La escena ocurrió dentro del departamento de la calle Juncal 4622, Buenos Aires, Argentina, el viernes 20 de febrero, pocos minutos después de que se interrumpieran los intentos de reanimación del anestesiólogo Alejandro Zalazar. En ese momento ya habían pasado cerca de 19 horas desde el último registro en el que se lo vio con vida, a las 22:01 del día anterior. Desde ese punto y hasta la salida final de quienes estuvieron en el lugar, casi tres horas más tarde, se concentra uno de los tramos más inciertos de una investigación judicial que, a casi dos meses de su muerte, aún no tiene respuestas definitivas.
La reconstrucción de lo ocurrido se apoya en dos ejes principales: los registros de las cámaras de seguridad del edificio y los testimonios incorporados al expediente. Entre la noche del jueves 19 y la tarde del viernes 20 de febrero se despliega una secuencia con momentos documentados y otros que permanecen sin una explicación concluyente, a la espera de pruebas clave como el análisis del teléfono celular de la víctima.
De acuerdo con el informe oficial, Zalazar salió de su edificio el jueves a las 20:55, vestido con ropa deportiva y sin llevar objetos visibles, con destino a un gimnasio cercano. A las 21:47 fue registrado al retirarse del lugar, ubicado a unos 550 metros. El último movimiento con vida quedó registrado a las 22:01, cuando regresó a su domicilio, esta vez con un sobre en la mano. Desde entonces no volvió a salir y no hay confirmación de ingresos de terceros a su departamento.
Ese intervalo, que abarca toda la noche y parte del día siguiente, es uno de los principales focos de la investigación. La Justicia aún no cuenta con el informe toxicológico final que permita establecer con precisión la data de muerte ni las sustancias presentes en el organismo, por lo que la secuencia posterior a su regreso sigue sin reconstrucción completa.
Durante la mañana del viernes, la ausencia de Zalazar en su trabajo y la falta de respuesta a mensajes encendieron la alarma en su entorno. Federico Martín fue quien advirtió la situación y contactó a otras personas cercanas, entre ellas Chantal Leclercq y Julieta Zalazar, hermana del anestesiólogo. Ante la falta de respuestas, decidieron dirigirse al departamento y esperar allí a Julieta, quien tenía la llave.
Las cámaras registraron los ingresos durante la tarde: primero Leclercq a las 16:45, luego Julieta con su pareja a las 16:51 y finalmente Martín a las 16:54, todos antes de la llegada de los servicios de emergencia. Según el testimonio de la hermana, al ingresar encontraron a Zalazar tendido en el suelo, junto a la cama, con una vía colocada en el pie derecho. En ese momento comenzaron los intentos de reanimación, primero por Martín, luego por Leclercq y finalmente por Julieta, quien advirtió signos de rigidez en el cuerpo, lo que indicaría que la muerte había ocurrido horas antes.
A partir de allí, la investigación incorpora otros elementos que siguen bajo análisis, incluyendo movimientos posteriores registrados por las cámaras y declaraciones que presentan puntos de tensión. La causa continúa en etapa de instrucción, con pericias pendientes que serán clave para determinar qué ocurrió durante las horas que aún permanecen sin explicación.





