Diecisiete años después del asesinato de Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina, el triple crimen de General Rodríguez continúa rodeado de interrogantes. La investigación judicial y los testimonios que surgieron alrededor del caso construyeron, con el paso del tiempo, una trama en la que aparecen negocios farmacéuticos, presunto tráfico de precursores químicos, movimientos financieros y vínculos con empresarios y dirigentes políticos.
Uno de los elementos que volvió especialmente llamativo el caso fueron las advertencias que Sebastián Forza había realizado semanas antes de ser asesinado. A fines de mayo de 2008, el empresario se reunió con un periodista que investigaba posibles irregularidades en el sector farmacéutico y aseguró conocer información sobre supuestos negocios ilícitos relacionados con medicamentos.
Forza se presentó como un antiguo socio de Rubén Romano en una empresa denominada Prefarm y afirmó que había decidido apartarse de determinadas actividades. Según su propio relato, desde entonces había comenzado a recibir amenazas y temía por su vida.
Durante aquel encuentro, sostuvo que existían presuntas maniobras de sobreprecios y falsificación de recetas para obtener medicamentos de alto costo, incluidos tratamientos oncológicos, productos contra el VIH y medicamentos utilizados por pacientes con hemofilia. Según su versión, en esas operaciones podrían haber participado intermediarios, funcionarios y empresas del sector.
También mencionó supuestas irregularidades relacionadas con medicamentos destinados al tratamiento de la hemofilia y señaló a personas y compañías que, de acuerdo con sus declaraciones, deberían ser investigadas. Entre ellas apareció el nombre de Rubén Romano, a quien Forza había presentado como antiguo socio.
El empresario aseguró además que conocía operaciones que involucraban organismos estatales, laboratorios y empresas vinculadas con la distribución de medicamentos. Algunas de sus afirmaciones incluían acusaciones de adulteración de productos, comercialización ilegal y utilización de mecanismos financieros para ocultar el origen de determinados fondos.
Una de las advertencias que más llamó la atención fue precisamente la relacionada con su seguridad. Forza manifestó que la información que poseía podía ponerlo en peligro y sostuvo que temía ser asesinado. Poco más de dos meses después, sus temores se convertirían en una tragedia. El 7 de agosto de 2008, Forza desapareció junto con Damián Ferrón y Leopoldo Bina. Los tres fueron encontrados una semana después asesinados a tiros en General Rodríguez.
Desde entonces, una de las principales discusiones alrededor del caso fue establecer cuál había sido el verdadero motivo del crimen. Aunque el tráfico de efedrina adquirió enorme protagonismo en las investigaciones y en la cobertura periodística, otras líneas apuntaron hacia los negocios relacionados con medicamentos y posibles operaciones con precursores químicos.
La actividad empresarial de Forza también fue objeto de análisis. Había comenzado en el sector farmacéutico como visitador médico y posteriormente creó Seacamp SA, una distribuidora que intervenía en operaciones de comercialización de medicamentos destinados a obras sociales, hospitales y geriátricos.
De acuerdo con el material periodístico de la época, su crecimiento económico fue acelerado, pero paralelamente comenzaron a acumularse dificultades financieras. Se mencionaron deudas millonarias, numerosos cheques rechazados y un proceso concursal que contrastaba con el nivel de vida que exhibía.
El contraste entre esa aparente prosperidad y sus problemas financieros alimentó distintas hipótesis sobre sus negocios. Algunas fuentes consultadas entonces plantearon la posibilidad de que sus dificultades económicas estuvieran relacionadas con operaciones financieras o con actividades vinculadas a la comercialización de medicamentos.
En paralelo, también se investigaron los movimientos de Ferrón y Bina y las relaciones que ambos mantenían con distintas personas del mundo empresarial. El caso fue adquiriendo una dimensión cada vez mayor a medida que aparecían nuevos nombres y conexiones.
Uno de los aspectos que más repercusión tuvo fue la relación entre algunos de los protagonistas del caso y los aportes realizados durante la campaña presidencial de 2007. Forza figuró entre los aportantes, aunque el material señala que su participación se habría limitado a la firma de cheques y no al desembolso efectivo de dinero. También se mencionaron comunicaciones y encuentros entre Forza y Claudio Uberti, quien había ocupado un lugar relevante durante el gobierno de Néstor Kirchner y era señalado en aquel momento por sus vínculos con la estructura política del oficialismo.
A partir de allí, las investigaciones y versiones periodísticas comenzaron a poner bajo la lupa a empresarios del sector farmacéutico, intermediarios financieros y personas relacionadas con la importación y comercialización de efedrina y otros precursores químicos.
Entre los nombres mencionados en las distintas líneas investigativas apareció Ibar Esteban Pérez Corradi, quien había sido denunciado por Forza por supuestas amenazas y posteriormente adquirió relevancia en las investigaciones vinculadas al tráfico de efedrina.

También fueron señalados empresarios como Marcelo Abasto, José Luis Salerno, Marco Aurelio Lailson, Rubén Romano, Carlos Torres y Héctor Lorenzo, además de funcionarios y exfuncionarios cuyos nombres aparecieron en testimonios o documentos vinculados con la investigación.
El expediente también incluyó referencias a distintas droguerías y empresas relacionadas, directa o indirectamente, con los protagonistas. Entre ellas fueron mencionadas San Javier, Multipharma, Droguería Urbana, Global Pharmacy Service, Bristol Park, All Medicine, Fidei Salud, Audifarm, Nucleo Farma, Unifarm, Framaline, Fharmaz Group, Droguería del Plata, Eglis y Droguería Plaza.
La aparición de tantas empresas y personas convirtió al caso en algo mucho más complejo que un simple homicidio múltiple. Las diferentes conexiones planteadas por investigadores y periodistas apuntaron a una posible red de intereses económicos en la que confluirían el negocio farmacéutico, operaciones financieras y el tráfico de precursores químicos.
Sin embargo, resulta fundamental distinguir entre las hipótesis, denuncias y declaraciones recogidas durante las investigaciones y aquellas circunstancias que fueron efectivamente acreditadas por la Justicia. La sola aparición de una persona o empresa en testimonios, expedientes o investigaciones periodísticas no implica que haya sido responsable de un delito.
El caso también estuvo marcado por las circunstancias personales de Sebastián Forza. Tenía 34 años, estaba casado con Solange Bellone y era padre de un niño. Su trayectoria empresarial había experimentado un crecimiento acelerado, acompañado, según testimonios recogidos en el material, por problemas financieros y conflictos familiares.
La muerte de Forza, Ferrón y Bina terminó convirtiéndose en uno de los episodios criminales más resonantes de la Argentina de comienzos del siglo XXI. La investigación permitió reconstruir parte de sus vínculos y actividades, pero también dejó abiertas preguntas sobre los intereses que pudieron estar detrás de los asesinatos.A más de una década y media del crimen, el caso sigue siendo recordado por la cantidad de nombres, empresas, negocios y conexiones políticas que aparecieron alrededor de los tres hombres asesinados.
La gran incógnita continúa siendo qué motivó realmente el triple asesinato y hasta dónde llegaban las relaciones económicas que mantenían sus protagonistas. Las declaraciones de Forza antes de su muerte adquieren, con el paso de los años, un particular peso histórico: pocas semanas antes de desaparecer, había advertido que la información que conocía podía poner su vida en peligro.
El desenlace fue precisamente el que había temido. Forza, Ferrón y Bina fueron asesinados y, desde entonces, el triple crimen de General Rodríguez permanece como uno de los casos más controvertidos de la historia criminal argentina, marcado por una combinación de narcotráfico, negocios farmacéuticos, dinero y poder que todavía genera interrogantes.





