El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, compareció en declaración institucional para analizar la escalada de tensión internacional tras el ataque inicial lanzado por Estados Unidos e Israel contra objetivos en Irán el pasado sábado. En su intervención, trasladó la “solidaridad del pueblo español con los países atacados ilegalmente por el régimen iraní” y advirtió de la incertidumbre que se abre a partir de ahora.
“Nadie sabe con certeza qué pasará. Ni siquiera están claros los objetivos de quienes iniciaron esta ofensiva”, señaló al inicio de su discurso, alertando de que el conflicto podría prolongarse y tener “consecuencias a escala global”.
Sánchez defendió que la postura de España es “clara y coherente” y la sintetizó en un mensaje directo: “no a la guerra”. Rechazó lo que definió como la ruptura del orden internacional y la idea de que los problemas globales solo puedan resolverse mediante la fuerza. “No podemos asumir que el mundo se arregla con bombas ni repetir los errores del pasado”, afirmó.
En ese contexto, evocó la experiencia de la guerra de Irak y el papel del llamado Cumbre de las Azores, en la que participaron José María Aznar, George W. Bush y Tony Blair. A su juicio, aquella decisión desembocó en un escenario de mayor inseguridad, inestabilidad energética y tensiones económicas en Europa. “Ese fue el regalo del trío de las Azores: un mundo más inseguro y una vida peor”, resumió.
Aunque reconoció que aún es pronto para anticipar si la actual crisis tendrá efectos comparables, expresó su convicción de que de esta guerra “no surgirá un orden internacional más justo”, sino más incertidumbre económica y posibles subidas en los precios del gas y el petróleo.
Tras el estallido del conflicto, el Gobierno español rechazó que Estados Unidos utilizara las bases militares conjuntas de Rota y Morón en el marco de esta operación. La reacción del presidente estadounidense, Donald Trump, incluyó amenazas de embargo y de ruptura de relaciones comerciales con España.
El Ejecutivo respondió que cualquier medida de ese tipo debería respetar los acuerdos suscritos con la Unión Europea y la libertad de actuación de las empresas privadas. Sin mencionar directamente a Trump, Sánchez criticó que algunos dirigentes “usen el humo de la guerra para tapar su fracaso” y subrayó que España no será “cómplice de algo malo para el mundo por miedo a represalias”.
El presidente anunció que el Gobierno activará los mecanismos habituales de asistencia a los ciudadanos españoles en Oriente Próximo que deseen regresar al país. Asimismo, aseguró que el Ejecutivo analiza distintos escenarios para mitigar el eventual impacto económico del conflicto sobre empresas y familias.
Sánchez defendió que España dispone de recursos suficientes para afrontar esta crisis, como ya hizo —según recordó— durante la pandemia, la crisis energética y las tensiones arancelarias. También expresó su voluntad de colaborar con los países que apuestan por el respeto al derecho internacional y de trabajar en una respuesta coordinada con los socios europeos y aliados.
En la parte final de su intervención, insistió en que España seguirá “exigiendo” el cese de las hostilidades y una solución pacífica. Recalcó que el país es miembro pleno tanto de la OTAN como de la Unión Europea y que esta crisis afecta directamente a sus intereses.
“No se puede responder a una ilegalidad con otra”, afirmó, alertando de que ese tipo de dinámicas son el origen de los grandes desastres históricos. Como en el caso de Irak, explicó, España puede rechazar el régimen iraní sin respaldar una intervención militar.
Sánchez concluyó reivindicando que el Gobierno se sitúa “del lado de la legalidad internacional, de la paz y de los principios de la Carta de la ONU”, junto a otros gobiernos y millones de ciudadanos que, dijo, reclaman estabilidad y prosperidad en lugar de una nueva guerra prolongada.





