Puede que sea la escena más infame, o a lo sumo polémica, de toda la historia del cine. El drama sexualmente explícito “El último tango en París”, dirigido por el cineasta italiano Bernardo Bertolucci y estrenado en 1972, narra la compleja aventura entre un hombre maduro llamado Paul y una joven llamada Jeanne, quienes se encuentran y mantienen encuentros furtivos en un apartamento de París.
La polémica se centra especialmente en la llamada “escena de la mantequilla”, que no formaba parte del guion original. Algunos detalles de dicha secuencia se filmaron sin el consentimiento previo de la actriz Maria Schneider, entonces de 19 años, lo que repercutió profundamente en su vida personal y profesional. Esta escena, en la que su personaje es sometido a una violación simulada con el uso de mantequilla como lubricante por parte del personaje de Marlon Brando, fue una idea improvisada en el set por Brando y Bertolucci, sin informarle antes a Schneider, quien expresó haber sentido que fue violada de verdad, describiendo la experiencia como humillante y traumática.
Schneider enfrentó durante años problemas de adicción y trastornos mentales relacionados con la experiencia y la fama que le llegó abruptamente. Su historia y las circunstancias del rodaje ahora son relatadas en la película titulada “Maria”, protagonizada por Matt Dillon como Marlon Brando y Anamaria Vartolomei interpretando a Schneider. La directora Jessica Palud se basó en un libro de 2018 escrito por Vanessa Schneider, prima de Maria, para recrear estos hechos y dar voz a la actriz, cuya experiencia ha sido revisitada en un contexto de mayor conciencia sobre los abusos en la industria cinematográfica.
La película y la vida de Schneider evidencian una época en la que muchas actrices jóvenes fueron explotadas por directores y figuras de poder, un patrón que se ha empezado a denunciar abiertamente en años recientes con movimientos como #MeToo. La película “Maria” no solo busca contar esta historia, sino también reflexionar sobre las desigualdades y abusos que permitían que situaciones así quedaran impunes y que las voces de las víctimas fueran silenciadas.
Maria Schneider fue marcada para siempre por esa escena y la película, que la convertían en un símbolo sexual frente al público, cuando en realidad era una joven con deseos de ser reconocida como actriz. Su carrera y vida personal sufrieron las consecuencias de este episodio, que tanto ella como su familia denunciaron con valentía.





