Abusos a inmigrantes detenidos, sobre todo a niños, dan origen a nueva demanda contra E.U.

Un reciente conjunto de testimonios ha puesto en evidencia las condiciones precarias que enfrentan las familias inmigrantes detenidas en un centro de Texas, reavivando las inquietudes entre los abogados que defienden a menores migrantes. Estas denuncias forman parte de un pleito legal donde el gobierno busca eliminar ciertas garantías que protegen a los niños en custodia migratoria.

Las familias alojadas en el centro de detención de Dilley, que volvió a operar en marzo, reportaron problemas como agua potable constantemente turbia, demoras en la atención médica y largas estancias en el lugar, situaciones que afectan directamente a los menores. Además, denunciaron conflictos entre niños y adultos por el acceso al agua limpia, así como condiciones de estrés para los menores.

Estas denuncias surgieron a mediados del año cuando el gobierno del expresidente Donald Trump solicitaba a una jueza federal en Los Ángeles, Dolly Gee, la suspensión de una política conocida como el Acuerdo de Flores. Dicha política limita el tiempo que la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) puede mantener retenidos a los niños y exige que las condiciones sean seguras y higiénicas.

Tras una solicitud de la jueza para que el gobierno detalle los tiempos de detención, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) reportó una reducción de la estancia promedio de menores bajo custodia de seis a cinco días entre junio y julio. No obstante, los abogados que representan a los inmigrantes señalaron que varios niños permanecen detenidos semanas o meses sin motivo claro.

Desde la reapertura, unas 65 familias han relatado sus experiencias a sus abogados. Según Leecia Welch, subdirectora legal de Children’s Rights, muchas de estas familias son capturadas en distintas partes del país y cumplen con sus citas en tribunales migratorios y revisiones de ICE, pero enfrentan pésimas condiciones.

Entre las quejas, el agua del grifo presenta un color turbio y olor desagradable que ha provocado malestares estomacales. El jabón disponible para las duchas ha causado irritaciones en la piel, y los niños tienen dificultades para consumir los alimentos proporcionados. Además, a los detenidos se les permite comprar artículos básicos, pero a precios elevados; por ejemplo, el agua embotellada cuesta 1.21 dólares y un desodorante hasta 5.73 dólares.

Los retrasos en la atención médica son otro problema grave. En un caso, un niño con dolor abdominal tuvo que esperar seis horas para ser atendido y solo fue hospitalizado cuando comenzó a vomitar, diagnosticándosele apendicitis. Otro menor fue llevado a un hospital solo dos horas después de haberse caído y lastimado un brazo.

Los padres denunciaron también la ausencia de actividades para los niños dentro del centro, mientras que un menor expresó que ha perdido la fe, debido a la angustia de la situación prolongada. Se reporta además que algunas familias son liberadas temporalmente para luego ser detenidas de nuevo al presentarse a citas con ICE, perpetuando un ciclo de detención y liberación.

Estas revelaciones subrayan las persistentes deficiencias en la atención y trato a niños migrantes en los centros de detención de Estados Unidos, en plena discusión legal sobre la continuidad o no de las protecciones establecidas para los menores en estas circunstancias.

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