En un nuevo giro en uno de los casos sin resolver más emblemáticos y enigmáticos de Italia, la justicia vaticana ha puesto bajo investigación a Laura Casagrande, amiga de la infancia de Emanuela Orlandi, por una presunta declaración falsa ante los fiscales. Este movimiento judicial abre una nueva brecha en una investigación que lleva abierta más de cuatro décadas, desde aquel 22 de junio de 1983 en que la joven de 15 años, hija de un funcionario vaticano, desapareció sin dejar rastro mientras se dirigía a una clase de música en Roma.
Casagrande, ahora de 57 años y quien fue compañera de Emanuela en la escuela de música Tommaso Ludovico da Victoria, es considerada posiblemente la última persona que vio con vida a la adolescente. Su testimonio, ofrecido en 2023 tras la reapertura oficial del caso, ha sido ahora calificado por los magistrados como “muy contradictorio”. Según Andrea De Priamo, presidente de la comisión bicameral que sigue el caso, la impresión fue “como si la persona escuchada quisiera retirarse de la escena”.
La relevancia de su declaración radica en un recuerdo fragmentario que había compartido: días después de la desaparición, habría recibido una llamada anónima exigiendo la liberación de Mehmet Ali Agca, el terrorista turco encarcelado por el intento de asesinato del Papa Juan Pablo II en 1981. Esta pista conectaba directamente con una de las muchas teorías elaboradas a lo largo de los años: que Emanuela fue secuestrada como moneda de cambio para lograr la liberación de Agca. Sin embargo, esta y otras hipótesis –que incluyen supuestos complots del KGB, operaciones de la mafia con complicidad dentro del Vaticano, o incluso que fue trasladada a un albergue en Londres– nunca han podido ser confirmadas con pruebas concretas.
Frente a las inconsistencias de su relato, Casagrande se disculpó durante su testimonio por las lagunas en su memoria, argumentando el paso del tiempo. No obstante, esta explicación no convenció a los investigadores. Laura Sgrò, abogada de la familia Orlandi, manifestó su satisfacción por la decisión de investigar a la testigo, planteando preguntas cruciales: “Se nota que está siendo reticente. ¿Está encubriendo a alguien? ¿Por qué hay tanto miedo después de tantos años?”.
Pietro Orlandi, hermano de Emanuela y voz incansable en la búsqueda de la verdad, celebró este desarrollo como “una noticia importante”. En declaraciones a medios italianos, afirmó: “Me alegro de que la fiscalía investigue de forma confidencial; significa que lo hacen con total seriedad”. La familia Orlandi ha acusado históricamente al Vaticano de opacar información y no cooperar plenamente con la investigación.
El caso, que ha trascendido fronteras y ha sido revivido recientemente por un exitoso documental de Netflix, está siendo nuevamente examinado por los Carabinieri de Roma en colaboración con magistrados vaticanos. Se están revisando documentos antiguos y reconstruyendo minuciosamente los últimos movimientos de Emanuela. En 2023, un primer examen de las pruebas ya había arrojado indicios considerados por el entonces fiscal jefe del Vaticano, Alessandro Diddi, como “dignos de más investigaciones”.
Cuarenta y un años después, la investigación sobre la desaparición de Emanuela Orlandi se reactiva desde un ángulo inesperado: la credibilidad de un testimonio clave. Lo que parece claro para los investigadores es que detrás de las contradicciones de Laura Casagrande podría esconderse, ya sea por miedo, lealtad o confusión, una pieza aún no descifrada de este intrincado rompecabezas que continúa desafiando a la justicia italiana y vaticana. El misterio permanece, pero la búsqueda de respuestas, impulsada por la tenacidad de una familia y ahora por una nueva línea de investigación, sigue más viva que nunca.





