Desde antes del nacimiento y a lo largo de toda la vida, el ser humano convive con miles de sustancias químicas presentes en el ambiente. Estas provienen del aire contaminado de las ciudades, los alimentos tratados con pesticidas, los plásticos de uso cotidiano e incluso los productos de higiene personal. La ciencia denomina a esta exposición acumulada exposoma químico, un concepto que engloba todos los agentes externos que interactúan con el organismo y pueden influir en la salud.
El término fue propuesto por el epidemiólogo Christopher Wild y hoy es una de las áreas emergentes de investigación biomédica. Estudios recientes sugieren que el exposoma podría estar relacionado con enfermedades crónicas, trastornos metabólicos y problemas reproductivos.
Uno de los campos donde más preocupa su impacto es la fertilidad humana. Según la Organización Mundial de la Salud, alrededor de una de cada seis personas en edad reproductiva experimentará infertilidad en algún momento de su vida. En los hombres, aproximadamente la mitad de los casos se vincula con alteraciones en la calidad o cantidad de los espermatozoides.
Investigaciones recientes apuntan a que contaminantes como pesticidas, metales pesados, microplásticos o compuestos industriales persistentes —conocidos como “químicos eternos” o PFAS— podrían interferir con el sistema hormonal y la producción de esperma. Un estudio publicado en la revista científica Exposome analizó muestras biológicas de hombres jóvenes y sanos para identificar qué sustancias químicas estaban presentes en su organismo.
Los investigadores examinaron orina, sangre y semen de 48 participantes entre 18 y 40 años mediante pruebas avanzadas de detección química. En total, hallaron decenas de compuestos distintos, incluyendo residuos de insecticidas, fármacos, aditivos alimentarios y contaminantes industriales. Un hallazgo relevante fue que algunas sustancias aparecían únicamente —o en mayor concentración— en el semen, lo que sugiere que este fluido podría revelar exposiciones que pasan desapercibidas en otros análisis clínicos.
Además, los científicos observaron que ciertos compuestos se asociaban con una menor calidad seminal, incluyendo reducciones en la movilidad y concentración de los espermatozoides. No obstante, subrayaron que se trata de correlaciones y no de pruebas directas de causalidad. Es decir, aún no puede afirmarse que esos químicos sean responsables del deterioro reproductivo, aunque sí representan una señal de alerta.
Otros estudios internacionales refuerzan la preocupación. Un metaanálisis liderado por la epidemióloga Shanna Swan ha documentado un descenso significativo en el conteo de espermatozoides en hombres de varios países durante las últimas décadas, fenómeno que algunos expertos vinculan a cambios ambientales y estilos de vida.
Los investigadores coinciden en que comprender el exposoma será clave para la medicina del futuro, ya que permitirá identificar riesgos invisibles acumulados durante años. También podría orientar políticas públicas sobre contaminación, regulación de sustancias químicas y salud reproductiva.
Aunque quedan muchas preguntas por responder, la evidencia científica apunta a una conclusión clara: el entorno químico en el que vivimos no solo influye en nuestra salud actual, sino también en la capacidad de las próximas generaciones para nacer.





