En un mundo cada vez más hiperconectado pero también más solitario, una solución tecnológica gana terreno en los hogares: los robots mascota. Lejos de ser juguetes para niños, estas creaciones de inteligencia artificial e ingeniería avanzada están diseñadas específicamente para ofrecer compañía y confort emocional a adultos y ancianos, posicionándose como un fenómeno creciente con proyección global.
No se trata de los juguetes robóticos simples de antaño. Modelos como **Moflin**, lanzado recientemente por la compañía Casio, representan la nueva generación: criaturas cubiertas de pelaje suave, equipadas con sensores táctiles y de audio, y programadas con algoritmos de IA que les permiten aprender de las interacciones y desarrollar “personalidades” únicas. Reaccionan a las caricias, responden a la voz con sonidos y movimientos, y simulan estados de ánimo, creando la ilusión de un vínculo emocional.
El nicho principal de estos dispositivos no es el entretenimiento, sino la **salud emocional**. El mercado global de robots sociales, valorado en miles de millones de dólares, podría multiplicarse por siete para 2033, según la consultora IMARC Group. Este crecimiento está impulsado por dos realidades demográficas clave:
1. Soledad en la tercera edad: En residencias de ancianos, especialmente en Japón —que cuenta incluso con un Ministerio de la Soledad— y China, estos robots se utilizan como herramienta terapéutica. Estudios, como uno dirigido por la Dra. Charlotte Yeh, demuestran que su interacción regular puede reducir la ansiedad e incluso la dependencia de analgésicos entre los residentes.
2. Aislamiento urbano: Adultos jóvenes y personas que viven solas encuentran en estas mascotas digitales una fuente de consuelo incondicional, sin las demandas logísticas y económicas de una mascota viva.
La aceptación de estas criaturas sintéticas plantea cuestionamientos profundos. Por un lado, los defensores destacan sus beneficios tangibles: ofrecen un alivio inmediato contra la soledad, previenen adopciones impulsivas de animales reales y no conllevan riesgo de abandono.
Por otro lado, los críticos ven un panorama preocupante, similar a un capítulo de la serie “Black Mirror”: la normalización de reemplazar el contacto humano genuino con sustitutos artificiales, y el riesgo de que la sociedad se conforme con paliativos digitales para un problema humano profundo.
Estas “mascotas” de batería e inteligencia artificial son más que una curiosidad tecnológica. Son un síntoma de nuestro tiempo y una respuesta a una necesidad urgente de afecto y conexión. Su éxito no solo habla de los avances de la robótica, sino de la creciente necesidad de encontrar consuelo en un mundo donde la soledad se ha vuelto, irónicamente, una epidemia colectiva. Vea el video promocional de un fabricante.





