El trágico suceso ocurrió la tarde del miércoles 19 de agosto, cuando cientos de toneladas de tierra y rocas sepultaron la explotación minera artesanal que se desarrollaba en una zona montañosa de difícil acceso, a unos 95 kilómetros de Pasto, la capital departamental.
Los trabajos de búsqueda y rescate se extendieron durante toda la noche y culminaron en la madrugada de este jueves, gracias al esfuerzo conjunto de la comunidad, que facilitó dos retroexcavadoras, y los cuerpos de bomberos de Pasto, Policarpa, El Tambo y Taminango. “Se logró el rescate de las personas atrapadas, de los cuales, como les digo, son 13 fallecidos”, confirmó Gabriel Ocaña, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) en Nariño.
Los siete sobrevivientes fueron trasladados a centros asistenciales de la zona. Cuatro de ellos, que presentaban heridas de mayor consideración, fueron remitidos al hospital San Pedro de Pasto para recibir atención especializada.
Entre las víctimas mortales se encuentran cuatro integrantes de una misma familia perteneciente al pueblo indígena Quillasinga, quienes se dedicaban al “barequeo” o extracción manual de oro en la zona. Los trabajadores de la mina eran en su mayoría campesinos e indígenas de la región, que veían en esta actividad su principal fuente de ingresos.
“Teníamos la fe y la esperanza de que estuvieran aún con vida en el interior de la mina”, expresó Edwin Rivera, gobernador del resguardo indígena del Peñol, en las primeras horas del rescate. Lamentablemente, el desenlace fue trágico para estas familias que ya enfrentan condiciones de vida adversas en la remota zona rural.
El municipio de Policarpa, ubicado en el noreste de Nariño, es una región montañosa donde opera la columna Franco Benavides, perteneciente al Estado Mayor Central (EMC), la principal disidencia de la antigua guerrilla de las FARC. Esta presencia armada dificulta aún más el acceso y la atención de emergencias en la zona, según reportaron las autoridades locales.
El accidente minero ocurre apenas diez días después del devastador terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el 10 de agosto, dejando al menos 319 fallecidos, principalmente en el centro y suroeste del país. Las comunidades de Nariño aún se recuperaban de aquel sismo cuando esta nueva tragedia golpeó a la región.
Aunque las autoridades aún investigan las causas exactas del derrumbe, el director de Gestión del Riesgo de Nariño indicó que se trató del colapso de un talud en la mina a cielo abierto. Cabe señalar que las autoridades suelen realizar operativos contra minas ilegales en la región, las cuales, según advierten, financian economías ilícitas y generan graves impactos ambientales por el uso de mercurio. La gobernación no ha confirmado si la mina siniestrada contaba con los permisos requeridos para su operación.
Esta tragedia pone nuevamente en el centro del debate las precarias condiciones de seguridad en las que operan cientos de mineros artesanales en Colombia, quienes arriesgan su vida diariamente en actividades extractivas sin la mínima protección laboral.





