Una mujer canadiense de 56 años experimentó un fenómeno neurológico poco común tras sufrir un accidente cerebrovascular y someterse posteriormente a una intervención quirúrgica: su forma de hablar cambió hasta parecer que tenía acento extranjero, pese a no haber aprendido otro idioma ni vivido fuera de su país.
En noviembre de 2023, Tara Livingston sufrió un derrame cerebral que le dejó secuelas en el habla, un síntoma frecuente cuando se ven afectadas las áreas cerebrales responsables del lenguaje y la coordinación motora de la voz. Después de meses de rehabilitación, fue operada cerca del ojo por una condición relacionada con su proceso médico. La cirugía no presentó complicaciones relevantes, pero al despertar notó que su voz sonaba distinta: su entonación y pronunciación recordaban a un acento extranjero que antes no tenía.
Este tipo de alteración no implica que la persona adopte un nuevo idioma ni que “imite” un acento de forma consciente. Más bien, refleja cambios neurológicos en los patrones de articulación del habla.
Los especialistas consideran que casos como este corresponden al **Síndrome de Acento Extranjero (SAF)**, un trastorno neurológico extremadamente raro descrito por primera vez a comienzos del siglo XX. La evidencia científica indica que suele aparecer tras lesiones cerebrales como accidentes cerebrovasculares, traumatismos craneales o, con menor frecuencia, enfermedades neurodegenerativas.
Desde el punto de vista clínico, el SAF no consiste en hablar otro idioma, sino en modificaciones sutiles de la prosodia —ritmo, entonación y duración de las sílabas— y de la articulación de ciertos sonidos. Estos cambios pueden hacer que el habla recuerde a un acento concreto para los oyentes, aunque no exista un aprendizaje lingüístico real. Revisiones médicas recientes siguen señalando que hay muy pocos casos documentados en el mundo, lo que dificulta comprender completamente sus mecanismos.
El lenguaje oral depende de una red compleja que integra regiones encargadas de planificar movimientos, controlar la respiración, coordinar la lengua y los labios, y procesar la gramática y el significado. Cuando una lesión altera estos circuitos, el cerebro puede reorganizarse para recuperar la función, pero a veces lo hace de manera imperfecta, generando patrones de pronunciación distintos a los originales.
Investigaciones en neurociencia sugieren que pequeñas variaciones en la sincronización y precisión de los movimientos del habla bastan para producir la percepción de un acento diferente. Por ello, el SAF se considera más un trastorno motor del habla que un problema lingüístico propiamente dicho.
Más allá de lo clínico, el cambio de voz puede afectar la identidad y la vida cotidiana de quienes lo padecen. Las personas suelen recibir preguntas constantes sobre su origen o enfrentarse a malentendidos sociales.
La terapia del lenguaje es el tratamiento principal. Algunos pacientes recuperan gradualmente su acento previo gracias a la rehabilitación intensiva, mientras que en otros los cambios persisten a largo plazo. La evolución depende de la extensión de la lesión cerebral y de la capacidad de plasticidad del cerebro.
El caso de Livingston pone de relieve hasta qué punto el cerebro humano sigue siendo enigmático. Aunque el síndrome del acento extranjero está documentado científicamente, su baja frecuencia hace que todavía existan muchas incógnitas sobre por qué ocurre y cómo prevenirlo o revertirlo por completo. Lo que sí está claro es que no se trata de un fenómeno misterioso ni psicológico, sino de una consecuencia neurológica real de daños en los circuitos del habla.





