En la madrugada del 20 de enero de 2026, el cabo de la Policía Federal Cristian Antonio Brítez, de 34 años, protagonizó un episodio de terror en Fitz Roy al 300, en el barrio porteño de Villa Crespo, Buenos Aires, donde descendió tambaleante de un auto sin patente y abrió fuego 14 veces contra la fachada de una empresa gastronómica, hiriendo a un empleado que se encontraba en el lugar. Gritando “¡Soy un soldado!”, el agente disparó de manera errática, ocultándose detrás de un vehículo gris oscuro mientras apuntaba con una Pietro Beretta 9 milímetros, instantes captados en un video viral que muestra su evidente estado de ebriedad: caminaba con pasos inestables, se apoyaba en un árbol y en el auto para no caer, y persistía en gatillar el arma ya descargada una y otra vez, incluso refugiándose tras la puerta desprotegida de una vivienda cercana.
Testigos relataron momentos de pánico absoluto mientras Brítez, con furia descontrolada, ignoraba los gritos de un policía de la Ciudad que intentaba disuadirlo —”Flaco, tirá el fierro”—, respondiendo con alaridos de queja antes de volver a apuntar hacia posibles objetivos en la calle desierta. El herido, un trabajador de la fábrica alcanzado por una bala, recibió atención inmediata, pero el caos escaló hasta que el policía finalmente descartó el arma e intentó huir a pie, tropezando por su alteración evidente, lo que permitió su rápida intervención por patrulleros. Vecinos de la zona, alertados por las detonaciones y el video difundido en redes, vivieron zozobra en una calle residencial convertida en escena de película, con vainas servidas esparcidas por el asfalto y el vehículo abandonado como prueba silenciosa de la temeridad.
La Unidad de Flagrancia Norte ordenó de inmediato la detención de Brítez, el secuestro del arma, el auto y las 14 vainas recolectadas, junto con una prueba de dermotest para confirmar residuos de disparo en sus manos, mientras la fiscalía investiga cargos por lesiones agravadas, tenencia ilegal de arma de fuego y posible intoxicación etílica en servicio activo. Este incidente revive alarmas sobre el control de armas en fuerzas de seguridad argentinas, la capacitación en manejo de crisis bajo influencia y los protocolos para agentes en estado de vulnerabilidad, en un contexto donde videos ciudadanos como este aceleran la responsabilidad policial en barrios urbanos densos como Villa Crespo, exigiendo respuestas rápidas del Ministerio de Seguridad para evitar réplicas en la confianza ciudadana





