La muerte de Juan Pablo Arango, un tatuador de 50 años conocido en el ambiente artístico de Medellín como “Pogo”, ha generado conmoción y múltiples interrogantes entre los habitantes de la comuna 16, especialmente después de que las autoridades encontraran en su apartamento no solo armas y uniformes de distintas fuerzas, sino también restos humanos y elementos que apuntan a una posible colección de carácter artístico o personal. El hallazgo ocurrió en una vivienda ubicada en el barrio La Inmaculada, luego de que los vecinos alertaran a las autoridades por los fuertes olores que desde hacía días se percibían en el edificio.
La preocupación comenzó cuando los residentes notaron que Arango llevaba varios días sin aparecer. Al mismo tiempo, el olor que salía del apartamento 401 se hizo cada vez más intenso, lo que llevó a los vecinos a informar a las autoridades. Con autorización de sus familiares, agentes del Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía, con apoyo del Cuerpo de Bomberos, ingresaron al inmueble el lunes 9 de marzo. En el interior encontraron el cuerpo del tatuador en avanzado estado de descomposición.
Durante la inspección judicial del apartamento, los investigadores descubrieron que el lugar estaba lleno de objetos inusuales que aumentaron el misterio del caso. En diferentes espacios de la vivienda había una colección de prendas y accesorios que imitaban o correspondían a uniformes de instituciones de seguridad, entre ellos chalecos antibalas y reflectivos de la Policía, chaquetas del Ejército, gorras asociadas al Gaula y al CTI, además de prendas similares a las utilizadas por unidades de investigación como la Sijín y la Dijín. Según las autoridades, estas piezas no estaban ocultas, sino organizadas y exhibidas dentro del apartamento.
La inspección también permitió incautar varias armas y artefactos, entre ellos un rifle de copas, una escopeta calibre 22 y varios dispositivos explosivos de tipo lacrimógeno o de humo, además de un iniciador de tubo de choque. Sin embargo, lo que más llamó la atención de los investigadores fue el hallazgo de una bolsa que contenía restos óseos humanos, entre ellos un cráneo, algunas vértebras y fragmentos de costillas.
Este descubrimiento abrió una nueva línea de preguntas sobre el motivo por el cual el tatuador guardaba estos elementos en su vivienda. Una de las hipótesis preliminares planteadas por las autoridades es que Arango podría haber sido coleccionista de objetos relacionados con temas militares o de seguridad, así como de piezas anatómicas, algo que en ciertos círculos artísticos y académicos no es completamente inusual. Los investigadores tratan de establecer si los restos humanos tenían algún origen legal, por ejemplo de uso educativo, artístico o de estudio anatómico, o si existía otra explicación para su presencia en el apartamento.
El subcomandante de la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá, coronel Juan Sierra, señaló que por ahora no se han encontrado indicios de que estos objetos estuvieran siendo utilizados con fines delictivos. Según explicó, la forma en que estaban dispuestos dentro de la vivienda sugiere más bien una especie de colección personal, ya que varios de los artículos estaban colgados en paredes o almacenados de manera organizada, como si fueran parte de una exhibición privada.
La vida de Juan Pablo Arango también aporta elementos que podrían ayudar a comprender el contexto del hallazgo. “Pogo”, como era conocido en el ambiente cultural de Medellín, era una figura reconocida en el mundo del tatuaje y el arte. Tenía formación en escultura, pintura, dibujo y diseño gráfico, disciplinas que utilizaba como base para su trabajo artístico. Algunas personas cercanas han señalado que su interés por la estética, las formas anatómicas y los elementos simbólicos era parte de su proceso creativo.
Mientras se esclarece el origen de los restos humanos encontrados en su vivienda, la investigación también intenta determinar con precisión la causa de su muerte. De manera preliminar, las autoridades manejan la hipótesis de que el fallecimiento estaría relacionado con problemas de salud. Según información conocida durante las indagaciones, Arango habría estado hospitalizado días antes de morir debido a episodios de tos con sangre, lo que ha llevado a considerar la posibilidad de que padeciera una enfermedad respiratoria grave, entre ellas tuberculosis.
Por ahora, el caso continúa bajo investigación mientras las autoridades analizan los objetos incautados y verifican el origen de cada uno de ellos. El objetivo es esclarecer si la presencia de restos humanos y otros elementos en el apartamento responde únicamente a intereses personales o artísticos del tatuador, o si existe alguna circunstancia adicional que aún no ha salido a la luz. Entretanto, la muerte de “Pogo” sigue generando inquietud en el barrio y entre quienes lo conocían en la escena artística de Medellín.





