niño, sino que está alterando su comportamiento. La pregunta que muchos se hacen es: ¿estamos ante un evento natural excepcional o ante el nuevo estándar de un planeta que se calienta sin freno?

La temperatura media global ya ha superado en más de 1.5°C los niveles preindustriales en algunos meses de los últimos años. Este episodio de El Niño, sumado al calentamiento de fondo, podría llevar al planeta a territorios térmicos inéditos. La OMM no especula, pero sus datos son inequívocos: el océano está almacenando cantidades récord de calor, y ese calor eventualmente se libera en forma de fenómenos extremos.

El Niño 2026-2027 no es un titular más sobre el clima. Es una prueba de fuego para la capacidad de anticipación y respuesta de la humanidad, y para Colombia, una nación que ya ha vivido los estragos de eventos anteriores, la prueba será particularmente severa. La combinación de un sistema energético frágil, una producción agropecuaria vulnerable y ecosistemas estratégicos como la Amazonía en la línea de fuego dibuja un escenario que exige acción inmediata y coordinada.

La advertencia de Guterres resuena con claridad: estamos en una carrera contrarreloj. Pero no es una carrera que se gane con velocidad; se gana con planificación, cooperación y voluntad política. Los boletines de la OMM son el mapa de una tormenta que ya está aquí. Ahora queda decidir si navegamos con previsión o si esperamos a que el oleaje nos arrastre. Porque, como bien advirtió el secretario general, esta es una carrera que no podemos permitirnos perder.

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