La trágica muerte de Mia Isabella, una niña de apenas dos años, en el hogar Bambi del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), ubicado en el barrio Marruecos de la localidad Rafael Uribe Uribe al sur de Bogotá, ha conmocionado a la capital y desatado una ola de indignación que culminó en protestas nocturnas el lunes 19 de enero de 2026. Según relatos del padre de la menor y reportes preliminares de Blu Radio y Publimetro, la pequeña sufrió un episodio de broncoaspiración mientras ingería alimentos durante las onces —un trozo de comida obstruyó sus vías respiratorias—, y el personal del centro no reaccionó con la urgencia requerida, omitiendo primeros auxilios oportunos pese a que la niña comenzó a ponerse morada visiblemente. Fue trasladada sin signos vitales al centro médico de Chircales, a pocos metros del hogar, donde se confirmó su deceso, lo que el padre califica no como un accidente fortuito, sino como negligencia flagrante: “Nos llamaron a las cuatro de la tarde diciendo que había sufrido un accidente, pero no le prestaron la atención debida”, denunció ante periodistas como Eduard Porras del Ojo de la Noche.
La noticia se viralizó rápidamente gracias a un influencer cercano al padre, Jhon Alexander, quien amplificó el testimonio en redes sociales, generando un éxodo de padres desesperados que bloquearon las instalaciones hasta la madrugada del martes 20 de enero. Decenas de familias con hijos en el hogar —muchos bajo protección estatal por vulnerabilidad— exigieron retirar a los menores de inmediato, reteniendo por horas a funcionarios y a la directora del centro, quien intentó dialogar en vano en medio de gritos y forcejeos. La Policía Nacional desplegó varios cuadrantes para restablecer el orden público, interviniendo ante intentos de ingreso forzoso; testigos reportaron incluso un disparo presuntamente disuasorio para dispersar a la multitud enfurecida, elevando la tensión a niveles críticos en una zona ya marcada por desigualdades sociales. Otras madres sumaron testimonios desgarradores: una describió cómo su hija regresa frecuentemente con moretones y lesiones atribuidos a “juegos entre niños”, cuestionando la supervisión y el cumplimiento de protocolos en un lugar destinado a salvaguardar a los más vulnerables.
Hasta las primeras horas de este martes 20 de enero de 2026, no hay actualizaciones oficiales del ICBF más allá de promesas de un pronunciamiento inminente que detalle la investigación interna, pero las autoridades judiciales, incluyendo la Fiscalía y Medicina Legal, ya asumieron el caso para esclarecer las circunstancias exactas, verificar el historial de irregularidades en el hogar Bambi y determinar responsabilidades penales por posible omisión de deberes. Este suceso revive debates nacionales sobre las fallas crónicas en los centros de protección infantil: sobrecarga de personal, capacitación insuficiente en emergencias y falta de inspecciones rigurosas, agravados en Bogotá por la alta demanda en localidades como Rafael Uribe Uribe, donde la pobreza infantil alcanza picos alarmantes. El padre de Mia Isabella clama justicia pública, mientras padres protestantes advierten de más manifestaciones si no hay transparencia inmediata, poniendo en jaque la confianza en el ICBF y exigiendo reformas urgentes como protocolos de broncoaspiración obligatorios, monitoreo 24/7 con cámaras y auditorías independientes para prevenir futuras tragedias en estos espacios estatales. En un contexto donde Colombia reporta decenas de casos similares anualmente, este luto colectivo urge una respuesta institucional que vaya más allá de condolencias, priorizando la vida de los niños desprotegidos que dependen de estas instituciones.





