En un movimiento que marca un punto de inflexión en la gestión de la crisis migratoria en el Canal de la Mancha, el Gobierno francés ha activado oficialmente un nuevo y contundente protocolo que autoriza a la Gendarmería Marítima a realizar intercepciones directas de embarcaciones neumáticas que transporten migrantes con destino a las costas británicas. La medida, tan esperada como polémica, materializa meses de intensas negociaciones bilaterales con el Reino Unido y eleva la respuesta de Francia a un nivel operativo sin precedentes.
La base de esta nueva estrategia no es una ley pública, sino un documento interno y confidencial fechado el 25 de noviembre, al que ha tenido acceso el diario *Le Monde*. La directriz lleva la firma conjunta de cuatro de las máximas autoridades territoriales y marítimas del norte de Francia: el Prefecto Marítimo del Canal de la Mancha y del Mar del Norte, y los prefectos de los departamentos de Norte, Somme y Paso de Calais. Esta firma cuádruple subraya el carácter transversal y de alta prioridad de la operación, estableciendo el marco legal y táctico para unas intervenciones que hasta ahora no tenían un protocolo unificado tan explícito.
La decisión no surge de la nada. Es el eje central de un renovado acuerdo franco-británico para intentar sellar una de las rutas migratorias más visibles y peligrosas de Europa. Las cifras, abrumadoras, explican la urgencia: desde principios de 2025, cerca de 40.000 personas han logrado completar la travesía. Si se amplía la mirada, el fenómeno, que comenzó a finales de 2018, ha visto llegar a 190.000 migrantes a las costas del Reino Unido en pequeñas embarcaciones.
Estos migrantes proceden mayoritariamente de países en conflicto o con situaciones humanitarias críticas, siendo los nacionales de Irán, Afganistán, Irak, Albania, Siria y Sudán los más numerosos. Contrario a algunos discursos políticos, los datos indican que la mayoría solicita asilo al llegar y consigue obtenerlo, demostrando la legitimidad de sus solicitudes de protección internacional.
El despliegue de la Gendarmería Marítima, un cuerpo con capacidades de intervención directa, representa una militarización significativa del control fronterizo en aguas francesas. Si bien el objetivo declarado es “combatir” las travesías para “salvaguardar vidas” en un mar conocido por sus condiciones traicioneras, la medida no está exenta de profundas controversias.
Organizaciones humanitarias ya han alertado sobre los riesgos de estas intercepciones, que podrían poner en peligro a los migrantes durante las operaciones en el mar y dificultar su derecho a solicitar asilo, un principio consagrado por el derecho internacional.
Por otro lado, los partidarios de la medida argumentan que es un paso necesario para desmantelar las redes de tráfico de personas que se enriquecen con la desesperación de los migrantes, y para aliviar la presión sobre las comunidades costeras francesas.
La efectividad de esta nueva estrategia está por verse. Mientras las autoridades francesas y británicas celebran una mayor cooperación, el éxito final se medirá no solo en la reducción de las cifras de cruces, sino también en la capacidad de ambos países para ofrecer vías legales y seguras que eviten que miles de personas sigan arriesgando sus vidas en el gélido Canal de la Mancha.





