Los países de la Unión Europea (UE) han dado un paso decisivo este viernes hacia la aprobación del histórico acuerdo de libre comercio con el Mercosur, tras obtener el respaldo mayoritario necesario en una reunión de representantes en Bruselas. Sin embargo, este avance se produce ante la firme y destacada oposición de Francia, que junto a Austria, Hungría, Irlanda y Polonia, votó en contra de la firma del pacto.
La negativa francesa no es un obstáculo menor. El país, cuyo sector agropecuario lleva semanas movilizado, lidera las críticas al considerar que el acuerdo representa una amenaza existencial para los agricultores europeos. Alegan que la entrada masiva de productos sudamericanos —como carne, soja o miel, producidos bajo normas consideradas menos rigurosas y a costos más bajos— desestabilizaría gravemente el mercado comunitario.
Pese a este bloqueo, el visto bueno de una mayoría de estados miembros —con Italia cambiando su postura inicial a cambio de más garantías para sus agricultores— allana el camino para que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, viaje a Asunción el lunes para firmar el texto. El acuerdo, negociado durante más de un cuarto de siglo, busca crear la zona de libre comercio más grande del mundo, con más de 700 millones de habitantes.
No obstante, el futuro del tratado sigue siendo incierto y la firma no implica su entrada en vigor. El proceso debe superar ahora el escrutinio del Parlamento Europeo, donde unos 150 eurodiputados ya amenazan con acciones legales para bloquearlo. Además, la resistencia encabezada por Francia deja patente la profunda división en la UE: mientras países como España y Alemania defienden el pacto como una oportunidad estratégica frente a China y Estados Unidos, “el eje crítico alerta sobre un sacrificio inaceptable del sector primario europeo”.
La Comisión ha intentado calmar los ánimos con concesiones, como cláusulas de salvaguardia que activarían investigaciones ante caídas de precios o aumentos bruscos de importaciones. Sin embargo, para Francia y sus aliados, estas medidas “no son suficientes para compensar los riesgos de lo que califican como una competencia desleal”, manteniendo así una tensión que trasciende la firma diplomática y se enraíza en el malestar social de sus campos.





