¡Increíble! Salón Internacional de la Agricultura de París, por primera vez, sin vacas ni aves.

El Salón Internacional de la Agricultura de París abrió sus puertas en el recinto ferial de la Puerta de Versalles en París marcado por una situación inédita: la ausencia casi total de ganado bovino en su pabellón principal, tradicionalmente el más concurrido del evento. Por primera vez en décadas, los visitantes no encontraron las habituales vacas lecheras, toros de razas emblemáticas ni terneros que suelen simbolizar la potencia agrícola francesa, lo que evidenció la profundidad de la crisis que atraviesa el sector.

La decisión de los ganaderos de no trasladar sus animales a la capital se produjo pese a los llamamientos del presidente Emmanuel Macron, quien había manifestado su preocupación por el impacto simbólico y económico de esta ausencia. Las organizaciones del sector argumentaron que no podían asumir el riesgo sanitario ni el estrés que implicaría exponer al ganado tras meses marcados por brotes epidémicos y restricciones sanitarias. Esta postura también priva a los dirigentes políticos de las habituales imágenes mediáticas del salón, donde suelen interactuar con los animales y los productores.

El detonante principal de esta situación ha sido la propagación de la dermatosis nodular contagiosa, una enfermedad viral que afecta al ganado bovino y que apareció en el verano de 2025 en la región alpina de Saboya, extendiéndose posteriormente a otras zonas ganaderas del país. La crisis obligó al sacrificio preventivo de animales, restricciones de movimiento y pérdidas económicas significativas para los productores de carne y leche. Las autoridades sanitarias han reforzado los controles, pero el temor a nuevos contagios sigue condicionando las decisiones del sector.

La ganadería avícola tampoco ha recuperado plenamente su presencia en el evento. Desde el gran brote de gripe aviar de 2019, las aves han estado ausentes o muy limitadas en la feria, y aunque la campaña nacional de vacunación de patos ha permitido reducir la gravedad de la epidemia reciente, Francia continuaba a finales de 2025 en nivel de alto riesgo sanitario. A mediados de febrero de 2026, el Ministerio de Agricultura había contabilizado más de un centenar de focos activos, lo que mantiene bajo estricta vigilancia a las explotaciones.

Este contexto sanitario se suma a otras dificultades estructurales que enfrenta la agricultura francesa, como el aumento de los costos de producción, las tensiones comerciales, el cambio climático y las protestas de agricultores registradas en los últimos años. El salón, que tradicionalmente celebra la diversidad y fortaleza del campo francés, se ha convertido en esta edición en un reflejo de la fragilidad del modelo agrícola y de la necesidad de reformas para garantizar su sostenibilidad.

A pesar de la ausencia de animales emblemáticos, la feria mantiene su programación centrada en la innovación tecnológica, la transición ecológica y el debate sobre el futuro de la agricultura europea. Para muchos observadores, esta edición simboliza un punto de inflexión: un sector obligado a reinventarse frente a crisis sanitarias recurrentes y a una creciente presión económica y ambiental que redefine el papel del campo en Francia y en toda la Unión Europea.

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