La noche bogotana volvió a rendirse ante el olfato goleador del argentino Rodrigo Contreras. En el estadio Estadio Nemesio Camacho El Campín, el delantero marcó un gol de esos que obligan a levantarse de la silla: control de pecho, media vuelta inmediata y zurdazo sin dejar caer la pelota. Fue el instante que abrió el camino del triunfo 2-0 de Millonarios FC sobre Cúcuta Deportivo por la Liga BetPlay.
Corría el minuto 56 cuando el chileno Rodrigo Ureña envió un balón al área. Allí apareció Contreras, conocido como “El Tucu”. Dominó el balón con el pecho y, en un solo movimiento, giró para sacar un remate de zurda fulminante. El balón salió disparado antes de tocar el césped, imposible para el arquero visitante.
Fue un gol de delantero clásico: lectura del espacio, técnica en el control y una definición instintiva. De esos que parecen improvisados pero que en realidad son fruto de años de oficio en el área.
El tanto ante Cúcuta no es un episodio aislado. Contreras vive uno de los momentos más inspirados de su carrera. Días antes ya había sido figura internacional con Millonarios, incluso con un gol desde mitad de cancha frente a Atlético Nacional en la clasificación del club a la Copa Sudamericana.
Ese rendimiento lo ha convertido en una pieza clave del equipo bogotano. En un plantel que busca recuperar regularidad en la liga, el argentino se ha transformado en el hombre capaz de cambiar un partido con una sola acción.
Formado en el fútbol argentino, Contreras pertenece a la estirpe de delanteros de área que crecieron en ligas competitivas y duras. Su carrera lo llevó por distintos clubes sudamericanos antes de aterrizar en Bogotá, donde encontró el contexto ideal para explotar sus cualidades: potencia física, instinto goleador y una técnica sorprendente para resolver jugadas en espacios mínimos.
En Colombia ha ido construyendo una reputación particular: la de un atacante capaz de marcar goles espectaculares. No solo empuja balones en el área; también sorprende con remates de larga distancia o definiciones acrobáticas, como el golazo frente al Cúcuta.
La escena final fue la habitual cuando el argentino se inspira: tribunas en pie, compañeros abrazándolo y la sensación de que el fútbol todavía guarda espacio para la improvisación brillante. Porque a veces basta un control, un giro y un zurdazo para resumir una carrera entera. Y anoche, en Bogotá, Rodrigo Contreras volvió a recordarlo.





