Tras la confirmación oficial del hallazgo de los cuerpos sin vida de dos adolescentes reportadas como desaparecidas en Malambo, empezó a reconstruirse una trama marcada por el cierre del Carnaval, decisiones impulsivas propias de la edad, tensiones entre pandillas locales y la influencia de estructuras armadas ilegales que operan en el Atlántico.
Sheerydan Sofía, de 14 años, y Keyla Nicolle Hernández Noriega, de 17, salieron de su vivienda en el barrio La Sierrita, en Barranquita, la noche del 17 de febrero. Según relató su madre, María Noriega, ambas estaban en casa cuando comenzaron a intercambiar mensajes con unos jóvenes que habían conocido durante el fin de semana de Carnaval. “Les enviaron un carro. Cuando les preguntamos a dónde iban, dijeron que regresaban enseguida”, recordó. No volvieron.
La desaparición desató una intensa búsqueda y múltiples hipótesis. Una de las líneas que investigan las autoridades señala que las jóvenes habrían acudido a un encuentro donde también estaban presentes integrantes de grupos delincuenciales, entre ellos presuntos miembros de Los Costeños. En ese lugar, al parecer, se produjo un enfrentamiento que habría desencadenado los hechos violentos.
Dentro de esa hipótesis, Keyla Nicolle fue señalada como supuesta colaboradora de una estructura rival. De acuerdo con versiones conocidas en el proceso, en su celular habrían sido encontrados mensajes que indicarían su intención de suministrar información sobre un joven apodado “el Mono”. Esa sospecha habría motivado una represalia.
La reconstrucción preliminar sugiere que la joven de 17 años fue asesinada primero. La menor de 14 habría permanecido retenida varios días antes de ser también asesinada. Sus cuerpos fueron enterrados en una zona montañosa del municipio.
Durante los 13 días que duró la desaparición, la familia recibió llamadas extorsivas. La madre contó que los responsables exigieron inicialmente 50 millones de pesos a cambio de la liberación. Ante su imposibilidad de reunir esa suma —pues trabaja como empleada doméstica—, la cifra fue reducida progresivamente a 20 y luego a 10 millones. “Que enviara cinco primero y me entregaban a la niña de 14. Me mandaban fotos donde la apuntaban con un revólver. Nunca me mostraron a la de 17”, relató. La negociación nunca se concretó.
En medio de las investigaciones, el Gaula de la Policía capturó en una clínica del norte de Barranquilla a Juan David, conocido como alias “Tata”. También fue aprehendido un adolescente de 17 años, alias “el Mono”, señalado como presunto autor material de los disparos.
Según información oficial, este último se había fugado en 2025 de un centro de reclusión para menores en Barranquilla y, posteriormente, habría sido reclutado por el frente 33 de las disidencias de las Farc. Tras varios meses fuera del departamento, regresó recientemente al Atlántico, donde las autoridades indagan sobre la posible conformación de una célula de ese grupo armado en la zona.
El caso de las hermanas Hernández Noriega pone en evidencia un escenario complejo: jóvenes atraídos por la celebración, contactos recientes con personas vinculadas a redes criminales y un territorio en el que confluyen delincuencia común y estructuras armadas ilegales.
Por ahora, los investigadores continúan con el análisis de comunicaciones, la toma de declaraciones y la recopilación de pruebas forenses para esclarecer plenamente lo ocurrido y establecer responsabilidades.





