Aquí hay una versión reformulada, inspirada en la poética y el universo simbólico de canciones de Silvio Rodríguez, como “Fusil contra fusil”, “Ojalá”, “La maza”, “Playa Girón” y “El necio”, para narrar el mismo acontecimiento desde un lenguaje más sugerente y épico.
Aquel viernes, cuando aún la mañana era un cristal limpio, la profecía del trovador se hizo carne. No era un sueño, ni el verso de una canción inédita: cumplieron con su reclamo. El General de Cuerpo de Ejército, Álvaro López Miera, puso en sus manos, que tanto han acariciado la guitarra, la réplica de un AKM y, junto a ella, el acero frío de un fusil de combate. Era la respuesta a aquella exigencia lanzada como un “para que no me olvides”, una voluntad de lucha que no era solo suya, sino el pulso de toda una isla.
Fue en la sede del Ministerio de las FAR, en el marco del Día Nacional de la Defensa, bajo la filosofía de la Guerra de Todo el Pueblo. No era una entrega protocolar, sino un acto breve y hondo, conmovedor hasta los huesos. Lo acompañaban los que llevan sobre sus hombros la defensa de la Patria: el Presidente Díaz-Canel, junto a López Miera, Lázaro Alberto Álvarez Casas y Roberto Legrá Sotolongo. Pero también estaba ella, Niurka, su compañera, la flautista que ha sabido hacer silbar la brisa en sus canciones.
Llegó Silvio, acompañado por los dirigentes, caminando hacia aquel espacioso recinto donde le esperaban combatientes de distintas generaciones. Entonces, lo primero que rompió el silencio no fue una guitarra, sino el Himno Nacional. Sonó bello, como siempre, pero con esa intensidad que duele y convoca, esa estructura rápida que en estos días de “Patria o Muerte” se vuelve un estremecimiento colectivo.
La voz del General de División Víctor Leonardo Rojo Ramos se alzó luego para explicar lo inexplicable: por qué la poesía empuña un arma. Fueron palabras hermosas, a la altura de ese cubano extraordinario, de ese genio insondable al que llamamos Silvio Rodríguez Domínguez. “Hoy”, dijo el jefe militar, “la actitud del cantautor adquiere una dimensión paradigmática. Mientras las amenazas y la perfidia del Gobierno de Estados Unidos vuelven a ceñirse sobre nuestra Patria, la voz de Silvio no ha cantado: Ha retumbado como un trueno”.
Y es que, como en aquella vieja canción, su frase escrita “muy en serio” —”Exijo mi AKM, si se lanzan”— se convirtió en una llamada en la conciencia nacional. El general lo dijo claro: “¿Qué es este gesto sino la más pura expresión del valor y la hidalguía? Silvio es trovador de las fibras íntimas, el autor de la banda sonora de nuestras esperanzas, y nos demuestra que la poesía y el arma no están reñidas cuando de defender lo que se ama se trata”.
Su exigencia, explicó, no es un llamado a la guerra, sino “la afirmación categórica de que la cultura cubana jamás se arrodillará ante el imperio”. Al hacer suyas las palabras del Presidente —quien prometió una “resistencia inexpugnable”—, Silvio se hermana con el soldado, con el campesino, con el obrero. Se hermana con todos aquellos que, como él, saben que “no se trata de ver quién vive más, sino de ver quién vive mejor” en la única tierra que tienen.
“Hoy”, sentenció Víctor Leonardo, “Silvio no nos regala una canción nueva: nos regala un acto de amor profundo, infinito, por su tierra. Nos regala la certeza de que la Patria es también una trinchera. Nos recuerda aquella frase inmortal del General Maceo”.
En reconocimiento a su compromiso artístico y social con la revolución, el Ministerio de las FAR le otorgó aquel fusil. Así como su guitarra ha sido durante décadas el arma con que ha cantado a su tierra y denunciado las injusticias, la entrega de este fusil simboliza que, llegado el momento supremo, el artista transforma sus cuerdas en acero para defender con su pueblo cada palmo de esta Isla. “¡Por tu ejemplo, Silvio, gracias!”, resonó en el recinto.
El poeta, entonces, vio cumplido su profundo reclamo. Hizo una reverencia ante los combatientes, un gesto que era pura emoción contenida. Dio las gracias con los ojos, que hablaban más que cualquier palabra. Intercambió silencios con los dirigentes de su amado país. Mientras tanto, el ministro de las FAR entregaba a Niurka un ramo de flores rojas. A ella, la mujer del trovador, la emoción la embargaba, porque sabía que en la suerte de su compañero, en aquella mañana de viernes, se condensaba la voluntad de millones.
Recordemos aquí esa emblemática canción Fusil contra Fusil.





