La masturbación sí es benéfica para la salud de los espermatozoides, confirma un estudio de la Universidad de Oxford.

Una investigación liderada por la Universidad de Oxford ha reabierto el debate científico sobre la fertilidad masculina al aportar evidencia sólida de que el tiempo de almacenamiento del esperma en el organismo afecta de forma directa su calidad, un hallazgo que, además, da sustento a una hipótesis poco explorada: la masturbación podría tener un beneficio adaptativo al eliminar espermatozoides envejecidos o dañados.

El estudio, publicado esta semana y basado en un meta análisis de gran escala, revisó 115 investigaciones en humanos —con cerca de 55.000 participantes— y otras 56 en distintas especies animales. La conclusión es consistente: los espermatozoides “envejecen” mientras permanecen almacenados, independientemente de la edad del individuo, en un proceso conocido como senescencia espermática posmeiótica.

En términos biológicos, ese envejecimiento se traduce en un deterioro progresivo: mayor daño en el ADN, aumento del estrés oxidativo y una reducción significativa de la movilidad y viabilidad de los espermatozoides. La investigación identifica dos mecanismos principales detrás de este fenómeno: por un lado, el desgaste energético —los espermatozoides consumen rápidamente sus reservas— y, por otro, la acumulación de daños celulares que no pueden reparar debido a su limitada capacidad biológica.

En ese contexto, los autores plantean que la eyaculación frecuente, ya sea mediante relaciones sexuales o masturbación, puede mejorar la calidad del semen al “renovar” la población espermática. De hecho, el estudio sugiere que este comportamiento podría tener un valor adaptativo desde el punto de vista evolutivo, al favorecer la expulsión de esperma deteriorado y reemplazarlo por células más recientes y funcionales.

El hallazgo desafía parcialmente las recomendaciones vigentes de la Organización Mundial de la Salud, que aconsejan entre dos y siete días de abstinencia antes de recoger muestras para análisis o tratamientos de fertilidad. Estas guías, sin embargo, fueron diseñadas para maximizar la cantidad de esperma, no necesariamente su calidad, un matiz que ahora cobra relevancia clínica.

De acuerdo con la nueva evidencia, periodos prolongados sin eyaculación pueden aumentar la concentración total de espermatozoides, pero a costa de una mayor proporción de células dañadas. Por el contrario, intervalos más cortos —incluso menores a 48 horas— podrían ofrecer mejores resultados en técnicas de reproducción asistida como la fecundación in vitro, donde la integridad genética del esperma es un factor determinante.

El impacto potencial de estos resultados va más allá del ámbito clínico. Los investigadores sostienen que comprender cómo y por qué se deteriora el esperma durante su almacenamiento puede ayudar a rediseñar protocolos en clínicas de fertilidad, mejorar programas de reproducción en especies en peligro y aportar nuevas claves sobre la evolución de los sistemas reproductivos.

En un contexto global marcado por el descenso de las tasas de natalidad y el retraso en la edad de paternidad, el estudio introduce un elemento adicional en la ecuación: no solo importa cuántos espermatozoides se producen, sino también cuánto tiempo permanecen en el organismo antes de ser utilizados. La fertilidad masculina, concluyen los científicos, no es estática, sino el resultado de un equilibrio dinámico entre producción, almacenamiento y renovación celular.

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