Lo ocurrido durante las ruedas de prensa posteriores al empate entre Brasil y Marruecos en el Mundial 2026 abrió un debate que trasciende lo deportivo y toca uno de los pilares que la FIFA ha intentado promover para esta edición: la inclusión y la diversidad cultural.
La controversia surgió cuando periodistas de habla hispana denunciaron que no se permitió formular preguntas en español durante las comparecencias oficiales de ambas selecciones. Entre ellos se encontraba un periodista mexicano que intentó intervenir para realizar una consulta al defensor marroquí Achraf Hakimi, pero fue informado de que únicamente se aceptarían preguntas en inglés, francés o árabe, dependiendo de la delegación presente.
La situación generó desconcierto entre los comunicadores acreditados, especialmente porque el torneo se desarrolla en Norteamérica y tiene a México como uno de los tres países anfitriones junto con Estados Unidos y Canadá. El español no solo es el idioma oficial de uno de los organizadores del campeonato, sino que además es la lengua materna de cientos de millones de personas en el continente y uno de los idiomas con mayor presencia mediática en la cobertura global del fútbol.
La decisión resultó aún más llamativa considerando que la FIFA ha presentado esta Copa del Mundo como la más multicultural e inclusiva de la historia, con un fuerte discurso institucional centrado en la diversidad, la representación y el acercamiento a distintas comunidades lingüísticas. Para muchos periodistas latinoamericanos, impedir preguntas en español contradice ese mensaje y limita el acceso de millones de aficionados a contenidos producidos directamente para sus audiencias.
El episodio también pone sobre la mesa una discusión recurrente en los grandes eventos deportivos: la diferencia entre la diversidad promocionada en los discursos oficiales y su aplicación práctica en espacios de comunicación fundamentales. Las ruedas de prensa constituyen uno de los principales canales de interacción entre jugadores, entrenadores y medios de comunicación. Restringir el uso de una lengua tan extendida como el español puede interpretarse como una barrera innecesaria en un torneo que precisamente busca proyectar una imagen de apertura global.
Más allá del incidente puntual con Hakimi, la polémica refleja el peso creciente de los medios hispanohablantes dentro de la industria deportiva internacional. Las audiencias de América Latina, España y las comunidades hispanas de Estados Unidos representan una parte sustancial del mercado futbolístico mundial. Por ello, varios comunicadores consideran que la exclusión del español en escenarios oficiales del Mundial no solo resulta difícil de justificar desde el punto de vista cultural, sino también desde una perspectiva estratégica y comercial.
El debate continúa abierto en redes sociales y entre organizaciones de prensa deportiva, donde numerosos profesionales han reclamado protocolos más flexibles que permitan la participación de periodistas en los principales idiomas del torneo. En un Mundial organizado parcialmente por un país hispanohablante y seguido masivamente por audiencias de habla española, la ausencia de ese idioma en espacios oficiales de preguntas y respuestas ha sido vista por muchos como una contradicción difícil de explicar. Vea el video con el bochornoso momento:





