Reportera brasileña es agredida por hinchas en Lima. Video.

La magia y la pasión que anteceden a una final de Copa Libertadores se vieron opacadas por un acto de violencia machista que desató indignación continental. Horas antes del encuentro entre Flamengo y Palmeiras, la periodista brasileña Duda Dalponte se convirtió en víctima de acoso y agresiones físicas por parte de un grupo de hinchas del propio equipo al que cubría.

El incidente ocurrió durante una transmisión en vivo para el canal O Globo, desde una concentración de simpatizantes de Flamengo. Las imágenes, que rápidamente se viralizaron, muestran a Dalponte, de 35 años, intentando realizar su trabajo con profesionalismo mientras, desde atrás y fuera de cámara, sufrió varios y fuertes tirones de pelo. Tras una tercera agresión, la cronista, visiblemente afectada, interrumpió su relato y se volvió para enfrentar a sus agresores con una frase que resonó en las redes sociales: “¡Para, por favor! ¡Esto no es broma!”.

Este episodio no es un caso aislado. Pone sobre la mesa el entorno hostil que a menudo enfrentan las mujeres en el periodismo deportivo, un campo tradicionalmente dominado por hombres. Desde comentarios sexistas hasta agresiones físicas, las profesionales deben frecuentemente realizar su trabajo desafiando estereotipos y luchando por el respeto básico que sus colegas masculinos reciben por defecto.

La agresión a Dalponte refleja una cultura donde el acoso se disfraza de “broma” o “juego”, normalizando acciones que vulneran la integridad de las mujeres. Su reacción, captada en directo, fue un acto de defensa no solo personal, sino también colectivo, para todas las periodistas que han sido sometidas a situaciones similares.

La ola de repudio en redes sociales fue inmediata y masiva. Bajo consignas como #ForçaDuda y #NoEsBroma, miles de usuarios, colegas y organizaciones de prensa expresaron su solidaridad con la reportera y exigieron un pronunciamiento contundente.

Más tarde, desde la calma de su hogar, Dalponte publicó un video reflexionando sobre el agotador episodio: “Llegué a casa después de un día muy agotador. Estas coberturas con la hinchada siempre son intensas, pero hoy fue mucho peor por lo que pasó. Hay cosas que no son broma y que no se pueden normalizar”, afirmó, subrayando la gravedad de un acto que trasciende lo anecdótico.

Hasta el momento, el silencio de las instituciones es ensordecedor. Ni el club Flamengo —cuyos hinchas fueron los agresores— ni las autoridades locales peruanas se han pronunciado oficialmente para condenar el hecho o informar sobre la identificación de los responsables. La falta de una respuesta contundente envía un mensaje peligroso de impunidad, ignorando que el deporte, en esencia, debe ser un espacio de unión y respeto, no de violencia y discriminación.

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