Actriz celebra una década sin alcohol: estuvo a punto de accidentarse con su hija, conduciendo ebria.

La reconocida actriz alemana Muriel Baumeister, de 54 años, famosa por series como “Una casa en la Toscana”, rompió su silencio en un programa de entrevistas de un grupo de autoayuda para relatar su larga batalla contra el alcoholismo. Con una sinceridad desgarradora, Baumeister confesó cómo el consumo de alcohol se fue “normalizando” peligrosamente en su día a día hasta convertirse en una prisión de cristal.

“He bebido toda mi vida”, reveló la intérprete, describiendo cómo el ritual se transformó en dependencia: “Cuando empiezas a beber a solas y sientes ansiedad si no hay alcohol en casa, es momento de encender las alarmas”. Lo que comenzó como algo social terminó siendo una necesidad física que dañó gravemente su salud, provocándole una gastritis crónica. “Cada amanecer vomitaba, pero inmediatamente volvía a beber, especialmente vino blanco”, confesó con crudeza.

Aunque no hubo un detonante único, la depresión prenatal antes del nacimiento de su tercera hija intensificó su caída. El momento más oscuro llegó en octubre de 2016, cuando fue detenida conduciendo con 1,4 gramos de alcohol en sangre y su hija pequeña en el vehículo, rozando una barandilla por milagro sin causar daños. El posterior juicio destapó públicamente su adicción. Hoy, al recordarlo, le sobrecoge “lo normal que me parecía todo estando en ese estado”.

Dos intentos de rehabilitación fracasaron porque, admite, “intentaba encontrar la manera de beber de forma controlada”. Solo cuando aceptó que eso era imposible, comenzó la verdadera recuperación. En octubre de 2017, tomó la decisión drástica pero vital de ingresar voluntariamente en la unidad psiquiátrica cerrada del hospital Charité de Berlín.

Hoy, Baumeister celebra llevar “casi diez años sobria”, pero no olvida la hipocresía de la industria del entretenimiento. Con amargura denuncia el doble rasero: “Los actores pueden beber hasta morir —no mencionaré nombres— y luego rechazan públicamente a una mujer, y su carrera termina”. Para ella, ese juicio social supuso un golpe demoledor en su trayectoria profesional.

Su testimonio se suma a otras voces que han visibilizado recientemente la lucha contra la adicción, como el cantante Ben Zucker, quien desarrolló dependencia al alcohol durante la pandemia, o los relatos de hijos de alcohólicos que aún arrastran heridas profundas. La actriz demuestra que la recuperación es posible, aunque el camino deje cicatrices imborrables.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *