La muerte de Santiago Castrillón reaviva el debate: ¿por qué ahora muere tanto deportista joven de forma súbita?

La muerte de Santiago Castrillón, juvenil de 18 años de Millonarios FC, reabre un debate que desde hace varios años inquieta a la medicina deportiva: el aumento de episodios de colapso súbito en atletas jóvenes aparentemente sanos. El club confirmó en la noche del domingo 23 de marzo el fallecimiento del futbolista, quien se había desplomado un día antes durante un partido del torneo Sub-20 frente a Independiente Santa Fe.

El episodio ocurrió en pleno juego, cuando el mediocampista perdió el conocimiento en la cancha. Fue atendido de inmediato por el cuerpo médico y trasladado a un centro hospitalario de alta complejidad en el norte de Bogotá, donde permaneció en cuidados intensivos bajo manejo especializado en el área cardiovascular. A pesar de la intervención oportuna y de los esfuerzos clínicos, el joven no logró recuperarse.

Aunque las causas exactas del fallecimiento aún no han sido divulgadas, casos como este suelen estar asociados, según la literatura médica, a afecciones cardíacas no diagnosticadas. Entre las más frecuentes se encuentran la miocardiopatía hipertrófica —un engrosamiento anormal del músculo cardíaco—, las arritmias malignas y anomalías congénitas en las arterias coronarias. Estas condiciones pueden pasar inadvertidas en controles rutinarios y manifestarse de forma abrupta durante el ejercicio intenso, cuando el corazón es sometido a mayor demanda.

Especialistas también advierten sobre otros factores menos comunes pero relevantes, como la miocarditis —inflamación del corazón, a veces posterior a infecciones virales— o trastornos eléctricos hereditarios que alteran el ritmo cardíaco. En estos escenarios, el primer síntoma puede ser un desmayo o incluso un paro cardiorrespiratorio, como el que se presume en situaciones similares ocurridas en el deporte competitivo.

El caso de Castrillón, quien había sido considerado una de las promesas del equipo y ya había tenido acercamientos con la plantilla profesional durante el proceso de Hernán Torres, pone nuevamente sobre la mesa la importancia de fortalecer los protocolos de evaluación médica en deportistas jóvenes. En varios países se han impulsado tamizajes más exhaustivos que incluyen electrocardiogramas y ecocardiogramas para detectar anomalías silenciosas, aunque no existe un consenso global sobre su obligatoriedad.

Mientras se esperan los resultados oficiales que determinen la causa del fallecimiento, el entorno del fútbol capitalino permanece conmocionado. Compañeros, familiares y clubes han manifestado su solidaridad, en medio de un episodio que trasciende lo deportivo y se instala en una preocupación creciente de salud pública: entender por qué corazones jóvenes, entrenados y aparentemente fuertes, fallan de manera inesperada.

No, no hay un aumento generalizado en las muertes súbitas de deportistas jóvenes; estas siguen siendo raras, con tasas de aproximadamente 1 en 50.000 a 100.000 atletas al año. Estudios recientes confirman que la incidencia no ha crecido durante ni después de la pandemia de COVID-19, y las tasas incluso han disminuido en algunos grupos como atletas universitarios en EE.UU. en los últimos 20 años.

Las muertes súbitas en deportistas jóvenes se deben mayoritariamente a condiciones cardíacas no diagnosticadas previamente, como miocardiopatía hipertrófica (26-38% de casos), anomalías congénitas de arterias coronarias y miocarditis. Otras incluyen conmoción cardíaca por golpes en el pecho (hasta 20%) y, en menores de 35 años, canalopatías o arritmias hereditarias. Factores de riesgo como hipertensión, dislipidemia o infecciones recientes agravan estas patologías subyacentes durante esfuerzos intensos, especialmente en fútbol y baloncesto.

La idea de un “aumento masivo” surge de desinformación en redes, que atribuye falsamente estos eventos a vacunas COVID-19, pero chequeos y estudios lo desmienten: no hay evidencia de vínculo causal ni incremento post-vacunación. Mejores reportes mediáticos y redes sociales amplifican casos aislados, creando sesgo de percepción, pese a que accidentes, suicidios y homicidios siguen siendo causas más comunes de muerte en jóvenes atletas.

Evaluaciones cardíacas precompetitivas (ECG, ecocardiogramas) detectan riesgos en hasta 1 de cada 266 futbolistas jóvenes. Acceso a desfibriladores externos y RCP inmediata salva vidas, ya que el 96% de muertes asociadas al deporte son cardiovasculares pero prevenibles. En Colombia, alertas cardiológicas recientes enfatizan chequeos en deportistas máster y jóvenes activos.

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