La verdad sobre la guerra de Ormuz: petroleras estadounidenses ganan muchos más millones.

Mientras millones de consumidores enfrentan el aumento de los precios de la gasolina, el diésel y el combustible para aviones como consecuencia de la guerra entre Estados Unidos e Irán, algunas de las principales compañías petroleras estadounidenses atraviesan un periodo de extraordinaria rentabilidad.

El conflicto, que se prolonga desde hace seis meses, ha alterado de manera significativa el transporte de hidrocarburos a través del estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas estratégicas para el comercio energético mundial. Antes de la crisis, por ese estrecho circulaba aproximadamente una quinta parte del petróleo y del gas natural del planeta.

La interrupción del tránsito marítimo provocó una fuerte escalada de los precios internacionales del crudo. El Brent, referencia mundial del mercado petrolero, pasó de cotizar alrededor de 70 dólares por barril a superar los 100 dólares durante buena parte de marzo, abril y mayo, con un máximo cercano a los 126 dólares.

El impacto sobre los consumidores fue inmediato. Durante ese periodo aumentaron de manera considerable los precios de los combustibles y del transporte aéreo, mientras algunos países comenzaron a experimentar problemas de abastecimiento. Australia tuvo episodios de racionamiento de combustible y en Nepal y Sri Lanka incluso se adoptaron medidas como el cierre temporal de oficinas gubernamentales ante las dificultades para garantizar el suministro. En contraste, los resultados financieros de los grandes productores estadounidenses reflejaron el efecto favorable de los precios elevados.

Exxon Mobil reportó ganancias por 14.530 millones de dólares durante el segundo trimestre, prácticamente el doble de lo registrado un año atrás. La compañía también informó ingresos por 116.020 millones de dólares, un incremento del 42 % interanual, impulsado en buena medida por una producción récord de diésel.

Chevron tampoco quedó al margen de esta bonanza. La petrolera con sede en Houston obtuvo ganancias por 12.070 millones de dólares, casi cuatro veces más que en el mismo periodo del año anterior, mientras sus ingresos crecieron 56 %, hasta alcanzar 70.060 millones de dólares.

El fenómeno no se limita a Estados Unidos. Seis de las principales compañías petroleras europeas acumularon en conjunto ganancias de 22.000 millones de dólares durante el primer trimestre, más de 40 % por encima de lo conseguido en el mismo periodo del año anterior.

El contraste entre las ganancias empresariales y las dificultades que afrontan los consumidores ya comenzó a generar presión política en Estados Unidos. Legisladores demócratas presentaron proyectos para establecer un impuesto extraordinario sobre las ganancias de los grandes productores de petróleo y destinar los recursos obtenidos a los consumidores.

Una de esas iniciativas fue presentada en el Senado por Sheldon Whitehouse, de Rhode Island, mientras que el representante californiano Ro Khanna impulsó un proyecto complementario en la Cámara. Las propuestas plantean modificar el sistema tributario para aplicar un gravamen especial a las compañías que hayan producido o importado al menos 300.000 barriles diarios durante 2025.

El mecanismo propuesto contempla un impuesto equivalente al 50 % de la diferencia entre el precio del petróleo vigente al momento de aplicar el gravamen y el promedio registrado por barril durante el año anterior. Iniciativas similares ya habían sido planteadas en años anteriores sin conseguir la aprobación del Congreso.

Los promotores de la medida sostienen que resulta necesario intervenir ante el impacto que los precios tienen sobre los hogares estadounidenses. El precio promedio de la gasolina regular, que se encontraba por debajo de los tres dólares por galón antes del inicio de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, llegó a 4,11 dólares el viernes, aproximadamente un dólar más que un año atrás.

Sin embargo, especialistas advierten que las compañías como Exxon Mobil y Chevron no son las responsables directas de establecer el precio del petróleo estadounidense. Este valor responde principalmente al comportamiento de la oferta y la demanda y a las condiciones del mercado internacional.

Las petroleras integradas tienen, no obstante, una ventaja adicional frente al actual escenario: además de extraer crudo y gas, poseen importantes operaciones de refinación. Esa característica les permite beneficiarse no solo del encarecimiento del petróleo, sino también del aumento de los precios de productos derivados como la gasolina, el diésel y el combustible para aviones.

Las cifras de las refinerías ilustran esta situación. Las instalaciones de Chevron llegaron a ser seis veces más rentables que durante el mismo trimestre del año anterior, pese a procesar menos petróleo y comercializar un menor volumen de productos.

El mercado mundial de refinación atraviesa además una situación de escasez. La disminución de las exportaciones de países como Rusia y China ha obligado a otras compañías, particularmente estadounidenses, a cubrir parte del déficit. Al mismo tiempo, algunas refinerías de Oriente Medio y Rusia han sufrido daños derivados de la guerra, mientras instalaciones asiáticas enfrentan dificultades para obtener el crudo que anteriormente recibían de Oriente Medio.

Esta combinación de factores ha ampliado los márgenes de ganancia de las refinerías que sí cuentan con suficiente materia prima. A finales de julio, algunas instalaciones que proyectaban adquirir petróleo por unos 80 dólares el barril, calculaban márgenes potenciales de entre 50 y 60 dólares, frente a un promedio habitual de entre 20 y 25 dólares.

El efecto final, sin embargo, recae sobre los consumidores. El encarecimiento de la gasolina, el diésel y el combustible para aviones no solo afecta directamente a quienes utilizan sus vehículos o compran pasajes aéreos. También puede trasladarse al precio de prácticamente todos los productos y servicios, debido al peso que tiene la energía en las cadenas de producción, transporte y distribución.

La situación tampoco es uniforme dentro de la propia industria petrolera. Las compañías estadounidenses con una elevada producción fuera del Golfo Pérsico pueden aprovechar los precios internacionales más altos, mientras que empresas de Oriente Medio enfrentan dificultades para exportar gas natural licuado y petróleo debido a las restricciones en el estrecho de Ormuz y a los daños sufridos por instalaciones de producción y procesamiento.

Así, la guerra está generando un marcado contraste dentro del mercado energético mundial: mientras determinadas compañías productoras y refinerías están obteniendo ganancias extraordinarias, otras empresas afrontan mayores costos, problemas logísticos y limitaciones para comercializar sus hidrocarburos.

El escenario mantiene abierta la discusión sobre quién debe asumir el costo económico de la crisis. Para los consumidores, el aumento de los combustibles se traduce en mayores gastos cotidianos y en presiones adicionales sobre el precio de otros bienes. Para las petroleras que cuentan con capacidad suficiente de producción y refinación, en cambio, el conflicto se ha convertido en una oportunidad para incrementar significativamente sus resultados financieros.

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