El ajedrez, un juego que ha visto surgir genios con personalidades intensas y a veces tormentosas, vuelve a enfrentarse a una tragedia. Daniel Naroditsky, gran maestro estadounidense conocido por su brillantez y carisma, murió a los 29 años, dejando consternada a la comunidad que lo admiraba tanto por su talento como por su humildad.
Naroditsky, quien empezó a destacar desde la infancia —liderando la clasificación nacional en su categoría a los 9 años—, se convirtió en uno de los grandes referentes del ajedrez en línea. Su estilo accesible, su sentido del humor y su actitud abierta frente al juego lo convirtieron en una figura querida en plataformas como YouTube y Twitch, donde reunió a cientos de miles de seguidores. “En ningún otro juego fallas tanto antes de empezar a hacerlo bien”, dijo al New York Times en 2022, en una frase que ahora resuena con tristeza. El domingo por la noche, Naroditsky fue hallado inconsciente en su domicilio en Charlotte, Carolina del Norte. Las autoridades aún investigan las causas de su muerte, sin descartar un posible suicidio, una sobredosis o causas naturales.
Su fallecimiento ha provocado una ola de conmoción y también de indignación. Muchos jugadores y seguidores han señalado al excampeón mundial ruso Vladimir Kramnik como responsable de un acoso persistente, tras insinuar públicamente que Naroditsky hacía trampa en sus partidas en línea. “Ha destruido una vida”, escribió el gran maestro indio Nihal Sarin. Levy Rozman, conocido como GothamChess, se sumó a las críticas: “Es imposible separar la tragedia de Danya del trato que recibió de alguien que fue su ídolo”.
Kramnik, de 50 años, ha negado cualquier ataque personal. En una declaración reciente aseguró que jamás insultó a Naroditsky y que vincularlo con su muerte “traspasa los límites de la moralidad humana básica”. También afirmó que fue víctima de amenazas de muerte desde que estalló la polémica.
El conflicto entre ambos se remonta a varios meses atrás. Kramnik, quien ha emprendido una cruzada contra las trampas en el ajedrez en línea, insinuó en videos y publicaciones que Naroditsky —a quien llamaba “el soldado Danya”— podía estar actuando de manera poco transparente. Aunque evitó acusarlo directamente, sus comentarios sembraron dudas que afectaron la reputación del joven maestro.
Amigos y colegas aseguran que la presión lo afectó profundamente. Su actividad en redes disminuyó y sus últimas transmisiones mostraban a un Naroditsky visiblemente agotado. En una de ellas, dos días antes de su muerte, habló con pesar sobre el conflicto: “No hay nada que desearía más que esto nunca hubiera ocurrido”.
El caso ha reabierto el debate sobre el impacto del acoso digital en el ajedrez moderno. Con la explosión de plataformas en línea y la popularidad renovada del juego —gracias a la pandemia, Gambito de dama y la presencia de grandes figuras en Twitch—, las sospechas de trampas se han multiplicado. Las computadoras y los algoritmos han cambiado las reglas del juego, y el ajedrez rápido o “bala”, la especialidad de Naroditsky, se presta a controversias de este tipo. Sin embargo, análisis técnicos recientes no encontraron evidencia de trampa por parte de Naroditsky. Kenneth W. Regan, investigador de la Universidad de Buffalo, revisó sus partidas y concluyó que su desempeño no presentaba irregularidades.
El jueves, familiares y amigos se reunieron en San Francisco para despedirlo. La Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) anunció una investigación sobre las declaraciones públicas de Kramnik. Desde Chess.com, donde Naroditsky colaboraba como comentarista, su fundador Daniel Rensch lo recordó con admiración: “Demostró que se podía ser un genio sin ser arrogante”. “Danya era realmente amado”, resumió Rensch. Su muerte deja un vacío profundo en una comunidad que, entre el talento y la tensión, sigue buscando la mejor jugada posible para preservar su humanidad.





