Heredero de convicto podría ser el próximo “Abelardo” latinoamericano.

La carrera por la Presidencia de Brasil entra en una fase decisiva con una señal que puede modificar el tablero político: Luiz Inácio Lula da Silva conserva la ventaja, pero Flávio Bolsonaro ha reducido de manera significativa la distancia y vuelve a colocar al oficialismo ante un escenario de alta incertidumbre.

La nueva encuesta de Quaest, divulgada este viernes 14 de agosto y realizada para TV Globo y O Globo, ubica a Lula con 43% de intención de voto frente a 40% de Flávio Bolsonaro en un eventual segundo turno. La diferencia de tres puntos está dentro del margen de error de dos puntos porcentuales, por lo que técnicamente existe un empate. El estudio fue realizado presencialmente entre el 10 y el 13 de agosto a 2.004 electores, con un nivel de confianza del 95 %, y quedó registrado ante el Tribunal Superior Electoral con el número BR-06773/2026.

El dato adquiere mayor importancia cuando se observa la evolución de las últimas mediciones. En la encuesta anterior, Lula aventajaba a Flávio por cinco puntos, mientras que en julio la diferencia había llegado a ocho. En esta nueva medición, el presidente cae de 44% a 43%, mientras Flávio sube de 39% a 40%. Es decir, el movimiento favorece al candidato del Partido Liberal, aunque las variaciones se encuentran dentro del margen estadístico.

Pero hay un elemento que merece más atención que el simple 43%-40%: el primer turno todavía muestra a Lula por delante. El presidente obtiene 38%, frente a 31% de Flávio. Ronaldo Caiado y Renan Santos aparecen con 4% cada uno, Romeu Zema y Augusto Cury con 2%, y Samara Martins con 1%. Los indecisos representan 10% y quienes votarían en blanco, anularían el voto o no acudirían a las urnas suman 8%. ([Folha][1])

La diferencia entre ambos escenarios revela la particularidad de la elección brasileña: Lula mantiene una ventaja considerable cuando compiten varios candidatos, pero cuando el voto se concentra exclusivamente entre él y Flávio Bolsonaro, la contienda se vuelve prácticamente impredecible. El crecimiento de Flávio no debe interpretarse únicamente como un fenómeno coyuntural. Desde comienzos de 2026 ha existido una fuerte competencia dentro de la derecha brasileña para definir quién puede convertirse en el principal adversario de Lula.

En junio, una medición de Quaest mostraba a Lula con 44% frente a 38% de Flávio en un eventual segundo turno. En julio, otra encuesta del mismo instituto había ampliado la ventaja del presidente hasta ocho puntos, 45% frente a 37%. La medición de agosto vuelve a estrechar la disputa hasta un punto en el que la diferencia deja de ser estadísticamente significativa.

Esto significa que Flávio Bolsonaro no está simplemente compitiendo por el voto tradicional del bolsonarismo. Está intentando transformar la elección en un referendo sobre el gobierno de Lula y, al mismo tiempo, presentarse como el heredero electoral del movimiento construido por su padre.

El desafío es considerable. Flávio necesita mantener unido al electorado conservador, ampliar su penetración entre los independientes y convencer a sectores moderados que históricamente han sido decisivos en las elecciones presidenciales brasileñas. El mapa electoral muestra un país profundamente dividido y Los datos regionales ayudan a entender la dificultad de la elección.

Lula conserva una ventaja especialmente fuerte en el Nordeste, donde alcanza 57% en el primer turno, mientras Flávio tiene mejores resultados en el Sur y consigue prácticamente igualar al presidente en el Sudeste, una región decisiva por su peso electoral.

La estructura social del voto también mantiene una división bastante definida. Lula conserva mayor respaldo entre personas de menores ingresos, católicos, población negra y ciudadanos con menor nivel educativo. Flávio, en cambio, obtiene mejores resultados entre evangélicos, personas con educación superior y electores con ingresos superiores a cinco salarios mínimos. Esto permite anticipar una campaña altamente polarizada, en la que economía, religión, seguridad, valores culturales y política exterior serán utilizados para movilizar electorados diferentes.

La elección brasileña ya no puede analizarse exclusivamente desde la política interna. Brasil se encuentra en medio de una creciente disputa con Estados Unidos. El gobierno de Donald Trump impuso nuevos aranceles a productos brasileños y Lula ha respondido activando el mecanismo previsto en la denominada Ley de Reciprocidad Económica. Washington sostiene que las medidas responden a prácticas comerciales que considera injustas, mientras Brasil las considera arbitrarias y políticamente motivadas.

La particularidad es que esta disputa comercial coincide exactamente con una elección en la que el principal adversario de Lula es el hijo de Jair Bolsonaro, un aliado político de Trump. El asunto adquiere así una dimensión geopolítica que trasciende las fronteras brasileñas: Estados Unidos aparece indirectamente involucrado en una elección latinoamericana de enorme importancia económica y estratégica.

Una encuesta anterior de Quaest mostró que el conflicto arancelario podría incluso favorecer electoralmente a Lula. El 42% de los consultados afirmó que las tarifas estadounidenses aumentaban su disposición a votar por el presidente, frente a 27% que dijo que el episodio lo acercaba a Flávio. Además, 63% consideró que los aranceles perjudicarían a ellos mismos o a sus familias. Para Lula, el enfrentamiento con Washington representa una oportunidad para recuperar una bandera tradicional de la izquierda brasileña: la defensa de la soberanía nacional.

Para Flávio, en cambio, el reto consiste en demostrar que sus vínculos con Trump pueden traducirse en ventajas económicas y políticas para Brasil y no en una subordinación de los intereses brasileños a Washington. La dimensión internacional se vuelve todavía más delicada por la participación política del propio Trump.

El presidente estadounidense ha expresado públicamente su apoyo a figuras de la derecha latinoamericana y ha mantenido contactos con Flávio Bolsonaro. Lula, por su parte, le pidió a Trump que se mantuviera al margen de las elecciones brasileñas.

En julio, además, Brasil negó visas a dos funcionarios de la administración Trump que, según fuentes citadas por Reuters, pretendían viajar al país para cuestionar la integridad del sistema electoral brasileño. Brasil interpretó esa iniciativa como un intento de influir en las elecciones de octubre.

El episodio es especialmente sensible porque Brasil ya vivió, antes de las elecciones de 2022, una campaña de cuestionamiento al voto electrónico impulsada por Jair Bolsonaro. La defensa de la legitimidad del sistema electoral vuelve a convertirse, por tanto, en uno de los puntos potencialmente conflictivos de la campaña.

Lo que suceda en Brasil tendrá consecuencias para toda América Latina. Brasil es la mayor economía de la región y una de sus principales potencias diplomáticas, comerciales y militares. Un cambio de gobierno podría modificar el equilibrio político latinoamericano y las relaciones con Estados Unidos, China, Argentina, Venezuela y los demás países sudamericanos. Para Colombia, el resultado tendría una importancia particular.

Lula representa una política exterior caracterizada por la búsqueda de mayor autonomía frente a Washington, el fortalecimiento de los mecanismos regionales y una relación estratégica con China. Flávio Bolsonaro, en cambio, probablemente acercaría Brasil mucho más a la agenda de seguridad y política exterior impulsada por Trump. Ese eventual giro tendría consecuencias para Sudamérica: comercio, Amazonia, seguridad fronteriza, migración, lucha contra el narcotráfico, integración regional y el futuro del Mercosur podrían verse afectados.

La elección brasileña también se desarrolla en un contexto continental marcado por el avance de gobiernos y movimientos de derecha. Trump ha buscado fortalecer relaciones con dirigentes conservadores de América Latina, mientras figuras como Javier Milei en Argentina y otros líderes de la región representan distintas expresiones de esa nueva derecha. Por eso, Brasil puede convertirse en uno de los principales escenarios de la disputa ideológica que atraviesa actualmente el continente. También habrá que observar con atención el comportamiento de los mercados.

El equipo económico de Flávio Bolsonaro está preparando una propuesta para reemplazar las actuales reglas fiscales por un esquema más estrictamente vinculado al nivel de deuda pública. Según Reuters, la deuda bruta brasileña alcanzó 81,9% del PIB en junio, frente a 71,4% en enero de 2023. La propuesta de campaña contempla restricciones más severas al crecimiento del gasto cuando la deuda supere determinados niveles. El debate económico será, por tanto, central.

Lula buscará defender su política social, el crecimiento del empleo y el aumento del ingreso como argumentos para continuar en el poder. Flávio tendrá que convencer al electorado de que una política fiscal más restrictiva puede recuperar la confianza de los inversionistas y garantizar estabilidad macroeconómica. Pero el problema para ambos es que ninguno puede darse el lujo de perder al elector moderado. ¿Está realmente en peligro Lula? La respuesta, a día de hoy, es que Lula no está derrotado, pero tampoco puede considerar asegurada la reelección.

La encuesta de Quaest debe interpretarse como una fotografía de una elección que comienza a cerrarse. El 43% de Lula frente al 40% de Flávio en segunda vuelta constituye un empate técnico. Pero otras mediciones recientes muestran diferencias distintas: la encuesta CNT/MDA publicada el 11 de agosto ubicó a Lula con 48% frente a 39,1% de Flávio en segunda vuelta, mientras que BTG/Nexus registró 47% contra 44%. La conclusión más prudente es que existe una tendencia clara hacia la competitividad, pero no una evidencia concluyente de que Flávio haya pasado a ser favorito.

La campaña oficial comienza el 16 de agosto, por lo que los números actuales todavía pueden cambiar considerablemente. La elección brasileña comienza a adquirir características de una contienda mucho más amplia que la simple sucesión de Lula.

Hay una disputa entre izquierda y derecha, pero también entre dos visiones de la política exterior: una que busca mayor autonomía frente a Estados Unidos y otra que pretende acercarse al eje político de Trump. Hay, además, una confrontación entre dos proyectos económicos, dos concepciones sobre el papel del Estado y dos maneras de entender la relación de Brasil con el mundo.

Por eso, el 43%-40% de la nueva Quaest tiene un significado que va mucho más allá de tres puntos porcentuales. Lula conserva la ventaja, pero Flávio Bolsonaro ha conseguido convertir una elección que parecía inclinarse hacia el presidente en una competencia abierta.

Y para América Latina, particularmente para países como Colombia, Argentina, Venezuela y los integrantes del Mercosur, la pregunta ya no es únicamente quién gobernará Brasil durante los próximos cuatro años. La verdadera cuestión es qué orientación tendrá la mayor potencia latinoamericana frente a Estados Unidos, China y el proceso de reconfiguración política que atraviesa actualmente el continente.

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