La caída en picada del régimen fiscal en EE.UU. ¿el fin de Trump?

La deuda nacional de Estados Unidos se aproxima a niveles sin precedentes en tiempos de paz, reavivando el debate sobre si el presidente Donald Trump es responsable de la que economistas califican como una futura “bomba fiscal”, o si se trata de una tendencia estructural que trasciende a cualquier administración.

Según datos recientes del Tesoro y organismos independientes, la deuda federal estadounidense ya supera los 38,5 billones de dólares, el nivel más alto registrado en la historia del país, tras décadas de déficits acumulados.

Proyecciones oficiales indican que el endeudamiento continuará aumentando con rapidez durante la próxima década. La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) prevé que la deuda en manos del público pasará de alrededor del 101 % del PIB en 2026 al 120 % en 2036, superando el récord anterior alcanzado tras la Segunda Guerra Mundial.

En paralelo, el déficit presupuestario anual también seguirá creciendo. Para el año fiscal 2026 se calcula un déficit de 1,85 billones de dólares (5,8 % del PIB), impulsado por recortes fiscales, envejecimiento poblacional y el aumento del coste de los intereses.

De hecho, los pagos netos de intereses ya se han convertido en una de las mayores partidas del gasto federal, superando incluso el gasto en defensa en algunos periodos recientes.

Diversos análisis atribuyen parte del deterioro fiscal a decisiones adoptadas durante el segundo mandato de Trump. Entre ellas destacan: La extensión de recortes de impuestos aprobados en 2017, ahora prolongados mediante una gran ley fiscal de 2025 y nuevas medidas comerciales y migratorias con impacto presupuestario.

Un informe citado por analistas señala que estas políticas podrían añadir 1,4 billones de dólares adicionales al déficit en la próxima década, mientras que la extensión de los recortes fiscales por sí sola implicaría cerca de 4,7 billones en mayores números rojos.

Sin embargo, la administración Trump sostiene que el crecimiento económico derivado de sus políticas —incluyendo inversión industrial y avances en inteligencia artificial— compensará parcialmente el aumento de la deuda.

Economistas advierten que culpar exclusivamente a Trump simplifica un problema complejo. La deuda estadounidense es el resultado de múltiples factores acumulados durante décadas: Factores estructurales clave, programas sociales obligatorios, que el gasto en Seguridad Social y Medicare aumenta automáticamente debido al envejecimiento de la población, altos costos de intereses, las tasas elevadas encarecen el servicio de la deuda existente, déficits persistentes de administraciones previas, crisis financieras, guerras y estímulos económicos que han incrementado el endeudamiento durante gobiernos de ambos partidos, un sistema político polarizado y la dificultad para acordar recortes de gasto o subidas de impuestos que perpetúa los déficits.

Además, expertos señalan que reducir la inmigración —otra política asociada a Trump— puede disminuir la base laboral y fiscal futura, afectando los ingresos del Estado.

Hay, además, riesgos económicos y geopolíticos —como el crecimiento de la deuda—, plantea varias amenazas potenciales:

  • Menor margen para responder a futuras crisis económicas o bélicas.
  • Aumento de los tipos de interés y del coste del crédito.
  • Riesgos para la estabilidad financiera global, dado el papel del dólar como moneda de reserva. Analistas advierten que la trayectoria actual podría limitar la capacidad de Washington para mantener su liderazgo económico internacional.

Si no se aplican reformas fiscales profundas, Estados Unidos podría enfrentar en los años treinta niveles de deuda nunca vistos en tiempos de paz. Algunos escenarios contemplan: Mayor presión para subir impuestos o recortar prestaciones, conflictos políticos recurrentes por el techo de la deuda, debates sobre sostenibilidad del modelo fiscal estadounidense.

Aun así, el tamaño de la economía estadounidense y la demanda global de bonos del Tesoro continúan proporcionando un colchón que evita una crisis inmediata. La inminente escalada de la deuda estadounidense no puede atribuirse únicamente al liderazgo de Donald Trump, aunque sus políticas fiscales y económicas han contribuido a acelerarla. Más bien, se trata de una tendencia estructural agravada por decisiones políticas recientes.

La verdadera incógnita no es si la deuda seguirá creciendo —todo indica que sí— sino cuándo y cómo Washington decidirá enfrentar una bomba fiscal que amenaza con definir el futuro económico del país. Si bien el presidente Donald Trump puede no ser el responsable único de esta crisis fiscal, las consecuencias negativas para la estabilidad macroeconómica estadounidense pueden pasarle una factura política al actual mandatario, muy difícil de pagar.

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