En un anuncio histórico que refleja la creciente preocupación de la comunidad científica internacional, el Boletín de Científicos Atómicos ha ajustado el simbólico Reloj del Apocalipsis a 85 segundos antes de la medianoche, la posición más cercana al cataclismo global en sus casi ochenta años de existencia.
El prestigioso instrumento metafórico, creado en 1947 por científicos que incluían al propio Albert Einstein y a J. Robert Oppenheimer, padre de la bomba atómica, nunca antes había mostrado una perspectiva tan sombría sobre el futuro de la humanidad.
Los expertos del Boletín citaron una peligrosa convergencia de factores que justifica este ajuste de cuatro segundos respecto al año anterior. La guerra entre Rusia y Ucrania, ahora en su cuarto año, ha visto pruebas rusas de armas con capacidad nuclear. Simultáneamente, Corea del Norte continúa expandiendo su arsenal nuclear y fortaleciendo alianzas estratégicas, mientras China aumenta significativamente su stockpile de cabezas nucleares. Particularmente preocupante es la inminente expiración en febrero del último gran tratado de control de armas entre Estados Unidos y Rusia, que pondría fin a seis décadas de restricciones nucleares entre las principales potencias.
El 2025 registró la tercera temperatura promedio global más alta de la historia, acompañada de eventos climáticos extremos mortales: desde inundaciones catastróficas en la República Democrática del Congo hasta olas de calor que cobraron decenas de miles de vidas en Europa. La retirada de Estados Unidos de los compromisos climáticos internacionales bajo la administración Trump ha debilitado significativamente la respuesta global.
La inteligencia artificial alcanza niveles de sofisticación que generan temores fundados sobre su potencial uso en desarrollo de armamento y campañas de desinformación masiva. Paralelamente, científicos advierten sobre los riesgos existenciales de la “vida espejo” – células sintetizadas en laboratorio que podrían desencadenar pandemias incontrolables y colapsos ecosistémicos.
El Boletín señala el preocupante ascenso de “autocracias nacionalistas” en múltiples naciones, con líderes en Estados Unidos, Rusia y China priorizando la competencia agresiva sobre la cooperación internacional. Esta dinámica de “suma cero” erosiona los mecanismos diplomáticos esenciales para abordar crisis globales.
“Los riesgos catastróficos aumentan, la cooperación disminuye y nos estamos quedando sin tiempo”, declaró Alexandra Bell, presidenta y directora ejecutiva del Boletín. “El cambio es necesario y posible, pero la comunidad mundial debe exigir a sus dirigentes que actúen con rapidez y responsabilidad”.
Desde Tokio, Hideo Asano, coordinador de la Campaña Japonesa para la Abolición de las Armas Nucleares, expresó: “Esta advertencia confirma que enfrentamos el riesgo más alto de guerra nuclear desde el final de la Guerra Fría. El unilateralismo no es solución a riesgos existenciales que requieren cooperación global”.
El Reloj ha sido objeto de críticas por su naturaleza subjetiva, con algunos detractores considerándolo un recurso publicitario o una versión del cuento del “pastor y el lobo”. Sin embargo, su trayectoria refleja consistentemente las tensiones geopolíticas: desde su punto más optimista en 1991 (17 minutos para la medianoche tras la caída de la URSS) hasta su actual posición crítica.
Los eventos de 2025 que influyeron en el ajuste incluyen no solo los mencionados, sino también el escalamiento del conflicto India-Pakistán, ataques contra instalaciones nucleares iraníes, el anuncio del sistema de defensa “Cúpula Dorada” que podría militarizar el espacio, y el desmantelamiento de la infraestructura de salud pública estadounidense que reduce la capacidad de respuesta ante pandemias.
El mensaje del Boletín es claro: la humanidad se encuentra en un punto de inflexión histórico donde las decisiones de los próximos meses podrían determinar si retrocedemos del borde del abismo o caemos en él. La advertencia de 85 segundos no es una predicción de fatalismo, sino un llamado a la acción colectiva, a la renovación de la cooperación internacional y al rechazo del nacionalismo cortoplacista frente a amenazas que no reconocen fronteras.
Mientras el reloj simbólico marca su hora más oscura, la pregunta que resuena en comunidades científicas, políticas y civiles en todo el planeta es si la humanidad posee la sabiduría y voluntad colectiva para retroceder las manecillas hacia un futuro viable.





