Infantino, ¿el “Lutero” del fútbol? Soplan vientos de división en Europa.

La disputa entre la UEFA y la FIFA por el plan de Gianni Infantino para abrir el negocio de la Copa del Mundo a capital privado ya desbordó el terreno administrativo y amenaza con convertirse en una pulseada por el control político del fútbol mundial. En ese tablero, la CONMEBOL aparece como un actor clave: respalda a Infantino en lo institucional, pero también arrastra viejas tensiones con Europa por el reparto de poder, los formatos de torneo y la distribución de beneficios.

La propuesta de la FIFA contempla la creación de una estructura comercial para monetizar parte de los derechos del Mundial y del Mundial de Clubes, con la entrada de inversionistas privados y una eventual valuación de hasta 20.000 millones de dólares. La UEFA rechazó el plan y advirtió que el fútbol no puede tratarse como un activo privado sin transparencia ni consulta suficiente a las federaciones.

La CONMEBOL no se alineó con la UEFA en este conflicto. De hecho, en abril su consejo respaldó de manera unánime la gestión de Infantino y abrió la puerta a su eventual reelección para el período 2027-2031, un gesto que confirma la cercanía política entre el presidente de la FIFA y buena parte del bloque sudamericano.

Ese respaldo no es menor. En la práctica, convierte a la CONMEBOL en un contrapeso frente a Europa dentro de la gobernanza de la FIFA, sobre todo en discusiones donde el respaldo de confederaciones del Sur Global puede inclinar votaciones internas.

La relación de Sudamérica con Infantino, sin embargo, no se explica solo por afinidad política. La CONMEBOL ha defendido en otras oportunidades proyectos impulsados por la FIFA, como la ampliación del Mundial, cuando esos cambios podían traducirse en más cupos, más ingresos y mayor visibilidad para la región.

Pero el nuevo plan comercial abre otra discusión: si bien una mayor captación de recursos podría beneficiar a federaciones con menos músculo financiero, también existe el riesgo de que la concentración de decisiones en una estructura mercantil reduzca la influencia real de las confederaciones. En otras palabras, Conmebol podría ganar dinero y perder capacidad de incidencia si el esquema avanza sin un sistema claro de contrapesos. Una grieta más profunda

El choque entre UEFA y FIFA no solo enfrenta modelos de negocio, sino dos visiones del poder en el fútbol. Europa defiende una lógica de control institucional más rígida y recela de la entrada de capital privado en el corazón del Mundial; Sudamérica, en cambio, suele ver en las reformas de Infantino una oportunidad para redistribuir ingresos y ampliar su peso político dentro del sistema.

Eso no significa que la CONMEBOL esté blindada a la controversia. Si el proyecto genera rechazo entre otras confederaciones y avanza sin consenso amplio, Sudamérica podría quedar asociada a una reforma cuestionada por transparencia, aun cuando su dirigencia la apoye por conveniencia estratégica.

La clave estará en la reacción del resto de las federaciones y en la capacidad de la FIFA para sostener una mayoría suficiente. Si Conmebol mantiene su respaldo a Infantino, el presidente de la FIFA conservará una base política importante frente a la UEFA; pero si el descontento europeo se amplía, el conflicto puede escalar hacia una fractura funcional en la gobernanza del fútbol mundial.

En síntesis, la CONMEBOL no aparece hoy como un bloque opositor, sino como un socio estratégico de Infantino. Su peso puede ser decisivo para sostener el proyecto, aunque también la expone a quedar atrapada en una disputa que ya no es solo económica, sino de poder, legitimidad y futuro institucional del fútbol.

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