Durante su reciente discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente Donald Trump defendió con vehemencia el vigor de la economía de Estados Unidos, destacando la caída de la inflación y el rápido aumento de los ingresos. Aunque sus afirmaciones incluyen algo de exageración, los indicadores macroeconómicos confirman una economía robusta, con crecimiento del PIB en torno al 2,2% en 2025, desempleo bajo y salarios que superan la inflación.
Sin embargo, Trump parece pasar por alto el principal dolor de los votantes: la asequibilidad diaria. A los estadounidenses les importan menos los acrónimos como PIB o IPC que el costo real de la comida, vivienda, salud, autos, educación y guarderías, que siguen alza pese a las mejoras generales.
La brecha se amplía en una recuperación en forma de K, donde los ricos prosperan gracias al mercado bursátil y propiedades, pero los hogares de bajos ingresos enfrentan morosidad creciente y retrasos en pagos.
Trump culpó a su predecesor por el colapso heredado y elogió sus logros, como recortes fiscales y aranceles, aunque estos últimos elevaron el gasto familiar en unos US$1.000 anuales según estimaciones conservadoras. Tras un fallo de la Corte Suprema que los limitó, prometió nuevas, incluyendo planes de jubilación para no cubiertos por 401(k), apoyo de big tech a medidas energéticas por IA y “Cuentas Trump” para niños.
Estas iniciativas reciben críticas mixtas y tardarán en impactar, mientras Trump se distrae en temas como migración y elecciones, llamando “engaño” a las quejas de asequibilidad, la gente en lasa calles percibe aumento de costo de vida y un estancamiento en la oferta de empleo.
El optimismo de Trump choca con encuestas donde solo el 39% aprueba su gestión económica, arriesgando desconexión antes de las elecciones de noviembre. Frases como “nuestra economía es la envidia del mundo” evocan discursos pasados de rivales, subrayando que la fortaleza macro no basta sin abordar temores personales. Lo cierto es que flota en el ambiente una panorama de recisión y, lo más grave, se ven atisbos de una nueva burbuja inmobiliaria.





