Aunque no se exige visa para estancias cortas, afirmar que el ingreso a Europa es “libre” resulta engañoso. El llamado Sistema de Entradas y Salidas se aplicará en 29 países del espacio de libre circulación —entre ellos Alemania, Francia, España, Italia, Países Bajos, Suecia, Austria, así como Suiza y Liechtenstein— y supone, en la práctica, un control migratorio más estricto y tecnificado. Lejos de ser un simple trámite, cada viajero colombiano quedará registrado electrónicamente con datos biométricos y movimientos de entrada y salida, lo que permitirá a las autoridades hacer seguimiento detallado de los tiempos de permanencia y detectar cualquier exceso.
En ese sentido, la ausencia de visa no implica ausencia de requisitos. Por el contrario, se traslada el filtro desde el consulado hacia la frontera: el viajero debe demostrar solvencia, tiquete de regreso, propósito claro del viaje y respeto estricto del límite de 90 días dentro de un período de 180. El sistema no se solicita previamente desde Colombia, pero eso no lo hace menos exigente; simplemente convierte el control en un proceso inmediato y potencialmente discrecional al llegar a migración, donde un oficial puede negar la entrada si considera que no se cumplen las condiciones.
Así, más que una apertura, el nuevo esquema refleja una política de movilidad selectiva: se facilita el turismo y los viajes de corta duración para quienes pueden probar que regresarán a su país, mientras se refuerzan los mecanismos de vigilancia sobre quienes no encajan en ese perfil. Para los colombianos, esto significa que viajar sin visa sigue siendo posible, pero no necesariamente fácil ni automático, pues el cumplimiento estricto de los requisitos y la trazabilidad digital del viaje se convierten en la verdadera “visa invisible” de entrada a Europa.





