El proceso contra Dahbia Benkired se abrió el viernes 17 de octubre de 2025 en la Cour d’assises de Paris, por el asesinato con violación y tortura de la menor de 12 años Lola Daviet. Los hechos ocurrieron el 14 de octubre de 2022 en el distrito 19 de París: Lola, que regresaba del colegio, fue abordada por Benkired en la entrada del edificio donde vivían sus padres, que eran conserjes. Posteriormente, el cuerpo de la niña fue encontrado en un baúl de plástico rígido en el patio del mismo edificio, con signos extensos de tortura, heridas e indicios de asfixia.
¿Por qué este juicio plantea un misterio? Aunque la culpabilidad de Benkired quedó clara para los investigadores, por ejemplo: cámaras que la graban con Lola entrando al edificio, y luego con un maletero pesado que contiene el cuerpo de la niña, uno de los grandes interrogantes es por qué cometió el crimen con esa brutalidad, si los informes psiquiátricos han concluido que no padecía un trastorno mental que anulase su responsabilidad penal. Benkired es de origen argelino. En el momento de los hechos tenía 24 años. Vivía precariamente en Francia: llegó con visado de estudiante, pero tras su expiración se le emitió una «obligación de abandonar el territorio francés» (OQTF) que no se cumplió.
Vivía con su hermana en el mismo edificio donde trabajaban los padres de Lola. Ese nexo de vecindad fue clave para el hecho. La investigación apunta a que días antes del crimen había realizado búsquedas en internet sobre brujería/ “sortilèges” y que había estado fumando cannabis de forma intensa.
Lola, nacida el 18 de julio 2010, regresaba del colegio cuando fue abordada. La menor fue llevada al apartamento de la hermana de Benkired, en el sexto piso del edificio. Hubo tortura: uso de tijeras y cúter, ataduras con cinta adhesiva alrededor de la cabeza, cara, nariz y boca de la víctima, provocando asfixia.
El cuerpo fue depositado en un baúl o maleta, arrastrado por la calle, y abandonado. Testigos vieron a Benkired con la maleta/tronco poco después del crimen. Los informes de los tres expertos que examinaron a Benkired concluyeron que no presentaba trastorno psicótico ni trastorno bipolar, ni pérdida de discernimiento en el momento de los hechos.
Eso significa que, según ellos, era penalmente responsable de sus actos: no hubo invalidez de la capacidad de comprender o querer. No obstante, se señala que podía presentar rasgos de personalidad manipuladora, mentirosa o “psicopatía” en sentido amplio, pero sin que ello equivalga a una exculpación legal automática.
Entre los elementos investigados aparece un conflicto previo con la madre de Lola, quien habría negado a Benkired el acceso al edificio (un problema con una tarjeta/entrada). Esto pudo generar resentimiento. No obstante, dicho motivo no explica por sí solo la brutalidad del crimen, la tortura, ni la transportación del cuerpo en un baúl.
Las búsquedas relacionadas con brujería, el consumo de drogas, la vida precaria de la acusada, todo suma al escenario, pero no lo explican completamente. En la audiencia se denominó este aspecto como «¿por qué lo hizo?», dado que no cabe en un marco clásico de “locura” eximente, sino en una acción consciente y deliberada.
La calificación de “locura” que popularmente se puede aplicar no se adecua aquí al marco judicial que manejan los tribunales franceses. En Francia, la responsabilidad penal depende de la capacidad de discernimiento y control de la voluntad en el momento de los hechos. Los expertos han dicho que Benkired tenía esa capacidad. Eso obliga a los jueces y al público a considerar que estamos ante una elección consciente o semi-consciente de cometer el crimen, no ante alguien que actuó sin saber lo que hacía.
Este dato añade a la sensación de horror: si ella era responsable, entonces la magnitud del acto se vuelve aún más incomprensible, porque no se reduce a “una irrupción psicótica” sino a una voluntad, o al menos a una cadena de decisiones, de la acusada. En ese sentido, la pregunta que usted plantea —“¿cómo pudo cometer semejante locura sin estar loca?”— se responde desde el expediente: no estaba legalmente “loca” en términos de cribado psiquiátrico, aunque claramente su conducta se aparta por completo de lo que socialmente consideramos humano.
Este crimen ha sido usado como símbolo en el debate francés sobre inmigración, control de visas, expulsiones y políticas de seguridad. La familia de la víctima ha pedido explícitamente que la memoria de Lola no sea “instrumentalizada políticamente”. También aparece en el juicio la idea de precariedad, marginación, consumo de drogas, vida sin contención social como factores que rodeaban a la acusada, aunque no justifican el crimen. El juicio está previsto que dure hasta el 24 de octubre de 2025.
Benkired se enfrenta a la réclusion criminelle à perpétuité, la pena máxima en Francia para delitos que combinan asesinato de menor, violación, tortura o actos de barbarie. La sala de audiencias ha visto momentos emotivos: la familia de Lola llorando al ver las imágenes, la acusada pidiendo perdón en tonos fríos, los expertos explicando que no había trastorno invalidante.
El juicio de Dahbia Benkired no sólo es un proceso criminal más, sino que toca facetas profundas: la brutalidad extrema de un crimen, la aparente normalidad psiquiátrica de la acusada, y la gran dificultad de comprender “por qué” alguien hace algo tan inhumano cuando técnicamente está en condiciones de saber lo que hace. Aunque la culpabilidad material es clara, los interrogantes morales, psicológicos y sociales permanecen abiertos. Los psiquiatras forenses la catalogan como una mujer con “perversidad estructural”.





