Terremoto en Colombia: lo peor ya sucedió, pero vendrán réplicas fuertes y no inmediatas.

Rodrigo Alejandro León, profesor del Departamento de Geociencias de la Universidad de los Andes y especialista en sismología, geología y evaluación de la amenaza sísmica, explicó las características del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia este lunes y que, en sus primeras horas, dejó un saldo de al menos 111 muertos. Según el experto, se trata de uno de los sismos más graves registrados en el país durante los últimos 50 años. La cifra de víctimas, advirtió, podría aumentar a medida que avancen las labores de rescate y se conozca la dimensión total de la emergencia.

León explicó que el terremoto se originó dentro de la placa de Nazca, ubicada debajo de la placa Sudamericana. No fue consecuencia del choque directo entre dos placas, sino de una ruptura ocurrida en el interior de una de ellas. Esta característica lo diferencia del terremoto registrado en Venezuela el mes pasado y explica por qué el movimiento tuvo una profundidad considerable, pero pudo sentirse en una extensa zona del territorio colombiano.

El sismo se produjo entre 90 y 110 kilómetros bajo la superficie terrestre. Esta profundidad permitió que parte de la energía se atenuara antes de llegar a la superficie. Aunque el terremoto ocasionó graves daños materiales y numerosas pérdidas humanas, el experto considera que, dentro de la magnitud de la tragedia, se presentó en uno de los escenarios menos destructivos posibles. Si un movimiento de magnitud similar hubiera ocurrido en una falla más superficial, los efectos habrían sido mucho más devastadores. Como referencia, León señaló que algunos de los terremotos más letales registrados en países como Japón y Chile tuvieron su origen entre 20 y 60 kilómetros de profundidad, una distancia considerablemente menor que la del sismo ocurrido en Colombia.

El profesor también advirtió que el país podría enfrentar una secuencia prolongada de réplicas durante los próximos meses. Aunque no es posible establecer con exactitud su número, duración o intensidad, el análisis de los registros sísmicos indica que, después de un terremoto de magnitud 7,4, podrían producirse réplicas cercanas a magnitudes 6 o 5,5. Esta actividad podría extenderse incluso durante seis meses.

Las réplicas no necesariamente se producirán en un único punto. Cada terremoto implica la ruptura de un área que puede abarcar decenas o cientos de kilómetros, por lo que los movimientos posteriores suelen registrarse sobre el plano de ruptura inicial y en sus extremos. Se trata, por tanto, de sismos relacionados espacialmente con el evento principal.

Ante esta posibilidad, León recomendó a la ciudadanía seguir las instrucciones difundidas por el Servicio Geológico Colombiano y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, además de conservar la calma. También aconsejó que las familias establezcan lugares de encuentro y definan mecanismos de comunicación para utilizar en caso de que se interrumpan las redes telefónicas. Asimismo, consideró indispensable contar con un kit de emergencia que incluya documentos, agua, alimentos no perecederos, una linterna y otros elementos que puedan ser útiles si se presentan daños en las edificaciones o colapsos estructurales.

Durante un movimiento telúrico, el especialista recomendó proteger la cabeza y evitar permanecer cerca de objetos que puedan caer. También desaconsejó confiar en el llamado “triángulo de la vida”, una teoría que, según los rescatistas, no ofrece una protección confiable. En su lugar, indicó que las personas deben buscar un espacio seguro, sujetarse a un mueble pesado y esperar a que termine el sismo.

Una vez concluido el movimiento, la evacuación debe realizarse de manera ordenada, utilizando las escaleras y evitando los ascensores. Al salir, las personas deben mantenerse a una distancia prudente de la estructura y esperar hasta que se descarten posibles daños en el edificio. Quienes se encuentren en pisos altos no deberían intentar evacuar mientras la tierra continúa moviéndose; lo más seguro es resguardarse y salir cuando haya pasado el peligro inmediato.

Sobre la capacidad de respuesta del país, León recordó que la última actualización importante de los códigos de construcción se produjo en el año 2000, después del terremoto del Eje Cafetero. En principio, los edificios construidos desde entonces en ciudades como Cali, Pereira y Armenia deberían estar diseñados para resistir eventos de estas características.

Sin embargo, el experto advirtió que cada terremoto evidencia la existencia de factores que todavía no han sido incorporados completamente en los modelos de amenaza sísmica. Por esta razón, consideró que, una vez superada la emergencia, será necesario revisar las normas de construcción, las condiciones de la infraestructura y las políticas públicas de prevención y gestión del riesgo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *