Los incendios forestales que azotan las regiones de Ñuble y Biobío en Chile desde el 14 de enero de 2026 representan una de las peores catástrofes naturales en la historia reciente del país, con al menos 19 muertes confirmadas, miles de evacuados y la destrucción de cientos de viviendas y más de 25.000 hectáreas de terreno. El presidente Gabriel Boric decretó inmediatamente el estado de catástrofe en ambas regiones para agilizar la movilización de recursos de emergencia, incluyendo el despliegue masivo de bomberos, Fuerzas Armadas y brigadas especializadas, mientras que un toque de queda nocturno se mantiene vigente en las comunas más afectadas para garantizar la seguridad durante las operaciones. Las condiciones climáticas extremas, caracterizadas por temperaturas superiores a 30°C, baja humedad y vientos intensos de hasta 50 km/h, han acelerado la propagación del fuego desde focos iniciales en comunas como Ránquil, Bulnes, Penco y Tomé, extendiéndose en cuestión de horas de áreas forestales densas a barrios urbanos enteros.
El origen de estos siniestros parece multifactorial, con investigaciones preliminares apuntando a una combinación de sequía prolongada, acumulación de material combustible en plantaciones forestales y posibles negligencias humanas, aunque no se descartan causas intencionales en algunos focos. En solo 12 horas, el incendio principal avanzó desde Penco hasta las afueras de Concepción, arrasando sectores como Vilumanque, Villa Universitaria y Lirquén —donde el 80% del área urbana quedó reducida a cenizas—, y Punta de Parra, con daños cercanos al 100% en viviendas. Según SENAPRED, hasta el 19 de enero se registraban 1.533 damnificados oficiales, 325 casas completamente destruidas y más de 20.000 personas evacuadas mediante el Sistema de Alerta de Emergencia (SAE), cifras que podrían incrementarse conforme avanzan las labores de rescate en zonas de difícil acceso.
A fecha de hoy, 20 de enero de 2026, la Corporación Nacional Forestal (CONAF) reporta 31 incendios forestales activos no solo en Ñuble y Biobío, sino también en regiones vecinas como O’Higgins y La Araucanía, de los cuales cinco superan las 1.000 hectáreas cada uno, destacando el de Trinitarias en Biobío con 14.187 hectáreas consumidas. Las alertas rojas persisten en múltiples comunas, con bomberos luchando contra el cansancio tras días ininterrumpidos de combate, apoyados por aviones cisterna y helicópteros que realizan descargas aéreas. El pronóstico meteorológico no es alentador: se esperan vientos persistentes y temperaturas elevadas que podrían extender el fuego hacia nuevas áreas, lo que ha llevado a autoridades a instar a la población a evitar cualquier actividad al aire libre que genere chispas.
La respuesta gubernamental ha sido intensa, pero no exenta de críticas. El presidente Boric visitó las zonas devastadas el 18 de enero, coordinó directamente con gobernadores regionales y se reunió con el presidente electo José Antonio Kast para emitir una declaración conjunta de unidad nacional, enfatizando la necesidad de reconstrucción rápida y apoyo psicológico para sobrevivientes. SENAPRED opera actualmente 19 albergues temporales que acogen a 630 personas, mientras el Jefe de la Defensa Nacional supervisa el control militar de perímetros y la distribución de ayuda humanitaria como agua, alimentos y mantas. Sin embargo, voces locales y opositores han cuestionado la pasividad inicial del Gobierno ante la velocidad del avance del fuego, demandando mayor inversión previa en prevención forestal y un rol más proactivo de la Conaf en la temporada de alto riesgo.
El impacto humano trasciende las cifras: familias enteras han perdido sus hogares en medio de un verano austral excepcionalmente seco, evocando comparaciones con los incendios de 2024 pero superándolos en velocidad y letalidad local, similar en magnitud al terremoto de 2010 en términos de desplazados. Niños, ancianos y mascotas han sido rescatados en operaciones heroicas, y el Ministerio de Salud reporta un aumento en consultas por inhalación de humo y quemaduras leves. A nivel internacional, Estados Unidos —bajo el presidente Donald Trump— ha ofrecido aviones bombarderos y equipos especializados, sumándose a promesas de ayuda de México, Perú y la Unión Europea, que ya envía expertos en restauración ecológica. Mientras tanto, voluntarios chilenos organizan campañas de recolección de donaciones, y plataformas como los mapas interactivos de CONAF permiten seguir en tiempo real los focos activos, subrayando la resiliencia de una nación que enfrenta repetidamente estos desastres agravados por el cambio climático.





