Salario Mínimo 2026: ni paraíso, ni tragedia. Le contamos por qué.

El Gobierno colombiano oficializó un aumento histórico del salario mínimo para 2026. El incremento nominal —de aproximadamente 23,7 % respecto a 2025— eleva el Salario Mínimo Mensual Legal Vigente (SMMLV) a $1.750.905 y, sumando el auxilio de transporte de $249.095, el ingreso total para trabajadores formales será de $2 millones mensuales a partir del 1 de enero de 2026.

Este ajuste, decretado por el presidente Gustavo Petro tras el fracaso de la negociación tripartita entre empleadores, sindicatos y Gobierno, marca el mayor salto salarial de las últimas décadas en Colombia.

El Gobierno destaca que, descontando la inflación proyectada, el aumento real es de cerca de 18,7 %, apuntando a fortalecer el poder de compra de los trabajadores frente al alza de precios.

Sin embargo, esto debe leerse en contexto: la inflación subyacente en Colombia ha estado por encima de la meta del Banco de la República, rondando niveles cercanos al 5 %, lo que ya influye en el costo de la canasta familiar.

Un incremento salarial que supera considerablemente la inflación puede, en teoría, mejorar el ingreso real de trabajadores que ganan el mínimo, pero también puede alimentar presiones inflacionarias adicionales si no va acompañado de mejoras de productividad o políticas complementarias.

Desde una perspectiva macroeconómica tradicional, salarios que crecen por arriba de la productividad laboral tienden a generar presiones sobre los costos de producción y, eventualmente, se transmiten a precios finales de bienes y servicios.

La independencia del Banco de la República, con tasas de interés que se mantienen en niveles elevados para contener la inflación (por encima del 9 %), constituye un factor clave. Un aumento salarial significativo puede obligar al Emisor a prolongar tasas altas o incluso incrementarlas, con efectos sobre el costo del crédito y la inversión privada.

El impacto sobre el empleo formal es uno de los puntos más estudiados en economía laboral. La teoría clásica sugiere que, al elevar el costo laboral mínimo por unidad de producción, algunas empresas —especialmente micro, pequeñas y medianas— podrían ajustar su empleo contratando menos personal o recurriendo a formas de empleo más flexibles o informales.

En Colombia, donde la informalidad laboral supera el 50 % del total del empleo, estos efectos merecen atención: un alza abrupta en el costo de la mano de obra puede reducir la formalización si la capacidad productiva de las empresas no mejora en paralelo.

Economistas consultados por agencias internacionales han advertido que ajustes de esta magnitud pueden ser “insostenibles” si no se respaldan con crecimiento de productividad, expansión de la base productiva y mejoras en competitividad.

Un punto macroeconómico relevante es el impacto sobre las finanzas del Estado. Salarios mínimos más altos incrementan el costo del pago de pensiones, prestaciones sociales y otros beneficios indexados al SMMLV, lo que puede elevar la presión sobre el gasto público y el déficit fiscal si no se acompaña de mayores ingresos o ajustes presupuestales.

Adicionalmente, la rigidez del gasto público colombiano y una deuda pública que se mantiene significativa sugieren que incrementos estructurales en costos laborales del sector público deben gestionarse dentro de un marco de sostenibilidad fiscal.

Un argumento recurrente en economía es que aumentos en los salarios mínimos pueden tener un efecto positivo sobre la demanda agregada, al elevar los ingresos de los hogares con mayor propensión a consumir. Esto puede estimular sectores intensivos en consumo nacional (como comercio y servicios).

No obstante, si estos efectos de demanda no se compensan con una mejor productividad o aumento de la oferta de bienes y servicios, existe el riesgo de que el estímulo se traduzca en presiones adicionales de precio en lugar de crecimiento real sostenido.

El ajuste del salario mínimo al equivalente de $2 millones con auxilio de transporte para 2026 representa una decisión de gran impacto macroeconómico. Sus efectos positivos incluyen el potencial aumento del ingreso real de quienes están en la base de la pirámide salarial y un posible estímulo a la demanda interna.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *